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análisis

Mad Max

¿Un placentero viajecito en coche o un accidente de tráfico?

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La arena. La arena se cuela por todos lados y, aún más en Mad Max, está por todas partes. Antes de sentarnos con el nuevo título de acción-aventura en mundo abierto de Avalanche, nuestra principal preocupación era si el yermo polvoriento se nos haría aburrido y si habría suficiente variedad. Bueno, aunque es cierto que podría haber más variedad, nuestras preocupaciones eran en vano: casi nunca se hace aburrido.

Es evidente que esta oda a la historia posapocalíptica de George Miller tiene una gran cantidad de repetición y se extiende por todo el paisaje polvoriento por el que tendréis que conducir de aquí para allá. La selección de misiones y actividades que tendréis que ir cumpliendo, aunque cada una es independiente de las demás, se repite varias veces durante toda la aventura y podría haber llegado a ser un grave problema si estas no fuesen divertidas, pero os aseguramos que casi todas lo son.

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Más aún, el páramo posapocalíptico de esta zona concreta del mundo ofrece una historia con giros y cambios y, aunque está limitada, consigue darle al jugador unos momentos muy satisfactorios. Max Rockatansky es, de forma muy adecuada, un personaje sombrío y con un permanente ceño fruncido que, durante su viaje, conoce a una serie de personalidades muy interesantes, con bastante carácter y alguno más estereotipados que otros. No obstante, con el que más os llevaréis es con el mecánico deforme Chumbucket, que está durante la mayor parte del viaje y os arreglará el coche cuando se os pare, lo que lo convierte un aliado muy, pero que muy útil.

Mad MaxMad Max

El marco es fascinante y respeta el material en el que se inspira, aunque tampoco es que haya demasiada innovación en cuestión de estructura. En el título, podréis realizar actividades que encontraréis esparcidas por el mapa y que ya habréis hecho en otros títulos en mundo abierto. Capturar convoyes, conquistar bases, subirse a globos desde los que ver toda la zona y conocer a personajes que os darán misiones o consejos para ciertos retos. Lo más interesante es el tono que Avalanche le ha dado al juego y es que el páramo que han creado consigue capturar la esencia de las películas. Es duro y desértico y os cruzaréis con tormentas mortales y vagabundos que se mueren de sed, lo que representa sin duda alguna una yuxtaposición muy apropiada entre el indómito poder de la naturaleza y la inherente fragilidad de la vida.

Mad Max no es un juego que haya que pasarse, que haya que vencer, sino que se trata de un título en el que hay que sobrevivir y, aunque a veces decae un poco y no consigue capturar el verdadero miedo de vivir al extremo, podréis encontrar una serie de momentos que realmente os marcarán. En uno de ellos, un acontecimiento que mejoró todo el juego, en nuestra opinión, teníamos que saquear un cadáver para encontrar comida mientras un chiquillo asustado nos observaba con atención. No fue complicado pasar indemnes por las mecánicas de supervivencia del título, pero ese momento en concreto nos tocó emocionalmente.

Sin embargo, la estrella del espectáculo no es Max o el páramo, sino el coche que conduce el prota, el Magnum Ops. El título empieza con el jugador perdiendo su primer vehículo, el Interceptor, y durante las más de 20 horas de aventura, os pasaréis la mayor parte de vuestro tiempo construyendo vuestra montura de cuatro ruedas con la ayuda del amistoso mecánico del que os hablamos antes (y, por supuesto, también dedicaréis tiempo a planear la venganza contra el hombre que os robó vuestro coche, el villano Scabrous Scrotum). Además de los muchos cambios que se pueden hacer, también podréis encontrar otros coches y retocarlos, para lo que tendréis que gastar la divisa del juego, trozos de chatarra, en partes y mejoras.

Max va ganando habilidades adicionales y mejor equipamiento gracias a la mezcla de gastar chatarra en mejorarlas y de ganar carreras para poder visitar al personaje misterioso que mejora las características, como conseguir más recursos o llegar más lejos con las armas de corto alcance. Nos hubiese gustado que hubiese un recurso aparte para las mejoras personales, de forma que no hubiésemos tenido que elegir entre el coche y Max, más que nada porque tener que escoger nos pareció algo poco intuitivo y nos frustró un poco al principio.

La progresión se acelera ligeramente: el título empieza lento y va cogiendo fuerza con el tiempo. A medida que recojáis chatarra y aumentéis vuestra influencia en el páramo, también os será más fácil recolectar más cosas, por lo que, a la larga, también conseguiréis más mejoras. Todo ello significa que al final tendréis un coche potente y bueno con un montón de mejoras y Max será mucho más mortífero a corta distancia. Sin embargo, aun así, hay momentos en los que tendréis que dejar la historia e internaros en el mundo abierto para alcanzar el nivel necesario para proseguirla. Vamos, 'grindar' un poco.

También tenemos que comentar que el prota de la historia fue a la escuela de combate de Arkham, así que si habéis jugado a Batman o a Shadow of Mordor, os sentiréis como en casa con los controles. Max esquiva, bloquea y pega palizas a sus enemigos y, a menudo, os enfrentaréis a enormes grupos de enemigos que anhelan vuestras tortas, lo que asegura que tengáis que agacharos y saltar un montón mientras os los cargáis.

Efectivamente, fuera del coche lo que más veréis serán peleas a tortazos, porque Max solo lleva una escopeta y la munición es más bien escasa. Es cierto que podéis guardar un cuchillo en el cinturón, pero hasta ahí llega todo (hay un francotirador, pero no lo contamos porque está en el Magnum Ops y solo se puede disparar si estáis en el coche). Aunque se puede gastar un poco de chatarra para desbloquear un par de movimientos extra, no hay una gran cantidad de profundidad en lo que es el sistema de combate, por lo que, en ocasiones, puede que sintáis que os movéis por inercia (también os ocurrirá en las batallas contra los jefes). En líneas generales, es un sistema sólido y mayormente funciona, pero no se arriesga, no va más allá.

De todas maneras, el combate con vehículos es bastante más interesante, más que nada por la cantidad de opciones que tiene el jugador. Se pueden equipar clavos disuasorios para evitar que los enemigos salten a vuestro coche, poner lanzas en los neumáticos para triturar a cualquiera que se intente acercar, endurecer el parachoques y enviar a vuestros enemigos a la Patagonia, o golpearlos por un lado y utilizar un arpón mejorable para tirarlos de sus propios coches.

Entre otras cosas, también podréis mejorar el blindaje, la velocidad, la aceleración... Vamos, lo habitual. La variedad de opciones es decente y las incorporaciones que vayáis haciendo cambiarán la manera que tenéis de interactuar con el coche, el entorno y las hordas de enemigos a las que os enfrentaréis (y se trata de un título de Avalanche, por lo que podéis estar seguros de que habrá buenas explosiones). Por otra parte, podréis mejorar en diferentes direcciones y en distintos tipos de coche, desbloqueando las partes que necesitéis al llegar a cierto punto.

También hay varias formas de desbloquear más equipamiento. Por ejemplo, en las distintas regiones, podréis reducir el nivel de amenaza cargándoos nidos de francotiradores o destruyendo las torres y los convoyes circulan por ahí, esperando a que alguien los intercepte. También hay bases llenas de chatarra (y enemigos) que hay que desmantelar y os encontraréis con jefes muy familiares que quieren una buena y familiar pelea. No hay un gran número de actividades y veréis que muchos retos se parecen entre sí. Lo único que cambia es la dificultad, que aumentará a medida que progreséis en la aventura.

Esa familiaridad y esa repetición que hemos ido mencionando a lo largo del análisis son los peores enemigos de este título (y de muchos otros de mundo abierto), y por estas dos razones, nosotros acabamos centrándonos más en las misiones de la historia que en las actividades secundarias. Como ya dijimos, la historia es sólida y, aunque no llega al punto de ser espectacular, sí que consigue dar una buena dosis de acción (y eso que Max es tan enigmático que llega al punto de ser desagradable, aunque esto también puede pasar en la peli, ¿verdad?). Dicho esto, en ocasiones una buena historia no es suficiente para disfrazar el contenido recurrente y distraernos de tener que apretar todo el tiempo los mismos botones todo el tiempo (pulsad y mantened X para seleccionar la caja, pulsad X varias veces para abrirla y pulsad y mantened X una vez más para recoger el objeto de la caja).

No obstante, desde luego, tenemos que elogiar el trabajo que ha hecho Avalanche con esta aventura en mundo abierto. Nosotros nos lo hemos pasado bien en este 'sandbox' literal (por aquello de las cajas de arena, si nos perdonáis el chiste...) y ni siquiera las tropecientas capas de polvo y un par de inconvenientes técnicos (los 'frames' se caían durante las tormentas de arena y algunos iconos de botones no estaban bien puestos) consiguieron arruinarnos la fiesta. Mad Max ofrece un mundo vivo, interesante, brutal e inquebrantable a partes iguales y si no os lo creéis, solo tenéis que esperar a ver lo que os espera. Puede parecer un poco mecánico y previsible en unas ocasiones y repetitivo en otras, pero también tiene un montón de personalidad. No nos cabe duda alguna de que hablamos de un buen trabajo y, aunque puede que no dé juego para siempre, es una pasada mientras dura el viaje.

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08 Gamereactor España
8 / 10
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Un diseño del mundo muy interesante (a pesar de la arena); un sistema de combate muy sólido, y tanto la personalización del coche como el combate de vehículos son fantásticos.
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La poca variedad del mundo abierto hace que todo se repita demasiado; algunas zonas sin pulir, y demasiado pulsar los mismos botones.
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