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análisis
Hey! Pikmin

Hey! Pikmin

Olimar y los Pikmin cambian de perspectiva y lo hacen todo más sencillo.

  • Texto: Juan A. Fonseca

Pikmin lleva, exactamente, cuatro años y un día (si nos ceñimos al lanzamiento europeo) sin contar con un nuevo videojuego. Wii U fue la última afortunada en recibir la visita de los simpáticos y diminutos extraterrestres de colores con Pikmin 3, una obra sobresaliente que nos volvía a recordar por qué adoramos a estos seres que dan nombre a la franquicia.

Volviendo al presente, y con la consola del GamePad casi en el olvido, toca volver a hablar de Olimar y sus compañeros de colores, pero no como muchos esperarían. Esta vez le ha tocado a Nintendo 3DS contar una historia de exploración planetaria, de aprovechamiento de habilidades y de plataformeo. Sí, plataformeo. Porque la cámara aérea se despide en esta ocasión y da paso al archifamoso scroll lateral, porque la gestión y planificación da paso a los puzles y a la habilidad, porque así es Hey! Pikmin.

Olvida todo lo que sabías de Pikmin, reinicia tu cerebro e imagina a estos bichitos correteando de un lado a otro en un entorno 2.5D, entonces podrás hacerte a una idea de lo que supone este spin-off. Bueno, mejor no reinicies del todo, porque hay cosas que se siguen manteniendo. Las señas de identidad de esta IP que nació en la época de GameCube siguen presentes, aunque divididas en dos pantallas.

Hey! Pikmin

Hey! Pikmin no encaja en lo que denominaríamos Pikmin 4. Es una experiencia más relajada (todavía) que cualquiera de las aventuras tradicionales de Olimar y compañía. De nuevo nos coloca ante un intrépido capitán que trabaja para la compañía Hocotate y que, mientras soñaba con volver junto a su familia, se ve obligado a hacer un aterrizaje forzoso en un planeta desconocido para él, pero no para el jugador que ya se ha visto en una situación parecida en ocasiones anteriores. La misión es clara y sencilla: tienes que reunir 30.000 unidades de lustronio para reparar tu nave y volver al espacio, y te toca explorar.

Acuñarlo como exploración no es totalmente justo, aunque el título lo enfoque como tal. Para conseguir este preciado recurso debes avanzar por distintos niveles recogiendo brotes u objetos muy familiares. Ese toque de misterio que conecta este mundo de ficción con el nuestro y que hemos podido observar a lo largo de toda la franquicia, ha vuelto, también con los descacharrantes nombres y descripciones que Olimar da de ellos. Lo que para ti es un cepillo de dientes, para él es un "Fósil de Lombriz Crestada"; lo que ves claramente como un cartucho del Super Mario Bros. de NES, para él es una "Crónica Familiar". El humor que nace de la inocencia (e incluso ignorancia para el jugador) de este personaje sigue haciéndolo tan entrañable como siempre.

Hey! Pikmin

Pero para entrañables los Pikmin. Estas criaturas podrían estar en la cúspide de seres de videojuegos que querrías tener en casa, y su personalidad (o falta de ella) y curiosidad siguen tan presentes como siempre, como también su valor como herramienta clave para avanzar en el juego. Porque, que no te engañen, aunque sean la mar de simpáticos, vas a dedicarte a tirarlos por los aires y llamarlos a golpe de silbato durante toda la partida.

La mecánica principal de Hey! Pikmin no es otra más que lanzar a estos bichitos de colores. Además de para activar el jetpack del protagonista, a golpe de stylus (los únicos botones que pulsas son la palanca para mover a Olimar y los traseros para ver el mapa), decides dónde y con cuánta fuerza lanzar a los Pikmin para que recojan, ataquen, rompan o hagan lo que sea que tengan que hacer. Su función y sus características dependen de su forma y color, algo que queda bien diferenciado con un simple vistazo. Así, los Pikmin azules son los únicos que pueden nadar, los amarillos son ligeros y conducen la electricidad, o los de piedra son pesados y pueden romper corazas de enemigos o cristales que te impiden el paso.

Esta forma de jugar diferencia claramente a la entrega de 3DS de cualquiera de las vistas en sobremesa. Se mantienen las diferentes propiedades de los Pikmin, pero la esencia de la jugabilidad se centra más en los puzles, en acabar con los enemigos machacando la pantalla táctil y en llamar a nuestros compañeros con la misma. Aquí no hay que preocuparse de que caiga la noche, ni de que tus diminutos amigos vuelvan a la base con lo que recojan para tener suministros. Los niveles tienen un principio y un final, y superarlos solo requiere avanzar y conservar Pikmin para abrirte paso o devanarte los sesos para conseguir ese objeto que parece inalcanzable. La gestión se ha cambiado por los puzles y la planificación por los reflejos y la puntería.

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