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análisis

Duke Nukem Forever

Trece años después, Duke Nukem Forever descansa en nuestra estantería. Memorias guardadas, queda una pregunta inquietante: ¿qué ha cumplido tras una década de promesas?

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Por un lado están los recuerdos. Yo tenía catorce años, mi PC no tenía módem y compraba revistas de videojuegos. Algunos se informaban con ellas y otros las cogían por el juego que regalaban. Half-Life se acababa de convertir en el shooter definitivo, pero había otro esperadísimo: Duke Nukem Forever.

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Todos habíamos amado Duke Nukem 3D. El juego era genial y el prota mucho más carismático que el Dr. Freeman. Los enemigos, espectaculares. Y luego estaban las strippers, el baile erótico, lo de poner la pasta y que te enseñaran las tetas. Tenía catorce años, los pechos en un videojuego eran algo importante. Y Duke Nukem Forever prometía más aún.

Duke Nukem Forever

Todavía recuerdo aquel número de la revista. Había un hombre con barba, que parecía un viejo buscador de oro, y recuerdo contar sus cabellos. La piel parecía real. Bueno, "real" según los cánones gráficos del momento. Hoy podría parecer una cutrez. En cualquier caso, aquello era Duke Nukem Forever.

Han sido "trece putos años", en palabras de Duke, y me encuentro en la curiosa situación de tener que analizar este juego que esperé tanto tiempo. Por un lado estaban esos recuerdos, pero por otro la cruda realidad. Lo decimos rápido y sin pelos en la lengua: Duke Nukem Forever no es un título por el que merezca la pena esperar tanto.

Duke Nukem Forever

Todo aquello que siempre prometió de un juego gráficamente avanzado (eso importaba mucho más antes), de una aventura épica, de una experiencia con un par de pelotas (porque es lo que se espera de Duke), no se ha cumplido. O más bien, funcionaría si el juego se lanzara hace una década.

Duke Nukem Forever es un juego muy lineal, con pocos puntos de originalidad y una buena cantidad de errores. A veces parece que el Duke se quedó en el siglo pasado: largos pasillos que recorrer, barra de energía (llamada Ego), power-ups, todos los enemigos iguales y una inteligencia artificial, como poco, estúpida.

Claro, hay momentos en los que sucede lo inesperado (como cuando Duke se encoge y hay un paseo pilotando un coche teledirigido), pero en la mayoría de los casos se trata de repetir una y otra vez muchos de los clichés que iban construyendo el género FPS antaño. Disparar a todo lo que se mueve, sin tener que conectar el cerebro con el dedo índice derecho.

En una palabra: un gañán. En ocasiones, tonto sin remedio.

Duke Nukem Forever

Si nos paramos aquí, pondríamos al juego completamente verde. Como he comentado, hay errores graves que no se limitan a la estructura del juego y su diseño de niveles lineal (con un montón de paseos hacia atrás, "backtracking", casi siempre insoportables), sino que también afectan al aspecto puramente técnico.

Hay sorprendentes caídas de frames por segundo, una lentitud considerable a la hora de cargar las texturas y unas cargas insoportables. Cada vez que mueres, para restaurar el juego al último punto de control, suele llevar cuarenta y cinco segundos. Y hay que pulsar el botón A para reaparecer. Ni siquiera el Half-Life citado antes, de 1998, necesitaba cualquiera de esas cosas en un Pentium II.

La sensación de un diseño rancio también se puede encontrar en el horrible deathmatch multijugador que a veces recuerda a Quake III Arena (1999), con la diferencia de que el diseño de mapas está aquí bastante menos inspirado.

Duke Nukem Forever

Afortunadamente, también hay ciertos puntos positivos, consiguiendo al menos en parte maquillar todos los muy negativos. Por ejemplo, Duke sigue siendo Duke. Hasta la médula. Esperábamos ver tetas. No las hemos visto. Pero como compensación, hemos presenciado una felación en vista subjetiva (nada explícito, eso sí), un beso lésbico incestuoso y todos los tipos de bromas sobre el tamaño de Duke y sobre lo que las mujeres quieren hacerle.

Si eres del sexo femenino (dudo que estés leyendo una crítica de Duke Nukem Forever, y si lo estás haciendo escríbeme porque no me lo creo), mejor jugar con un sentido del humor amplio e indulgente. Porque Duke Nukem Forever encarna el tipo de macho que durante años han intentado eliminar de la faz de la tierra las luchas feministas. A Duke le interesan las mujeres como a un perro le interesa una ristra de salchichas. Le gustan, quiere tener más, y si se las roban, se cabrea.

La figura femenina de Duke Nukem no tiene pudor. Digamos que casi todas son putas. Las que se encuentran con él no quieren otra cosa que bajarle los pantalones y Duke sólo busca que las mujeres se los bajen. No sin antes eructar en sus caras algún tipo de apreciación vulgar.

Duke Nukem Forever

Es un garrulo, un paleto. Este tipo de vulgaridad, casi infantil, salpicada de constantes referencias sexuales fuertes, cansa a largo plazo. Tienes que estar de mucho humor para jugar a Duke Nukem Forever, eso es un hecho.

Sin embargo, si te apetece algo de diversión vulgar, chabacana, del tipo de las pelis de juergas americanas, Duke tiene algún momento y si no se toma nada en serio y se entiende como cosas absurdas y extremistas, puedes soltar algunas risas.

Duke Nukem Forever

Duke Nukem Forever es el regreso de un gran personaje, y parece que ha conservado todo su carisma en estos trece años, pero para explotar en un juego cuyo único punto fuerte es la exageración. Por desgracia, todos esos excesos no han sido apoyados correctamente con logros técnicos y jugables. Al revés, los trece años de desarrollo y tantas alteraciones han dejado su marca indeleble y Duke Nukem Forever, al final, no permanecerá para siempre en nuestra memoria.

Un juego que quizás debas probar, porque para bien o para mal, es "historia" del sector. Eso sí, ve sin expectativas.

06 Gamereactor España
6 / 10
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