Independientemente de lo que cada persona crea sobre las causas o las consecuencias del calentamiento global, los hechos son que los niveles de CO2 y la temperatura media del planeta no paran de crecer. Muchos actores están dando pasos para evitarlo, es decir, para reducir la huella de carbono personal o grupal. En los últimos tiempos se están concienciando tanto instituciones y gobiernos como compañías. Y la que acaba de anunciar su suma es una de las más importantes del mundo, Microsoft.
El gigante americano ha puesto en marcha un plan que promete convertir a su compañía "negativa en carbono" para el año 2030. Una parte esencial consiste en lograr y difundir tecnologías que eliminen CO2 de la atmósfera, y comprometiendo su apoyo, va más allá y espera empezar a retirar contaminación. Su objetivo es haber limpiado antes de 2050 todo lo que ha contaminado en su historia.
Son grandes palabras para un plan y una campaña de comunicación, que después hay que poner en práctica. Demostrando su voluntad, el propio Brad Smith ha presentado las medidas generales y su rango de aplicación. Asume que va a ser un plan caro, sobre todo al comienzo, pero que los costes se irán reduciendo a medida que la tecnología madure y haya más actores implicados. Además, ha ofrecido ayuda a quienes quieran colaborar en su reducción de emisiones.
De entre todas, despunta la promesa de cambiar todo su consumo de electricidad a fuentes de energía renovables para el año 2025, junto a una transición a vehículos 100% eléctricos que se completará en 2030.
Un gran empujón desde todos los sentidos para un problema global, por lo que Microsoft puede aportar. No solo en inversión, conocimiento o tecnología, si no también en comunicación, difusión e imagen. Una reconducción hacia la vertiente social por parte de uno de los actores más importantes del planeta en la que parece seguir influyendo su fundador y expresidente, Bill Gates, que hace tan solo unos días pedía que los millonarios pagaran más impuestos para beneficiar al conjunto de la humanidad.