Fist Puncher me lleva atrás en el tiempo. De vuelta a la menos complicada existencia de mis años de preadolescente. Un retorno a cuando lo único que tenía que hacer un juego era señalarte en la dirección de unos tipos malos y dejarte machacarlos a patadas. Es un viaje nostálgico por los recuerdos, con una pizca de comodidades modernas que evitan que esto sea homenaje puro.
Lo más impresionante sobre Fist Puncher es su sentido del humor. Existe una enorme selección de misiones para desafiarte en tu camino para rescatar a las candidatas a Miss Mundo que han sido secuestradas por el señor del crimen de la zona, The Milkman (El Lechero). Y hablando de leches, ya sea luchando contra unos tipos desnudos inexplicablemente cabreados en una playa nudista, o tirando a ninjas del techo de camiones en marcha, Team2Bit va circulando los elementos para que nunca se haga demasiado repetitivo.
La de este juego de puñetazos (literalmente) es una pantalla relativamente directa. Camina de izquierda a derecha, peleándote con todo el mundo. El combate se ve aderezado con movimientos especiales específicos de cada personaje (hay un total de 15 que se pueden ir liberando durante el transcurso del juego), pero casi siempre se basa en muchos, muchos puñetazos. Los jugadores también pueden lanzar por ahí objetos y enemigos, dar patadas, ataques aéreos y coger armas de cuerpo a cuerpo que dejan los enemigos caídos. La stamina (resistencia) dicta cuántos movimientos especiales puedes ejecutar, mientras que la barra de salud se va reduciendo según peleas (aunque una mejora temprana te permite usar stamina para recuperar salud, un truco que irás usando cada vez más).
Los enjambres de enemigos llenan la pantalla, y se van alineando para recibir palizas. En cuanto al tema visual, existe una agradable cantidad de matones diferentes a derrotar, por mucho que enfrentarte a ellos rara vez requiera más que pegarles unos puñetazos en la cara o saltar sobre su cabeza. Son las batallas contra jefes las que necesitan algo más de tiempo. Son gigantes comparados con los enemigos 'rasos' que te encuentras, y se sacan de la manga nuevos movimientos para someterte.
Los niveles varían en longitud; alguno se completan en unos pocos minutos y otros duran bastante más. Ninguno resulta insoportable, pero las batallas de jefes pueden hacerse innecesariamente complicadas, y la progresión en muchas ocasiones sólo es posible saliendo por patas de una pelea como un gallina mientras esperas juntar suficiente stamina para recuperar la salud y volver al lío. Es algo que se carga un poco el ritmo de estos encuentros. Algunos jefes son más fáciles que otros, pero los verdaderamente complicados requieren varios intentos para vencerlos.
En medio del aluvión de puñetazos, Team2Bit cambia un poco las cosas mediante diferentes tipos de misión. Casi siempre son un poco decepcionantes. Las secciones en moto te ponen a saltar sobre otros moteros y obstáculos, y luego hay varios niveles en los que esquivar diversos vehículos y tirar a tortas a sus conductores. Uno de estos niveles alternativos resalta los puntos fuertes y flojos de Fist Puncher en igual medida. Vas en un tren, está hasta arriba de convictos y sus abogados. Debes pegarle puñetazos a los criminales y evitar a los abogados, y si fallas te denuncian y hay que volver a empezar. Es un concepto desternillante, pero las risas pronto se apagan y nos llevó lo que pareció una eternidad pasar esta sección porque los trajeados licenciados se ponían adrede en medio de las tortas y cargaban contra nuestro héroe.

El homenaje no sólo se queda en la temática y el sistema de juego. Como puedes ver en las pantallas que ilustran esta crítica, el juego también tiene muchos guiños a los juegos de la era de los 16-bit en su estilo gráfico. Personajes pixelados y cuadriculados deambulan por la pantalla, entre otros detalles geniales. El siempre creciente reparto de personajes presenta las mejores animaciones, pero hay tantos enemigos por machacar que no puedes evitar sorprenderte. Algunos son simplemente variaciones, mientras que otros -por ejemplo el cocodrilo con cabeza de tiburón- son auténticos y una incorporación bienvenida.
Fist Puncher funciona mucho mejor si juegas con un colega. Siendo algo tan evidente, es un completo misterio por qué no incluye juego cooperativo online. No me importa sentarme con un amigo en mi escritorio, pero no es cómodo, y tampoco muy fácil conforme lo tengo instalado, así que me sentí limitado en este aspecto. Sin embargo, cuando dos (y hasta cuatro) jugadores se ponen juntos a repartir jarabe de palo, el factor diversión sube como la espuma. El humor se saborea mucho mejor, y os veréis envueltos en una burbuja de nostalgia y mamporros durante vuestras partidas.

La campaña es sorprendentemente larga, pero quitando unas cuantas risas con el juego avanzado (monjas stripper que saben kung fu, por ejemplo), ya lo habrás visto todo durante las primeras cuatro o cinco horas. Según vas derribando oponentes vas acumulando experiencia, para luego liberar nuevas habilidades y mejoras. También te deja personalizar tu personaje un poco. Yo aposté por la fuerza y la velocidad, pero también puedes impulsar el efecto de los movimientos especiales y tal. Dado que hay una quincena de personajes distintos, cada uno con su propio nivel, la rejugabilidad está garantizada. Eso sí, todo depende de cuánto te apetezca volver a pelearte por las mismas calles. Los fans de toda la vida del género encontrarán mucha más longevidad que el jugador medio todoterreno.
Los puntos positivos son muchos. Fist Puncher es divertido, idiota y con mucha personalidad. También es cierto que cuando intenta desviarse de lo que mejor le sale (muchos puñetazos contra todos), sus momentos de variedad no están a la altura. Quizá habría sido un juego mejor si hubieran incidido más en los elementos centrales, en lugar de esforzarse tanto para convertirlo en algo que no es. Jugar con un amigo (o tres, si podéis apretujaros frente al monitor) multiplica el disfrute, algo que vuelve a recordarte la frustrante omisión de un modo online. Si tienes con quien jugar a mano, súbele un punto a la nota. Jugar solo, simplemente, no es tan divertido. Dicho esto, si rememorar juegos como Streets of Rage o Double Dragon te provoca una sonrisa inevitable y nostálgica, Fist Puncher merece unas cuantas horas de tu tiempo.



