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ANÁLISIS

THE STANLEY PARABLE

Este análisis no va a ser demasiado largo.

No se trata de caer en un letargo, más bien al revés. Sería fácil escribir todo un artículo sobre las diferentes ideas que se presentan en The Stanley Parable. Pero lo cierto es que, cuanto menos sepas sobre el juego, mejor. No queremos destripar ni uno solo de sus detalles.

Dicho esto, tan solo me queda por destacar una cosa: su presentación es simple y su duración corta, pero hay tanto que contar de esta experiencia en primera persona que es difícil saber por dónde empezar. Tal vez sea mejor empezar por el principio.

The Stanley Parable lleva entre nosotros desde 2011, más o menos. Originalmente era un mod creado con el motor Source de Valve, pero tuvo mucho éxito y se ganó cada vez más seguidores durante los meses y años posteriores. Tal fue así, que cuando un puñado de imágenes crípticas se dejaron ver en Stream Greenlight, la comunidad lo aprobaron en un abrir y cerrar de ojos. El creador original del mod, Davey Wreden, ha pasado todo este tiempo potenciando los pilares básicos que asentó en sus orígenes, y la versión del juego que se ha lanzado el mes pasado en Steam ha sido fruto del trabajo de su estudio, Galactic Café.

The Stanley Parable se desarrolla en primera persona. El jugador se pone en la piel de Stanley, un hombre nada espectacular y muy genérico que se pasa todo el día en una oficina, pulsando teclas sin parar. Nuestro protagonista está acompañado por un narrador que comenta las acciones de Stanley con todo lujo de detalles, guiando la narrativa a través de sus comentarios. Este detalle es maravillosamente sencillo y muy divertido: la guía que ofrece el narrador está ahí para ser totalmente ignorada. Empiezas el juego solo, en una habitación vacía de una oficina en la que ya no queda ningún compañero; a partir de ahí, se nos dan diferentes opciones. La narrativa de la historia gira en torno a tus decisiones individuales, sin depender nunca de un camino predeterminado. Claro está, eres libre de hacer lo que se te dice, pero no es obligatorio hacerlo. Si quieres vagar por el edificio de oficinas, interactuar con el entorno siempre que puedas y bañarte en la atmósfera del juego, eres libre de hacerlo; seguir cada uno de los diversos caminos posibles acabará llevándote a un final diferente. Tan pronto como acabes una partida, te verás volviendo a empezar desde el principio para ver qué más tienes por descubrir entre los pasillos del lugar de trabajo de Stanley.

The Stanley Parable
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Completar la mayor parte de la experiencia puede ser una simple cuestión de horas. The Stanley Parable no es muy largo, pero lo que le falta de longitud lo compensa con su profundidad. El juego tiene un gran número de finales diferentes. Yo he visto más de diez (aunque lo cierto es que dejé de contarlos y no sé la cifra exacta), cada uno de ellos obtenido al explorar un camino diferente del juego. Los diferentes finales tienen su propio impacto, pero la mayoría están ejecutados con brillantez. Los posibles caminos para llegar a cada conclusión son igual de interesantes: los placeres que obtendrás de cada viaje equivalen a la satisfacción que obtienes con cada final.

Una cosa sobre la que puedo hablar sin destripar la experiencia es la exploración constante de las tradiciones del género de la primera persona. Es aquí donde The Stanley Parable se mete en el género de la parodia. Galactic Café se mete con el género sin dudar, con pausas de vez en cuando para examinar una faceta o idea particular que se ha convertido en una institución en los juegos más importantes que dominan el mercado. El juego está bañado en un maravilloso sentido de la ironía: le pone un espejo delante al jugador y, de un golpe, reduce ciertos pilares básicos del género a un simple chiste.

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, escritores como Samuel Beckett han estado haciendo prácticamente lo mismo, poniendo al público frente a lo absurdo de su propio comportamiento. Crear obras maestras del entretenimiento que se ocultan bajo una fachada de comedia, pero en las que, en realidad, el público se estaba riendo de sí mismo, carcajadas nerviosas ante lo ridículo de sus propias acciones.

The Stanley Parable recorre un camino similar: no hace más que pedirnos que analicemos el modo en que interactuamos con el espacio virtual, instándonos a plantearnos lo absurdo de las cosas que hacemos cuando nos ponemos ante un videojuego. Se nos obliga a pensar en cómo hacemos las cosas que, durante años, se nos ha programado para aceptar. Sí, puede que nos riamos cuando el juego destaca una mecánica a la que nos hemos acostumbrado con el paso de los años, pero ¿nos reímos porque es un chiste gracioso o nos reímos de nuestro propio deseo del pasado de arrodillarnos ante estas convenciones sin pensárnoslo dos veces?

The Stanley Parable

Otro paralelismo que podemos hacer entre esto y la obra de Beckett es cómo The Stanley Parable es un matrimonio entre la presentación y el contenido. Estamos ante un juego sobre juegos, sobre qué es jugar y qué supone ser un jugador. Todo, desde los diferentes finales y diversos caminos hasta los logros y secretos ocultos, ha sido creado de tal modo que siempre acaba haciendo referencia a los temas más amplios que se están destacando. También se pide al jugador que se plantee cuestione filosóficas que van más allá del mero mundo de los videojuegos. Posiblemente, estamos ante uno de los juegos más inteligentes y provocadores que haya jugado nunca. Hasta el más ínfimo detalle ha sido introducido para provocar una respuesta en el jugador.

Una de las características que más destacan del juego es la narrativa. Aunque el nombre de Stanley aparezca en el título, la estrella principal es, sin lugar a dudas, el guión. La actuación de Kevan Brighting como el narrador es perfecta. Sus monólogos y divagaciones tienen mucha personalidad y son muy ricos en detalles. Se mueve en un terreno intermedio entre el júbilo y la ira. Su decepción es casi palpable cuando ignoras sus indicaciones y sigues un camino diferente de la historia. Aunque esté decepcionado, lo cierto es que todas las decisiones que tomas, incluso las que no se te dice que tomes, están ya prefijadas. Hay una cierta ironía en el hecho de que un juego que examina el libre albedrío del jugador, en realidad, deje tan poco libre albedrío. Todo paso ha sido previsto desde antes mucho de que lo des, y por tanto toda consecuencia está ya prefijada antes de que hayas llevado a cabo la acción.

Resumiendo, estamos ante una obra de arme moderna. Lo único que lo aleja de llevarse los máximos honores son dos cosas: que algunas texturas están poco pulidas (si me pongo tiquismiquis) y que se trata de una experiencia muy breve. Tras unas pocas horas, ya habrás visto casi todo lo que el juego tiene por ofrecer. Pero que eso no te eche para atrás, dado que se trata de una experiencia única, que te hace pensar, provocadora, divertida y salvaje. Una mezcla perfecta de todos los elementos. The Stanley Parable se une a juegos como The Last of Us, Bishock Infinite o Grand Theft Auto V como candidato a Juego del Año. Puede que no se lleve todos los premios que se merece, pero en este juego no se trata de ganar, así que al final hasta tiene sentido que no se los lleve. El mero hecho de su existencia ya es la mejor victoria posible.

The Stanley Parable
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09 Gamereactor España
9 / 10
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+ Narrativa maravillosa. Un guión inteligente. Un juego provocador. Divertido y absurdo a partes iguales.
-
- Un poco corto. Podría haberse pulido un poco más.
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BETA +