La etnia rohingya es uno de esos asuntos opacos que las Naciones Unidas no han abordado, a pesar de ser el grupo étnico sin patria más grande del mundo. Los rohingya son una etnia musulmana que proviene de Myanmar, un país budista, y que lleva desde hace casi ochenta años entrando y saliendo de diferentes levantamientos y golpes militares, encadenando breves periodos aperturistas con férreos regímenes militares. Los rohingya siempre han estado perseguidos, a veces con violencia, en su país, y desde el ascenso en 2007 de la actual junta militar, en claro riesgo de limpieza étnica, de ahí la diáspora de su población por todo el sureste asiático.
Uno de los países más acogedores, en parte por su mayoría musulmana, es Malasia; sin embargo, en las últimas semanas, las tensiones entre los refugiados rohingya (a los que el Gobierno malasio tilda de «inmigrantes ilegales») y las comunidades locales obligaron a los refugiados a pedir ayuda al ACNUR en Kuala Lumpur, pero la policía los interceptó y los retuvo durante varios días. Tras su puesta en libertad, se decidió que serían reubicados en Myanmar en virtud de un acuerdo con el Gobierno de ese país, pero esto suscitó preocupación por su seguridad entre la comunidad internacional. Hoy parece que Malasia ha respondido a esta valoración de la situación.
Según el nuevo informe de Reuters, un portavoz del gobierno de Malasia ha informado que no se repatriará a los 5.000 refugiados rohingya a Myanmar si se determina que sus vidas corren riesgo a su regreso. Los ministerios de Asuntos Exteriores e Interior están revisando actualmente el plan para identificar a los 5.000 refugiados que serán devueltos a Myanmar, según declaró el ministro de Comunicaciones, Fahmi Fadzil, en rueda de prensa.
"El gobierno militar de Myanmar está dispuesto a recibirlos, pero estudiaremos los criterios y, si procede, los implementaremos. El Primer Ministro ha tomado nota de que no podemos devolverlos si sus vidas corren peligro. Por lo tanto, el Ministerio de Relaciones Exteriores está estudiando varios asuntos", añadió.
Human Rights Watch, una organización no gubernamental, instó al gobierno a que dé marcha atrás en sus planes, señalando que estos refugiados se enfrentan a la persecución y otras violaciones de derechos humanos en Myanmar. "El gobierno malasio debería demostrar liderazgo regional al responder a la crisis en Myanmar, en lugar de devolver por la fuerza a las personas que son víctimas de la brutalidad de la junta militar", declaró la subdirectora para Asia de Human Rights Watch, Bryony Lau, en un comunicado.