El vicepresidente estadounidense JD Vance ha rechazado las acusaciones de que Washington está interfiriendo en las próximas elecciones húngaras, a pesar de haber realizado una visita a Budapest pocos días antes de la votación.
Durante su viaje, Vance reconoció el inusual momento, pero insistió en que su presencia pretendía mostrar su apoyo al primer ministro Viktor Orbán y a su gobierno, al que describió como un importante socio para la paz. Rechazó las acusaciones de influencia extranjera, calificándolas de "oscura ironía", aunque los críticos señalaron el carácter inaudito de la visita de un vicepresidente estadounidense en vísperas de unas elecciones.
La visita se produce en un momento crítico, con el partido de la oposición Tisza, dirigido por Péter Magyar, a la cabeza en varias encuestas y potencialmente encaminado hacia una victoria decisiva. Magyar ha advertido contra cualquier interferencia externa, subrayando que el futuro de Hungría debe determinarse internamente.
Los funcionarios europeos también han rebatido las afirmaciones de Vance, y los representantes del sindicato europeo han sugerido que la visita en sí suscita preocupación por la influencia exterior. Mientras tanto, la campaña electoral se ha polarizado cada vez más, y Orbán la presenta como una elección entre la guerra y la paz, mientras que la oposición se centra en cuestiones internas como la corrupción y los problemas económicos.
A pocos días de que los votantes acudan a las urnas, el resultado sigue siendo incierto, pero la intervención de Vance ha añadido una nueva capa de tensión a una contienda política ya de por sí muy cargada. Curiosamente, Vance dijo ayer justo lo contrario. Compruébalo: JD Vance acusa a la UE de injerencia electoral durante su visita a Hungría.