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análisis

Transistor

Una amenaza conocida como Process está destrozando Cloudbank City. Sólo la cantante Red, que perdió su voz en un ataque que casi le cuesta la vida, puede vengarse.

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Cuando nos hemos sumergido en nuestra segunda vuelta al también segundo trabajo de Super Giant Games, Transistor, lo hemos hecho con mucho más entusiasmo que el que sentimos durante las primeras horas de nuestra sesión inicial para esta crítica. No porque no estuviéramos ilusionados por vivir las aventuras de la cantante muda Red en Cloudbank City, sino porque Transistor es un juego que requiere algo de tiempo de aprendizaje antes de enseñarte sus secretos. En un esfuerzo por innovar y cambiar muchos de los principios a los que nos hemos acostumbrado, quizá Super Giant ha llegado un poco demasiado lejos y se le ha olvidado hacer que el jugador se sienta con el control total.

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Tampoco es que el juego sea demasiado complicado o desafiante. En realidad, solo morimos una vez durante aquella primera vuelta (principalmente porque nos pasamos con los limitadores; luego vamos a ese tema), y lo que más se nota es que la complejidad y profundidad de los sistemas no quedan completamente descubiertos hasta que alcanzas la mitad del juego, y cuando realmente has calentado y te sientes a tope, se termina. Con todo, está claro que es un juego que siempre se diseñó con múltiples vueltas en mente. De hecho, este factor está incluso incorporado en la narrativa y temática de Transistor.

Transistor

Esta aventura tiene un toque casi posmoderno. No hay menú principal. Simplemente comienzas la partida desde la pantalla de inicio, hace guardado automático por el camino y no puedes guardar manualmente una partida ni cargarla. Al principio del juego nos encontramos a la personaje protagonista, Red, una cantante que ha perdido su voz, junto a un cuerpo con una enorme espada parlante que le sobresale. Coges ese arma tan curiosa y te pones en marcha.

La existencia de Cloudbank City está siendo borrada del mapa por culpa de Process, una infección vírica provocada por un grupo escurridizo conocidos como The Camerata. En lugar de seguir el consejo de la espada Transistor y dejar la ciudad, Red decide salir en busca de los miembros de Camerata conforme se desmorona la ciudad, con un plan de venganza. En realidad, esta trama no es una montaña rusa de emociones, sino una historia de venganza bastante sencilla y directa, y vas conociendo más sobre los personajes implicados según Transistor va absorbiendo su esencia o alma.

Si has jugado a la ópera prima de Super Giant Games, el reconocido Bastion, te sentirás como en casa con la técnica narrativa. Transistor va comentando ciertos de tus actos, al tiempo que va indicándote el camino. Si te desvías o efectúas un giro en la dirección equivocada, te lo hará saber. Junto al relato que se va desplegando durante tu viaje a través de Cloudbank City, también existen consejos y pistas adicionales que vas encontrando en las terminales dispersas por el lugar, y se desbloquean archivos sobre el trasfondo de los personajes empleando sus funciones asociadas (habilidades) de diversas formas.

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La narración se ve acompañada de unos sonidos de jazz de primera y muy adecuados, conformando un paisaje sonoro de los mejores que hemos escuchado en el sector últimamente. Porque por mucho que Transistor sea toda una hazaña a nivel visual, llegaríamos a decir que sería mejor jugarlo a ciegas que sin volumen.

Volviendo a esa típica historia de venganza, es predecible y oscura, pero nunca llega a ofrecer subidones o bajones dramáticos, como si todo el rato estuviéramos trotando al mismo ritmo mantenido durante su recorrido. Dicho esto, es imposible no apreciar la técnica narrativa y cómo cada uno de sus elementos están cuidados y pensados a conciencia.

Pero si la historia pasa sin demasiados incidentes, será el combate lo que haga que vuelvas una y otra vez a Transistor. Como decíamos, es complicado cogerle el truco a la primera, pero el sistema esconde una tremenda profundidad conforme va evolucionando con cada función desbloqueada. Hay hasta 14 funciones (o habilidades) en total, y puedes colocarlas en una hueco activo (un ataque o habilidad que usas ya sea en tiempo real o puesta en cola durante la fase táctica), un hueco pasivo para proporcionarte un impulso o una mejora para una habilidad activa que cambia cómo funciona esa acción en concreto. Como podrás calcular, esta combinación genera una gran variedad entre los cuatro huecos activos con dos huecos de mejora cada uno y cuatro huecos pasivos. Las habilidades activas están asignadas a los cuatro botones frontales y se pueden emplear tanto en tiempo real como en la fase por turnos del combate. Como ejemplos de estas funciones están Cull -que envía al enemigo volando por los aires con un potente ataque-, Jaunt -para salir como una flecha cuando estás rodeado-, Mask -para camuflarte- o Bounce -con el que puedes lanzar un ataque que rebota en los objetivos cercanos-. Añade a todo esto un sistema de limitadores pensado para adquirir XP más rápidamente, pero que aporta una desventaja concreta en el combate. Por lo tanto, hay muchos parámetros y mecanismos a tener en cuenta, y como es un sistema bastante único, lleva un rato acostumbrarse.

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Otra de las razones por las que es difícil adentrarse en Transistor es el hecho de que no emplea las tradicionales barras de salud y maná. Hay HP (o PS), pero nunca llegas a ver los números que está contando el juego detrás de las cámaras y la mayor preocupación cuando pierdes vida es que una de tus funciones se sobrecargará si llega a cero, capando gravemente tus esfuerzos ofensivos.

Super Giant Games ha apostado claramente en contra de obligar al jugador a empezar la partida con un tutorial. En su lugar, existen una especie de puertas traseras repartidas por la ciudad que te permiten acceder a una especie de isla de vacaciones onírica con otras puertas que a su vez llevan a desafíos. Conforme vas desbloqueando estos retos, te van introduciendo a un número de funciones próximas, y también te asignan tareas que requieren acciones precisas (pruebas de velocidad, de planificación). Finalmente, al alcanzar la tercera puerta trasera, puedes entrar en una sala de pruebas desde la que intercambiar libremente las funciones (algo que normalmente harías en las terminales del mundo de juego), para dar con nuevas combinaciones. Habríamos preferido poder cambiar las funciones libremente sobre la marcha, pero al ver que la sobrecarga es la penalización por no hacerlo bien, tiene cierto sentido aunque haya quedado algo engorroso.

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Con esta obra, el estudio ha conseguido evitar el temido y habitual "bajón de segundo año de carrera", pues Transistor se ha convertido en un juego que indudablemente cualquier fan de los RPG tácticos por turnos debería considerar. Es muy bonito, memorable, muy rejugable, profundo y estelar a nivel sonoro, si bien se queda por debajo de la joya Bastion. A lo mejor nos encanta aún más cuando le demos la tercera vuelta (como ha pasado con la segunda), pero ahí es donde se queda por ahora.

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Esta review se ha realizado con la versión PS4 de Transistor. Todas las pantallas que ilustran el texto se han capturado con la función "Share" de la consola.

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08 Gamereactor España
8 / 10
+
Precioso a nivel visual, una maravilla sonora. Sistema de combate profundo y adictivo. Montado considerando la rejugabilidad. Historia bien narrada.
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A la trama le faltan altibajos dramáticos. Lleva un tiempo hacerse con el sistema de combate, lo que provoca un arranque bastante lento.
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