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The Legend of Zelda: Breath of the Wild

Zelda: Breath of the Wild - Las Pruebas Legendarias - impresiones

El primer DLC del mayor Zelda de la historia ha llegado.

  • Texto: Juan A. Fonseca

Pensaba que tardaría bastante más tiempo en hacerlo, pero he vuelto a Hyrule. No sé cuántas horas he pasado explorando sus llanuras, sus montañas, su desierto; descubriendo ese mundo orgánico, reactivo, vivo; ese lugar con el que Nintendo pegó un puñetazo sobre la mesa con la intensidad y la fuerza que solo podían corresponder a un nombre tan legendario como es la saga The Legend of Zelda.

Vaya por delante que nunca he sido defensor de las estrategias de DLC. Adquirir contenidos descargables previo pago no han sido una de mis prácticas habituales en esto de los videojuegos, salvo contadísimas excepciones. Siempre he pensado que ofrecer algo realmente nuevo, algo que proponga un desafío duradero y que me haga descubrir otra faceta de ese mundo que tanto he recorrido, de esos personajes a los que conozco prácticamente como si fueran familia; debía ser un elemento necesario para convencer al usuario de pasar por caja con este tipo de añadidos, y Las Pruebas Legendarias trae mucho de lo primero para que nos preparemos para lo segundo.

El primero de los dos DLC que forman el Pase de Expansión inseparable de The Legend of Zelda: Breath of the Wild tiene un objetivo tremendamente claro: atraer al que se ha dejado las manos escalando, cabalgando, corriendo, peleando, en definitiva, explorando toda Hyrule; a ese que sabe acertar en el cuerno de un Moblin a 50 metros con su arco (y bueno, también al que siempre haya querido corretear con una Máscara de Majora). Por el camino se deja el ahondar en la narrativa, en esas personificaciones que dan forma a la historia; pero eso vendrá más adelante, con la Balada de los Elegidos.

Pero bueno, ¿qué traen estas Pruebas Legendarias? Haciendo un recuento rápido, tres nuevas máscaras, dos sets de armadura, un nuevo objeto, un sistema de seguimiento en el mapa, una mazmorra y una dificultad adicional. Cabe destacar que las partes relacionadas con el equipamiento son esa pequeña parcela destinada a saciar la sed de fan service de los seguidores más fervientes de la saga; pero todo lo demás apunta directo a sacar el lado más desafiante del juego, el que se esconde tras sus infinitos paisajes.

The Legend of Zelda: Breath of the WildThe Legend of Zelda: Breath of the Wild

Se trata de asuntos distintos, aunque es magnífico ver cómo Breath of the Wild los aborda sin abandonar la exploración tan alimentada en esta aventura. Las nuevas piezas de equipamiento son meros adornos para vestir al bueno de Link con la ropa de Tingle, el casco de Midna o la mítica Máscara de Majora; sin embargo, su añadido a este micromundo se hace cómo debe ser: invitando al jugador a buscarlos siguiendo pequeñas pistas, algo menos sutiles a lo que acostumbra el juego en su aventura principal, pero con el suficiente gancho para animarte a salir en su busca. Y si no lo consigues, siempre puedes ir al grano y leer las guías Dónde están todas las máscaras y el Teletransportador y Dónde están los trajes del DLC.

No obstante, la chicha, el auténtico jugo de Las Pruebas Legendarias está en aquello de lo que parte su nombre. Decía antes que el auténtico objetivo de este descargable es llamar a los que nos hemos perdido durante horas y horas con Link, a los que hemos visto el letrero de Game Over tantas veces que hasta se nos aparece en sueños. Y siento decir que, ahora, va a aparecer más todavía. Todo por culpa del Santuario de la Espada y del Modo Experto (o Modo Maestro).

Seguir el orden es aburrido, por eso, voy a empezar por el Modo Experto. Bueno, lo hago por eso y porque debo reconocer que la primera vez que comencé (perdón, recomencé) la aventura con él, volví a tener la misma sensación que la primera vez que pude manejar a ese Link que había estado cien años de letargo. Y no, no hablo solo de la nostalgia por ese imponente plano de Hyrule al salir del Santuario de la Vida, sino de esa sensación de indefensión, de volver a sentirme alguien que comienza su odisea en un mundo inmenso, y hostil.

La experiencia que te dan las horas previas de juego te sirve para tener en mente las triquiñuelas de los combates. Conoces cómo se mueven los enemigos, donde están y cómo se pueden conseguir esos objetos y armas que te faciliten las cosas. Pero, ay. Cuando el primer Bokoblin, ese que te espera poco después de la hoguera del anciano, se ha vuelto azul y ahora te parte la cara sin piedad una y otra vez, te das cuenta de que las cosas han cambiado; y más aún después, cuando avanzas un poco más y observas los alrededores del Templo del Tiempo para encontrarte con un Centaleón blanco. Ahí te paras, terminas de asumir que esto es más serio de lo que parecía y te encomiendas a Hylia por lo que pueda pasar.

Esta subida de dificultad que te lanza el Modo Experto a la cara nada más empezar te obliga a cambiar la forma de jugar. Algunos siempre hemos sido un poco "cabras locas" y hemos enfocado más nuestras habilidades en la agilidad en batalla, aprovechar las esquivas y las armas de los enemigos para acabar con ellos. Esto aquí no funciona. Las armas se siguen rompiendo, los enemigos regeneran su salud y, para colmo, son más fuertes y hay más. La acción se queda rezagada, dejando paso a la estrategia, al aprovechamiento del entorno y de todo lo que tengas a mano. Puede que una hoja Kolog tenga un ataque mínimo, pero a lo mejor te sirve para lanzar a los enemigos al agua y que mueran rápidamente, sin gastar más armamento.

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