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análisis

Ori and the Blind Forest

¿Estamos ante un precoz candidato a juego del año? ¡Sin ninguna duda!

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Solo han pasado unos minutos, pero parece que ya se me ha metido algo en el ojo. ¿Qué puedo decir? La amistad entre el pequeño Ori y el gran Naru es realmente conmovedora.

Normalmente, cuando pruebo un juego de plataformas en 2D, como es el caso de Ori, empiezo a saltar y pongo a prueba la precisión de los controles moviéndome de un lado a otro en pleno vuelo. Por norma general, tomo como referencia la serie Mega Man, que para mí tenía los controles perfectos para un título de plataformas, sobre todo en NES. Resulta que nuestro pequeño personaje orejudo responde de inmediato y de maravilla al más mínimo toque, así que me di cuenta de que nuestra aventura juntos iba a ser genial.

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Sin embargo, Ori, en los primeros compases (como puedes ver a continuación), solo sabe saltar. Como no había nada que me indicase adónde tenía que ir, me vi obligado a explorar el mundo solo, mediante esa única acción. Esto es algo magnífico que resulta difícil de experimentar en los videojuegos actuales, en los que se nos explica todo con muchísimo detalle incluso antes de que empiece el juego en sí. Desde luego, hay cosas que eran mejores antes.

Primeros 30 minutos (intro y gameplay):

Ori and the Blind Forest ha recibido muchísima atención desde su presentación en el E3 del verano pasado debido a sus gráficos. Se trata de un aspecto artístico-técnico y quizá algo superficial según el caso, así que no quiero pararme mucho en ello, ya que en este juego la ambientación del conjunto y su lazo con el mando lo es todo. En cualquier caso, sí que es necesario mencionar el tema visual, porque su diseño artístico y ejecución son tan maravillosos que, mientras jugaba, estuve a punto de llenar mi disco duro externo de 3TB con imágenes y vídeos como el anterior grabado por mi compañero David. Y atendiendo únicamente al tema técnico, este título presenta una tasa de fotogramas por segundo suave como la seda y unos efectos muy conseguidos.

A todo esto hay que añadirle una increíble banda sonora que crea el ambiente ideal y parece fluir a la perfección con el juego. Además, transmite las emociones adecuadas al jugador. Hay que decir que en ningún momento pensé en ella como algo separado, puesto que se une con el resto de elementos del juego para formar un todo maravilloso, como si fuera el hijo imaginario que habrían tenido el Team Ico y Ubi Soft Montpellier (Rayman Legends).

Ori and the Blind Forest

El juego cuenta con un gran árbol de mejoras con tres ramas. Una de ellas se corresponde con las habilidades especiales, como respirar bajo el agua; otra, con las habilidades defensivas que fortalecen al pequeño Ori y la última, con los movimientos ofensivos. Esto significa que tenemos control total sobre el desarrollo de nuestro personaje. Al principio, decidí ser cauteloso y me dediqué a aumentar la defensa de Ori, pero enseguida me di cuenta de que quería desbloquear el salto triple en la rama de habilidades especiales y que me vendría muy bien que mis ataques causasen más daño. Lo cierto es que todo está muy bien equilibrado y la forma de subir de nivel a Ori me resultó muy natural. Además, todas las habilidades son importantes y cumplen una función.

De forma lenta pero segura, nuestro personaje aprende a saltar contra las paredes, salvar grandes distancias usando una hoja como paracaídas, desviar proyectiles y muchas más cosas. También se va abriendo paso hacia nuevas zonas en las que podemos descubrir secretos. Se trata del mismo planteamiento 'metroidvania' que ya hemos visto en títulos como Super Metroid, Castlevania: Symphony of the Night o Shadow Complex, pero con un toque propio muy natural. El mundo parece estar vivo, es misterioso y nunca deja de fascinarnos gracias a sus fuertes contrastes entre las cosas más bonitas que os podáis imaginar y una oscuridad implacable.

Es tras cinco horas de aventura cuando me encuentro con el que es el único defecto del juego, que me obliga a reducir su valoración final: la dificultad. Hay momentos en los que este título resulta demasiado complicado. No es que tenga nada en contra de los juegos difíciles, más bien al contrario, ya que me encantó Super Meat Boy, pero es que la dificultad en Ori and the Blind Forest no aporta nada a la experiencia; es puñetera.

Ori and the Blind ForestOri and the Blind Forest

El reto de este título se encuentra en descubrir todos los secretos y movernos con precisión. Esto es más que suficiente, y de hecho esa parte es digna de elogio. Sin embargo, cuando superar una zona me llevó entre 10 y 20 intentos, llegué al límite de mi frustración, lo que evitó que pudiese disfrutar de la estupenda atmósfera del juego, rompiendo el encanto. Hay momentos en los esta complejidad convierte a Ori and the Blind Forest en uno más de los muchos juegos indie de plataformas superdifíciles que han aparecido últimamente.

Afortunadamente, estos picos de dificultad son pocos y están bastante dispersos. Además, los de Moon Studios han inventado el mejor sistema de puntos de guardado que he visto en mi vida. Básicamente, contamos con la posibilidad de crear nuestros propios puntos de guardado, así que podemos, por ejemplo, colocar uno justo en el lugar donde debemos enfrentarnos a un reto complicado. De esta forma, en el momento en el que mordemos el polvo, revivimos sin ningún tipo de esperas o tiempos de carga. Desde luego, esto alivia bastante el dolor de la muerte. A todo esto, hay que añadirle el preciso sistema de control.

Al final, está claro que superar un gran reto sin ayuda proporciona una sensación de realización tremenda. Me atasqué, descubrí como seguir, busqué y otra vez tuve que ponerme a pensar un poquito, descubrí zonas secretas a las que aún no podía acceder, me encontré con sorpresas por casualidad y, de vez en cuando, me volví a atascar. Todas estas cosas ocurren con la frecuencia adecuada como para que el juego no llegue a resultar frustrante, pero, al mismo tiempo, hacen que nos sintamos increíblemente aliviados cada vez que damos con la solución a un problema.

Tráiler de lanzamiento:

Este juego ha conseguido que me salte comidas, que pierda horas de sueño y que se me llenase la mesa de latas vacías. Incluso ahora, todavía no he sido capaz de apagar la consola y abandonar el mundo de Ori and the Blind Forest. Ori necesita mi ayuda y su hermosa historia de soledad me ha cautivado por completo, sobre todo gracias a la preciosa banda sonora.

La sensación de no ser capaz de despegarnos del mando, el ser tratados como jugadores hábiles y capaces y la maravillosa sensación de descubrimiento convierten a Ori and the Blind Forest en una auténtica obra maestra. Este título es la prueba de que los videojuegos son un arte y de que el hecho de que un juego tenga un aspecto visual bello y colorido no implica que no pueda estar dirigido a un público más adulto y veterano. Por el momento, Ori and the Blind Forest se corona como el mejor juego de 2015.

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Ori and the Blind Forest
09 Gamereactor España
9 / 10
+
Controles realmente precisos, diseño espectacular, montones de secretos, música sublime, buen sistema de puntos de guardado, intro maravillosa, habilidades bien diseñadas, diseño de niveles ingenioso, un mundo bellísimo.
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Dificultad frustrante por momentos, ensayo y error innecesario.
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