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análisis
Resident Evil 7: Biohazard

Análisis de Resident Evil 7: Biohazard

Capcom no solo ha vuelto al terror alejándose de la acción. También ha vuelto a la esencia en el diseño y los puzles.

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Se acabaron los tiroteos y las oleadas intensas. Se acabaron las carreras a esprint y las pruebas de botones QTE. Se acabó la acción hollywoodiense. Capcom ha decidido volver a convertir Resident Evil en un juego de terror y suspense en una séptima entrega que aprovecha que se cumplen 20 años desde su estreno para recuperar la esencia que le dio fama. Pero no lo hace apelando a la nostalgia ni a los clichés fáciles, sino tratando de seguir adelante con muchas dosis de originalidad y confianza en su saber hacer, aprovechando los símbolos de la casa que el jugador siempre agradece.

Resident Evil VII arranca con un personaje sin rostro, en un lugar desconocido y con poca información de lo que está ocurriendo ahí. Las pistas han llevado a Ethan hasta esta este lugar abandonado en busca de Mia. Ni agentes especiales ni una situación de crisis, tan solo un caserón en muy mal estado por el que pronto vemos a alguien pasar. La primera decisión de peso de esta entrega es apostar por la cámara en primera persona para reforzar en el jugador la sensación de soledad frente a ese mundo, pero con mucho contacto físico consigo mismo, con su cuerpo, ya que va a ser esencial por cómo se van a desarrollar los acontecimientos.

Resident Evil 7: BiohazardResident Evil 7: Biohazard
Resident Evil 7: Biohazard

Capcom ha decidido volver a dar peso a la narrativa sobre la acción, pero sin la necesidad de recurrir constantemente a escenas de vídeo producido. Al contrario, la mayoría de las animaciones están completamente integradas en la propia escena para que la secuencia sea una; lo único que cambia es que dejas de tener control del personaje por unos instantes, excepto de su cabeza. Esta técnica, que cada vez vemos en más aventuras, da un resultado espectacular cuando todo lo que te rodea es tu enemigo. Pero, sobre todo, cuando te encuentras con una familia como los Baker, perturbados por esa vida "distinta" que hace tantos años les condujo a una cierta soledad.

La trama de RE7 podría pasar por la de cualquier otra casa medio derruida en la que pasar un poco de miedo entre la oscuridad, los ruidos y unos sustos colocados al más puro estilo de cine nipón si no fuera por la grandeza de estos personajes, dispuestos a darlo todo por pasar un buen rato. Aunque, sin ánimo de destripar, tengo que decir que la historia que cuenta esta entrega va mucho más allá, hasta enlazar directamente con la tradición de las alteraciones genéticas que llevan dos décadas haciéndonos sufrir.

Al final Resident Evil 7 son bastantes más de diez horas de partida jugando con normalidad, con bastante afán de explorar y todas las misiones secundarias, pero sin dar vueltas en exceso y caminando siempre al grano. Le falta, eso sí, la potencia y la épica de los grandes dramas como RE4, aunque su final inesperado aporta un poco de sentido e integración.

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Resident Evil 7: Biohazard

Cuando Ethan quiere darse cuenta de dónde se ha metido ya es demasiado tarde, así que solo le queda echar bravura y tirar hacia adelante contra todo lo que se ponga en su camino. Por suerte, los Baker tienen todo tipo de armamento en su mansión, desde cuchillos a lanzagranadas, aunque ni mucho menos la cantidad de munición de la que veníamos disponiendo a partir de la cuarta entrega. Es ahí donde entra en juego toda la acción que nos lleva directamente hasta Resident Evil, pasando de cerca por Resident Evil: Revelations. Aquella prueba en Nintendo 3DS demostró que su vieja fórmula sigue funcionando, aún mejor con las máquinas actuales, que han permitido crear una ambientación y dotarle de una vida mucho más inmersiva y sobrecogedora, y con el cambio de cámara.

El elemento más clásico de Resident Evil 7: Biohazard es el diseño de juego en sí. Es un título de ritmo lento por mapas que se van enmendando a sí mismos a medida que se abren nuevos caminos. Los distintos entornos conectan unos con otros cuando das con la llave adecuada, generalmente tras completar ese puzle no demasiado complejo que requiere casi siempre algún paseo. Es otra vez la mansión, otra vez la comisaría, pero con un diseño mucho más oscuro, tanto que en ocasiones hay que avanzar a ciegas. Si dudas y lo haces asustado con algún escalofrío por la espalda es que Capcom lo ha conseguido. En mi caso sí ha sido así.

Ayuda y mucho, el buen trabajo de diseño gráfico y sonoro. Aunque técnicamente no se luce como hacen otros, porque ni hay lugar para hacerlo ni lo necesita, queda patente que el concepto que tenían los creativos en su mente ha quedado perfectamente reflejado, y además sin fallos sin necesidad de instalar un parche. El doblaje de voces al español es bueno y logra disimular bastante bien la desincronización vocal con el original, aunque con tantos planos cortos es una pena que al retirar el inglés se pierda parte del gran trabajo de animación facial. Una vez más, lo más destacado son los personajes de la familia Baker, a quienes no les falta ningún detalle digno de una familia sureña con su grado de locura.

Resident Evil 7: BiohazardResident Evil 7: Biohazard
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