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análisis

Dark Souls

En el infierno de los juegos, nadie te lleva de la mano. Si quieres contar algo a tus nietos, déjate de rachas en el Call of Duty o combos en el Street Fighter. Tortúrate, pelea y sobrevive aquí, si tienes lo que hay que tener.

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¿Qué pasa cuando comes un delicioso plato de picante? Son ese tipo de comidas que te hacen saltar las lágrimas, pero a la vez son tan sabrosas que siempre quieres un bocado más. Si sigues comiendo, se te hinchan los labios y probablemente irás corriendo a por una jarra de agua helada (mal consejo), pero ya no puedes parar.

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Dark Souls es lo siguiente: un plato muy, muy picante, que sólo unos pocos pueden apreciar y aún menos pueden terminar. Se trata de el 'sucesor espiritual' de Demon's Souls, juego que aterrizó hace algo más de un año en Europa y conocido sobre todo por su dificultad extrema. From Software, estudio desarrollador de ambos, parece haber entendido el papel que jugó la dificultad para que el primer juego fuera un éxito. Dark Souls es, ante todo, muy difícil. Tan difícil que incluso los desarrolladores tuvieron que rebajar la complicación en algunos lugares.

Dark Souls

La historia sigue las aventuras de un no-muerto que, liberándose de una prisión, comienza una misteriosa aventura en un mundo en ruinas. El componente narrativo del juego es bastante críptico: no entiendes por qué estás en ese lugar, ni lo que tienes que hacer. Aparecen instrucciones en pantalla, pero por regla general se suele tener la sensación de poder explorar libremente el mundo que te rodea. Siempre que puedas sobrevivir.

Cada enemigo es una amenaza potencialmente letal. Los golpes de los rivales más débiles se comen buena parte de tu barra de salud, y por si no fuera suficiente, cada impacto consume un nivel de fuerza que, una vez agotado, impide al jugador defender o atacar. Los escudos no protegen completamente de los daños y la disponibilidad de pociones de curación no es suficiente. Enfrentarse a más de dos enemigos a la vez es un suicidio, mientras que los jefes son capaces de hacerte añicos con un solo golpazo.

Dark Souls

Los puntos de control, representados por unos fuegos que hay que reavivar, guardan la partida, pero también resucitan a todos los enemigos. Una vez que comienzas la aventura es un inconveniente volver sobre tus pasos, y la sombra de la muerte se cierne constantemente sobre tu cabeza. En los primeros veinte minutos de juego habrás muerto al menos una docena de veces, masacrado por un monstruo gigantesco que debería servirte de tutorial.

La muerte, por fortuna para todos, no penaliza gravemente al jugador. Se limita a eliminar todas las almas reunidas a través de los asesinatos, que sirven como moneda de cambio para invertir en los ocasionales vendedores de armas y pociones que aparecen por el camino. Es suficiente volver al lugar de tu muerte para que vuelvan, siempre y cuando no mueras por segunda vez en el paseo.

En este punto surge la pregunta inevitable: ¿es frustrante? Pues a veces, sí. Pasamos una media hora de juego para superar un mísero puente, por culpa de los esqueletos con granadas incendiarias o del par de caballeros muertos con espada y escudo pesados que lo custodiaban.

Dark Souls

Superar una sección complicada gratifica con una sensación incomparable que, sin embargo, no dura demasiado tiempo. El punto de control podría estar después de los siguientes tres o cuatro peligros del mismo calibre. Por lo tanto, terminas muriendo una y otra vez hasta que consigues memorizar los peligros que se suceden entre esos lugares en los que gritas "¡CASA!" Para complicar aún más las cosas está la no linealidad de las rutas disponibles, con cruces, caminos alternativos, falsos atajos que te devuelven al punto de partida o salas con tesoros irresistibles que te invitan a arriesgar aún más tu vida por enésima vez.

El juego funciona como un clásico RPG de acción. Al principio puedes elegir la clase entre las típicas opciones, incluyendo el mago, el guerrero, el ladrón, el clérigo. No parecen un conjunto muy equilibrado, al menos inicialmente. En las primeras (dificilísimas) secuencias del juego, la fuerza bruta queda por encima de cualquier otra habilidad, y después de probar un par de clases parece absoluta la superioridad del guerrero. Probablemente a través de la nivelación de los personajes se pueda conseguir un súper mago o un ladrón digno de su nombre, pero el progreso, por lento, es desalentador.

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Sin embargo, a pesar de que el juego empuja a caminar sobre las brasas con una piedra de cien kilos atada al cuello, nunca se tiene la sensación de que sea injusto. Es decir, el reto es alto, pero nunca imposible. El juego no emplea subterfugios para complicar lo que ya es difícil: mueres a causa de tus errores, y de una forma u otra, todas las dificultades se pueden superar. Incluso si llevas horas y horas de intentos.

Para evitar el aburrimiento causado por la repetición de secuencias similares, Dark Souls emplea una atmósfera completamente única. Hay pocos juegos que consigan transmitir tal sensación de soledad y abandono, tan fuerte como para que contengas la respiración continuamente. La dificultad tan elevada encaja perfectamente con esta presentación: estás solo, con tu escudo y tu espada. Nadie te va a ayudar. Incluso los NPC (personajes no jugables) se muestran reacios a compartir información. Cuando pasas un momento realmente "imposible", tienes la clara sensación de haberlo logrado con tus propias manos. No necesitas la suerte.

Por último, existe un modo en línea que permite encontrarse con otros aventureros por el camino. Esta función sería ideal para reducir la dificultad mediante la acción cooperativa. Sin embargo, el hecho es que los jugadores también pueden superarse unos a otros para robar las almas. El juego online, por lo tanto, es una peligrosa arma de doble filo.

Dark Souls

Desde el punto de vista visual, está claro que Dark Souls no consigue brillar. Texturas pobres, modelos toscos, animaciones sosas. Sin embargo, como un todo, es un conjunto resultón. Cuando te encuentras contemplando el techo de un castillo, consciente de que lo que te rodea está formado por cantidad de atmósferas y peligros distintos, sientes una sensación muy agradable y descubres que rara vez los entornos son estériles o monótonos. Lo mismo ocurre con el sonido: no es increíble, es poco apasionante, pero sin duda tiñe el ambiente con una sensación de abandono total.

Dark Souls es probablemente un juego elitista. Si te has acabado algún juego en "difícil" y has fardado delante de los colegas, más te vale empezar a re-evaluar tu capacidad para afrontar esta experiencia. Caminarás constantemente por el filo de la navaja, con un abismo sin fondo esperándote por debajo. Quien no esté listo para un verdadero desafío, mejor que se mantenga muy lejos. Para todos los demás, Dark Souls es una pequeña joya que pondrá a prueba sus nervios.

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08 Gamereactor España
8 / 10
+
Gran dificultad, espléndida atmósfera, muy satisfactorio.
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La frustración puede vencerte.
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