La semana pasada, a uno de los abogados de ESA, Steve Englud, se le preguntó acerca del permiso a las bibliotecas públicas para preservar videojuegos una vez terminado su terminio de soporte oficial. Ejercicio muy interesante, tanto a nivel cultural para las próximas generaciones como a nivel teórico para la realización de estudios. Según él, de momento no hay ninguna ley que rija este problema. De hecho, hasta ahora no hay obligación por parte del soporte del videojuego de trabajar con él una vez se ha terminado el periodo oficial.
Por otro lado, especificó que los fans tampoco tienen demasiado a hacer en este aspecto. Por el momento, es ilegal que intenten recobrar la vida de videojuegos antiguos, aunque, en diversos casos se han visto esfuerzos de la comunidad para devolver reliquias a los escritorios del público. Estas faltas de legislación sobre los ejemplares obsoletos han hecho que más de una docena sean inaccesibles y el número no para de crecer. Uno de los motivos de este aumento se debe a la tendencia a desarrollar títulos con sus apartados online, los cuales necesitan de servidores, por ende, de mantenimiento continuo.
Mike Ayes, parte del equipo de AACS (Advanced Access Content System), una de las compañías abanderadas en la protección contra la piratería, dio la razón a Englud. Aseguraba que se necesita más legislación acerca de este tema. Asimismo, comentaba que encontrarle un lugar físico no era la mejor opción. De hecho, decía no confiar del todo en esa solución, no la veía demasiado fiable.
Además, Los intereses económicos están por encima de todo para la industria. De hecho, Video Game History Fundation y Software Preservation Network anunciaron el año pasado que el 87% de los clásicos estadounidenses estaban en grave peligro. Otra de las abogadas de ESA, Kendra Albert, decía que la prioridad de las desarrolladoras estaba en los derechos y verse expuestos a un uso no académico de sus títulos no es una solución que contemplen. Además, dijo que le parecía injusto dejar de lado los esfuerzos en preservarlos por si alguien no lo utiliza con fines académicos.