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ANÁLISIS

PROJECT ZERO 2: WII EDITION

Project Zero 2: Wii Edition trae de vuelta uno de los mejores survival horrors paridos por el ocio electrónico. ¿Qué novedades implementa esta versión respecto al Crimson Butterfly original?

Bienaventurados los amantes del cine de terror japonés, pues ha vuelto su franquicia por excelencia. Por desgracia, no nos referimos al esperado Project Zero 4, cancelado en Europa, sino al remozado de la segunda entrega, Crimson Butterfly.

Puestos a elegir qué entrega traer de vuelta, Project Zero se antoja sin duda la mejor elección. No por nada se considera el mejor de la serie en términos narrativos y jugables.

Project Zero 2: Wii Edition respeta a rajatabla la enrevesada trama del original, si bien cambia ciertos aspectos de su jugabilidad en sentidos que no terminan de convencer, francamente.

Project Zero 2: Wii Edition
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El juego nos mete en la piel de las gemelas Mayu y Mio, quienes dan con una lúgubre aldea tras perderse por el bosque. Pronto descubren que es la población a que aluden las leyendas, esa de la que es imposible escapar y en la que una vez acontecieron terribles sacrificios.

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Como cualquier otro Fatal Frame, la clave será recorrer siniestras estancias combatiendo almas en pena. ¿Cómo? Por mediación de la Cámara Oscura, capaz de fotografiar a los espíritus e infligirles daño. Por el camino habremos de resolver también ciertos puzzles e inspeccionar cada recoveco de los escenarios (llevándonos más de un susto en el proceso).

Project Zero 2: Wii Edition

Es aquí donde toca hablar de novedades y cómo empañan la jugabilidad clásica. Se agradece el cambio de la vetusta cámara fija por la vista en tercera persona, a espaldas de la protagonista, no así el esquema de control implementado. Uno podría pensar que los sensores por movimiento encajarían a la perfecciones en las secciones de combate (subjetivas), de tal forma que movamos el objetivo de la cámara apuntando a la pantalla. Sin embargo, el juego recurre tímidamente a los giroscopios.

Tres cuartos de lo mismo en los momentos de exploración: el manejo de la linterna resulta confuso y los movimientos de Mio, tan ortopédicos como en su día. Eso sí, la posibilidad de girar 180 grados con solo agitar el mando resultado todo un acierto.

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