El martes fue un día de lágrimas en Activision-Blizzard. En la directiva de la compañía, por los festejos moderados por haber logrado un nuevo récord histórico de ingresos, 2.380 millones de dólares en tres meses y 7.500 millones en el año 2018, con récord de margen de beneficio. En las oficinas, por los aproximadamente 800 despidos improcedentes que ha decidido llevar a cabo esa misma directiva, justificada por no alcanzar un cifra tan alta como la esperada y por una previsión de caída de ingresos para el siguiente ejercicio.
Los rumores que llevaban un par de días circulando se han convertido en realidad. Activision-Blizzard ha comenzado la reducción de aproximadamente el 8% de la plantilla de casi 10.000 empleados. Esa filtración ha provocado el terror y la ansiedad entre los empleados, que llegaban ayer al trabajo sin saber ni cómo ni cuándo iban a salir de allí. Llantos, abrazos y miedo.
Y llegó la hora. Las reducciones de plantilla abarcan a todo el grupo (Activision, Blizzard y King) y se están centrando en departamentos relacionados con administración y ventas, incluido eSports, y no tanto en el desarrollo. De momento en Estados Unidos, pero con la advertencia de que llegarán también a las divisiones del resto del mundo, como informó J. Allen Brack, presidente de Activision, en la carta de despido a sus empleados a la que ha tenido acceso Kotaku. Al menos es un buen despido. La indemnización incluye conservar el seguro médico, asesoramiento y formación para buscar nuevo empleo y un bonus por los beneficios pasados. Y una promesa, más contrataciones en el área creativa para reforzar los juegos.
"¡Otra vez, hemos logrado beneficios récord en 2018!". Con esas palabras inauguraba Bobby Kotick, presidente del grupo Activision-Blizzard, la junta de accionistas de este martes. El problema no es que falte dinero. No lo fue cuando decidieron pagar un bonus de 15 millones de dólares a Dennis Durkin hace tan solo un mes ni para costear el suelo de casi 29 millones de dólares que ganó el propio Kotick en 2017.
El gigante americano, número uno en edición de videojuegos, firmó unos ingresos de 2.380 millones de dólares el trimestre navideño y marcó su récord de rentabilidad, un 34% de margen operativo, como recoge su balance. El problema es que quieren más y no se alcanzaron los 3.000 millones previstos porque las grandes franquicias como Call of Duty, Destiny, Overwatch y Hearthstone no funcionaron como esperaban, especialmente sus micropagos, contaron ante los asistentes. Las ventas y los 150 millones de dólares que marcan como previsión para afrontar los costes de estos despido han supuesto la reducción de la previsión de beneficios para el periodo actual en 300 millones de dólares.
La reacción de los inversores, que llevan tiempo castigando a Activision-Blizzard y a otras compañías de videojuegos, ha sido positiva y su valor ha cerrado con una subida cercana al 4%.