Enanos. Siempre aparecen como un recurso cómico en la fantasía. Son cortitos de estatura. Les encanta el bebercio. Y de una forma u otra, siempre acaban excavando demasiado hondo. Naturalmente, una versión desenfadada del Dungeon Keeper les viene como anillo al dedo a estos personajillos.
A Game of Dwarves te permite montar un asentamiento y darle forma, evolucionar a sus miembros, excavar profundo para derrotar a jefes finales (hechiceros malvados y cosas así) y encontrar tesoros y más recursos. Es una fórmula más que probada y muy adictiva, pues se basa en la exploración, la recompensa continua y cierto margen para la creatividad.
Este título tiene un toque old-school que quizás llegue a los más nostálgicos. Las animaciones son pocas y rígidas, los gruñidos de los enanos que tienen hambre o pánico se hacen repetitivos en la primera hora de juego... pero de alguna forma, todo evoca a las raíces del género. Parece como si estuvieras jugando a una versión un pelín más bonita de aquellos juegos de gestión de finales de los 90. Sin embargo, también existen áreas en las que creo que los desarrolladores se podrían haber esforzado un poco más para modernizar el juego, especialmente en los menús y la interfaz.

A Game of Dwarves presenta dos modos principales a explorar: la campaña, con misiones específicas por completar, y un modo 'sandbox' de estilo libre. Si bien la campaña no es demasiado larga, en realidad te propone muchas cosas que hacer, pues cada punto de excavación suele llevar más de una hora de juego. Puedes acelerar o frenar el flujo del juego, pero si quieres reaccionar a las amenazas que surgen, probablemente lo acabes jugando a un ritmo normal casi todo el rato.
Cada misión de la campaña comienza con un poblado básico formado por unos cuantos excavadores, un investigador (te permite escalar el árbol de tecnología), un artesano (para fabricar mobiliario, almacenaje), uno o dos guardias y un currante (para ocuparse del cultivo de alimentos y extracción de madera). Desde ahí, el único camino es hacia abajo. Algunas misiones se estructuran de forma que tienes que encontrar salas específicas para progresar, mientras que otras son de carácter algo más abierto. Aun así, como regla, la idea es seguir excavando, incrementar la plantilla de enanos para afrontar las amenazas que desentierres y seguir montando mini-asentamientos por el camino para que los personajillos no se queden sin comida ni descanso (o morirán por tu culpa).

Tampoco es una horrible pérdida cuando te quedas sin un enano, incluso si se trata de un excavador subido de nivel, aunque molesta un poco por el tiempo que lleva entrenarlos. Los nuevos enanos aparecen en una charca (es natural, porque no existen las enanas), y entonces les asignas su trabajo. Los enanos pequeños ganarán experiencia rápidamente si los dejas solos, por lo que si quieres reemplazar a un excavador de alto nivel que cavó demasiado hondo y murió, quizás te interese dejar al pequeño por su cuenta un tiempo y será mucho más útil cuando le asignes tareas de excavación. También subirá de nivel cavando, así que tú decides cómo lidiar con los jóvenes. Respecto a los militares, es buena idea dejarles madurar de jóvenes para que ganen algo más de salud antes de ponerse a machacar pieles-verdes.
Esto nos lleva al combate. Como pasa con todo lo demás en A Game of Dwarves, emplea controles directos. Puedes montar trampas para ayudar a tu ejército, como luego veremos. La rutina de cálculo de caminos es algo rara en ocasiones, y puede ser complicado monitorizar tu progreso pues las batallas suelen derivar en un montón de enanos fijos en la misma baldosa (especialmente al comienzo, cuando aún no los has mejorado para combate a distancia).
No hay persistencia cuando tu banda de de enanos cambia de misión, pero sí que vas subiendo de nivel a tu príncipe (el dungeon keeper de este juego) con la experiencia que adquieres con cada objetivo cumplido. Yo decidí que mi príncipe siguiera el camino del guerrero, por lo que podía ayudar a sus enanos militares frente a varios enemigos, lo que es muy útil al comienzo porque es muy poderoso y literalmente se quita de encima a los más flojos. Pero también puede ser frustrante, porque a veces va demasiado lejos con sus ambiciones militares y termina muriendo en combate cuerpo a cuerpo.


Respecto a los recursos, se pueden desenterrar de todo tipo como oro, plata, platino, titanio, hierro, roca mármol, etc. Cada bloque puede esconder un valioso recurso, y esto forma parte de la adictiva naturaleza del juego. Hay un montón de objetos por fabricar, la mayoría útiles de uno u otro modo.
He tocado alguno de los problemas de A Game of Dwarves con la IA, ligeros descuidos respecto a la interfaz y la accesibilidad para los usuarios. También podría contar con unas cuantas animaciones más. Y decepciona un poco la forma de gestionar y colocar las trampas, porque necesitas recursos bastante raros para construirlas y generadores para alimentarlas. Me hubiera gustado poder jugar un poco más a la defensiva, pero las trampas son una pequeña curiosidad en lugar de una pieza clave en el sistema.
También tuve un problema con los puestos de guardia y su funcionamiento. Por ejemplo, los militares no entrenarán con maniquíes si están asignados a un puesto de guardia, y si esta es tu forma de avanzar con el ejército hasta el fondo del nivel, es algo frustrante. Cuando aprendes cómo montar un campamento con comida, camas y maniquíes más adelante, solo tienes que desactivar el puesto de guardia y se quedarán ahí, entrenarán, comerán y dormirán. También detecté varios problemas técnicos en mis partidas, aunque es bastante estable.

Gestionar las necesidades de tus enanos es tu tarea principal. Su felicidad es, sin duda, la más complicada de complacer. Tus enanos no morirán de pena, pero si inviertes parte de tus recursos en decoraciones estarán más contentos, y como todo el mundo sabe, los enanos felices trabajan más duro. Al menos es un principio que se puede aplicar en este juego.
Al final, A Game of Dwarves consiguió tenerme jugando hasta las 3:00 de la mañana. Aunque no tiene muchos detallitos especiales, la base es contundente. Puede parecer un juego hecho como los de antes, quizás un poco flojo en su acabado, pero con un precio por debajo de los 10 euros tiene un gran valor para los fans de los juegos de gestión de recursos de la vieja escuela.
Notas adicionales
- Gráficos
- 6 / 10
- Sonido
- 6 / 10
- Jugabilidad
- 7 / 10
- Duración
- 8 / 10