El fenómeno Switch trasladado a las cuentas de Nintendo se llama despegue de los beneficios de la compañía. La directiva ha presentado los resultados del primer semestre del año fiscal 2018 (del 1 de abril al 30 de septiembre de 2017), y nos quedamos con una cifra: 7,63 millones de consolas vendidas a tiendas en seis meses y previsión de alcanzar los 14 millones hasta el 31 de marzo de 2018. En un año, Wii U quedará enterrada.
En el semestre, es decir, descontando su primer mes en las tiendas, la distribución de la híbrida llegó a los 4,89 millones gracias a un potente verano en el que no bajó el ritmo, al contrario, subió respecto a primavera gracias a un aumento de la oferta. Con ellas se han comprado más de 22 millones de juegos en formato físico o digital de los anteriores, sin contar los exclusivos de la eShop. Eso también van muy bien y su recaudación creció un 55%.
Curiosa es también la distribución de unidades. Mucho se habla de las colas en Japón y de la locura en Estados Unidos, pero donde más hay es en el resto del mundo. Son 3,11 millones de Switch por 2,56 de América (Norte y Sur) y 1,95 de Japón.
Otra gran noticia en Kioto es que aún no se ha comido a Nintendo 3DS. La portátil ha subido ligeramente respecto al primer semestre del año anterior y ya son casi 70 millones de consolas con más de 343 millones de juegos acompañándola (sin contar exclusivas eShop nuevamente).
Se decía que los móviles se comían a las portátiles y ahí está ya Nintendo para hacerlo real. Los ingresos entre abril y septiembre propios fueron de 135,6 millones de euros, dos tercios de lo conseguido el año anterior completo. Hay que sumar unos 50 millones de euros más recibidos por parte de Pokémon Go, una cantidad muy inferior a la de 2016.
El viejo chiste de que las consolas de Nintendo imprimen dinero vuelve a ser cierto. La facturación ha estado cerca de triplicarse respecto al mismo trimestre del año anterior (+173,4%) y ha llegado a los 2.829 millones de euros. Ha saneado el beneficio de explotación, el beneficio financiero y ha logrado cerrar con un beneficio neto de 389,6 millones de euros.
Ante la expansión de sus negocios, la directiva que encabeza Tatsumi Kimishima ha decidido lo inevitable, revisar al alza sus números para el año fiscal completo. A 31 de marzo esperan lograr un 28% más de ingresos y, además, obtener mucha más rentabilidad de ellos. Si todo va bien, cumplirá el deseo nunca visto por Satoru Iwata de volver a ese beneficio de explotación "Nintendo like" con el que el expresidente se obsesionó de 100.000 millones de yenes (y mucho más) para dejar un beneficio neto disparado un 88,9%, hasta los 643,2 millones de euros.