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análisis

The Talos Principle

O cómo estrujarte el coco con los puzles de Croteam mientras reflexionas sobre cuestiones filosóficas.

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El mundo del videojuego es un mercado amplísimo que abarca un sinfín de intereses y de tipos de jugadores. Existen ideas más fáciles de comercializar y de conformarse como superventas y otras más ocultas u oscuras, que tienen menos visibilidad o un público objetivo menos amplio. Existe una corriente que defiende que aprender y los videojuegos no tienen por qué estar reñidos. The Talos Principle da un paso más y plantea un juego que invita a los usuarios a reflexionar.

Esto puede parecer algo disonante; "¿reflexionar con un videojuego? ¡Eso suena a filosofía! Yo juego para divertirme". No serán pocos los que puedan tener una reacción similar a esta a la hora de abordar un título como The Talos Principle, pero aquellos que se acerquen al juego con la mente abierta y dispuestos a una intensa experiencia tanto jugable como intelectual descubrirán una satisfacción estupenda. Pero, ¿de qué va The Talos Principle?

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Para una mayor inmersión por parte del jugador, toda la experiencia de The Talos Principle se vive en primera persona. Tras despertar en lo que parecen ruinas griegas podemos oír una voz. Nuestro interlocutor dice habernos creado, y se hace llamar Elohim (Dios, o dioses, en hebreo). Elohim nos dice que viviremos libres de alterar este mundo que nos pertenece, que sus siervos nos pondrán a prueba para que así aprendamos y nos desarrollemos tal y como queramos. Sólo pone una limitación a nuestra libertad: no debemos pisar la inmensa torre que hay en el centro de su reino, pues si eso ocurre moriremos sin remedio.

The Talos PrincipleThe Talos Principle

Tras esta bíblica introducción, Elohim nos deja explorar su mundo con libertad, aunque no tardamos mucho en ser conscientes de una cosa, nuestro protagonista sigue siendo un enigma. De repente, entre dos columnas corintias se puede ver un ordenador. Al interactuar con él distinguimos los brazos robóticos de nuestro personaje. ¡Somos un androide! Y es en este momento, dispuesta la atmósfera del juego, cuando comienza a jugar con nuestra mente. El ordenador nos permite realizarle preguntas, entre las que están disponibles algunas como "¿qué soy?" o "¿por qué estoy aquí?"

Puede parecer demasiado 'sesudo' o poco atractivo, pero el hecho de conocer tan poco sobre nuestra propia condición como protagonistas de una historia hace que queramos hablar con ese ordenador, desentrañar los secretos del mundo y de la propia identidad. Y no tardarán en surgir cuestiones en las que la CPU pone a prueba la capacidad del robot para pensar como un humano, planteándole dilemas morales en los que el jugador deberá elegir entre varias respuestas que no son del todo correctas, pero sí varían en su tonalidad moral. De una forma sutil e interesante acabamos investigando archivos del pasado que nos hacen reflexionar sobre la condición del protagonista y sobre temas clásicos en otro tipo de obras de ciencia ficción como Virtue's Last Reward o Inteligencia Artificial: "¿qué diferencia a un humano de un androide perfecto? ¿Deben ser tratados dichos androides con todos los privilegios asociados a una persona, o son meros instrumentos? ¿Qué derecho tiene el ser humano de convertirse en orgulloso creador de vida artificial?"

Aunque no todo va a ser hablar con un ordenador. La experiencia general de The Talos Principle también consta de numerosos puzles que harán al protagonista explorar y descubrir más sobre el mundo que le rodea, así como poner a prueba su intelecto. Habrá que usar distintas herramientas para inhabilitar máquinas hostiles (convenientemente colocadas por Elohim para probar nuestra valía), o reflejar haces de luz para abrir puertas, entre otros. Cada puzle identifica su dificultad con un color, y la recompensa en cada uno es una pieza que, correctamente encajada en un panel, abre una puerta hacia otro mundo. La libertad para escoger qué puzles prefieres hacer en qué momento, y por qué puerta entrar a explorar es casi total en todo momento del juego.

Y este es uno de los mayores puntos fuertes de The Talos Principle. Se trata de un juego que trata al jugador como un adulto con todas sus capacidades intelectuales y de aprendizaje totalmente desarrolladas. No existen los superfluos tutoriales. No hay marcador de objetivo que nos guíe cual oveja descarriada que necesita ayuda. Tal como dijo Elohim, este es el mundo que ha creado para que lo exploremos, descubramos y transformemos, y es nuestra elección cómo hacerlo o a qué ritmo.

El hecho de conocer tan poco sobre el mundo o nuestra identidad es un fuerte recurso para espolearnos a descubrir, a resolver puzles, abrir puertas y encontrar los distintos terminales que nos ofrecerán nuevos puntos de vista sobre nuestra controvertida existencia e identidad. Aquél jugador con mente inquieta y ganas de conocer más disfrutará desentrañando los secretos de The Talos Principle.

The Talos PrincipleThe Talos Principle

Con respecto a su aspecto técnico, el apartado visual es algo mediocre y no está del todo optimizado (aunque el juego está recibiendo actualizaciones para resolver todos los problemas). La música es simple, aunque efectiva para crear buena atmósfera y no distraer, y el control responde bien y es extremadamente simple, usando en casi todo el juego solo los botones de movimiento y el ratón.

The Talos Principle ofrece entre 15 y 20 horas para llegar a cada uno de sus finales, porque Elohim pone a nuestra disposición distintos desenlaces para nuestra historia. Se trata de un juego tan diferente que puede atraer miradas escépticas que duden incluso si los videojuegos deben abordar estos temas, pero aquellos jugadores fans de los puzles o con mente inquieta que le den una oportunidad descubrirán una más que bonita oportunidad para reflexionar sobre moral, identidad e inteligencias artificiales.

The Talos Principle
07 Gamereactor España
7 / 10
+
Tan enigmático que sumerge. Descubrir mientras surgen dudas morales/de identidad es una sensación intelectual que no recordamos así en un videojuego. Puzles divertidos/complejos. Pensar antes de actuar. Más diversión con más personas sugiriendo ideas.
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La filosofía y los videojuegos no acaban de casar en este experimento. Valoramos su innovación, pero le falta mucha accesibilidad. Un apartado técnico algo por debajo de lo exigible.
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