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análisis

The Evil Within

Shinji Mikami vuelve al género del survival horror que él mismo puso de moda con un juego que parece un recopilatorio 'greatest hits' tanto en lo bueno como en lo malo.

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Una corriente de sangre se precipita sobre Sebastián Castellanos justo cuando va pisándole los talones al misterioso personaje que parece estar detrás de toda esta demencia. Hasta ahora, en ese pasillo a sus espaldas había una escalera para subir desde el sótano. Demonios, también estaban un doctor y su paciente trastornado. Ya no queda nada de eso. ¿Sigue siendo siquiera el mismo pasillo? No hay nada que hacer, salvo dejarse arrastrar por la oleada carmesí. Instantes después, el protagonista se halla cubierto hasta la cintura en una profunda piscina de sangre... y cuando se pone a buscar una salida, la sala se empieza a llenar de posesos empeñados en seguir colorando el decorado.

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Castellanos es el típico detective tipo duro. En su trayectoria ha pasado por muchas cosas, tanto en su vida profesional como en la personal. Ya hemos visto este personaje en incontables películas y videojuegos. La verdad es que no es la elección más interesante para un protagonista, pero también es verdad que, si algo funciona, ¿para qué tocarlo? Como agente especialista, lo llaman para investigar la escena de múltiples crímenes de asesinato en el Beacon Mental Hospital de Krimson City, pero cuando llega descubre que está en cualquier lugar menos en Krimson City... quizá en ningún lugar de este mundo. Todo está en su cabeza, o en la cabeza de otro, o en la cabeza de todo el mundo.

The Evil WithinThe Evil Within

En este sentido, también es la típica experiencia de terror Japonés 'J-Horror'. Las cosas nunca son lo que parecen, hay locuras y crímenes relacionados y Castellanos y sus colegas tendrán que abrirse paso entre carniceros con motosierras (porque nunca tenemos bastante de estos), bestias cuyos miembros no encajan, mujeres araña o fornidos asesinos que no dejan de resucitar y que llevan una caja fuerte por cráneo.

Durante el progreso del juego, los desarrolladores te van plantando frente a una y otra situación sin tener ni idea de lo que se supone que debes hacer a continuación, sin preparación alguna. O te adaptas a cada una de esas situaciones o mueres. Este estilo aporta al juego cierto componente de prueba y error, por el que, por ejemplo, pasarás los 2-3 primeros intentos contra un jefe de zona intentando averiguar lo que debes hacer para avanzar. En ocasiones, huir es lo mejor. En otras, es cuestión de dar con la mejor combinación de armas para enfrentarte a los horrores, o de aprovechar un elemento del entorno como ventaja. O quizá una combinación de todas las estrategias. Puede resultar frustrante, pero entendemos que esto forma parte del ADN del género y al final ha resultado algo con lo que hemos disfrutado, por mucho que nos sacara de nuestras casillas de vez en cuando.

Porque resulta que este estilo también sirve para conformar una de las mayores bazas del juego, que es la enorme variedad de situaciones que propone. No solo en cuanto a los escenarios y los encuentros con los enemigos, sino también en términos de escenas preparadas bajo guión o momentos únicos que procuran que nunca sientas que estás pasando por las mismas secciones de un capítulo de correteo igualito al anterior. Esos escenarios incluyen iglesias, destartaladas plantas de hospital, catacumbas, exteriores y por supuesto una gran mansión del terror. Los fans del género apreciarán sin duda algunos de los guiños a títulos y películas del pasado. Y en algunos casos, elementos del decorado que se llevan usando toda la vida, reciben nuevas aplicaciones, por ejemplo la típica silla de ruedas abandonada... en un ala del hospital hasta arriba de enemigos invisibles que le dan un empujón cada vez que pasan cerca.

La trama argumental sigue una estructura de montaña rusa. El amigo Castellanos aparece arrollado y misteriosamente transportado a otros lugares una y otra vez. Sus compañeros también parecen encontrarse en situaciones comprometidas cada cierto tiempo. Dicho esto, la historia principal traza un camino bastante claro que va presagiando cosas e invitando a adivinar. Los comentarios que se pronuncian en la primera escena de corte de camino al manicomio casi enlazan con lo que viene después de forma esporádica. En general, la historia de The Evil Within ha conseguido mantener nuestro interés y atención, y funciona gracias o a pesar de (según lo mires) unos diálogos de serie B y unos personajes exageradamente rígidos y artificiales. Nuestro interés lo han mantenido a partes iguales nuestra motivación por descubrir la siguiente monstruosidad o experimento demencial y este guión tan peculiar.

The Evil WithinThe Evil Within

En cuanto a las mecánicas de juego en sí, The Evil Within cumple con los estándares de los survival horror nipones. La cámara suele ser tu peor enemigo, pues se empeña en ofrecerte una vista general bastante limitada en cualquier situación de tensión (especialmente en el cuerpo a cuerpo), mientras que el movimiento de Castellanos, como recogíamos en nuestra impresión final, no es precisamente lo que cabría esperar de un detective profesional (por ejemplo, sólo es capaz de correr como tres segundos hasta que mejoras esa habilidad).

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