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análisis
Assassin's Creed Origins

Assassin's Creed Origins

El mejor Assassin's Creed tiene como protagonista a un Medjay, no a un asesino.

  • Texto: Juan A. Fonseca

Los asesinos necesitaban un respiro. El lanzamiento de Assassin's Creed: Syndicate hace ya dos años era la prueba más clara de su fatiga. Era bueno, mejor que sus predecesores; pero le faltaba algo más para mantener el atractivo de las entregas protagonizadas por Ezio o Altaïr. Estos jugaban con la ventaja que ofrece la frescura de una franquicia cuando da sus primeros pasos, algunos fuertes y otros tímidos. La novedad, la introducción a un mundo e historias completamente nuevos, eran su gran baza.

El tiempo no perdona, y la necesidad de renovarse era algo necesario. Por eso Ubisoft decidió pisar el pedal de freno y darse un tiempo. La saga, que había alcanzado un ritmo de juego anual, decidió tomarse un respiro en 2016 para dar al público eso que quería. Algo nuevo, que mantuviera la familiaridad con las mejores mecánicas de su franquicia y que se atreviera a ir más lejos, y eso es lo que han hecho. Assassin's Creed Origins no es solo un juego de asesinos, es una de las mejores experiencias de mundo abierto que hemos jugado .

Con una mezcolanza entre escepticismo y optimismo, hemos hecho todo un Salto de Fe al Egipto de Ptolomeo XIII y nos hemos metido en la piel de Bayek de Siwa, el último de los Medjay, acompañados de su águila Senu para descubrir uno de los mundos más grandes, vivos y creíbles que se puedan disfrutar en una pantalla. Pero de todo esto vamos a hablar más adelante. Antes vamos a empezar por la trama argumental.

Assassin's Creed Origins

Para entender la historia de este hábil "policía egipcio" hay que ponerse un poco en situación. Nos encontramos en uno de los últimos estertores de la independencia egipcia, con el reinado de Ptolomeo y su hermana, la célebre Cleopatra VII. Compartir el poder no era algo del agrado de estos hermanos, y las conspiraciones entre ambos tienen como trasfondo la aparición de una hermandad, La Orden de los Antiguos, que quiere tomar el control y no deja de causar dolor allá por donde va. El protagonista, Bayek, acaba formando parte de todo este embrollo por ciertos intereses personales que no vamos a revelar. Aunque sí podemos aclarar que tiene un papel crucial en todo esto.

La curiosidad y el interés por conocer todos estos intrincados tejemanejes que tuvieron lugar hace miles de años conforman un argumento bastante interesante para el jugador, tanto que hace que se olvide de la existencia del Animus y de otra persona que está conectando con la memoria del protagonista desde la era moderna. La sombra de los giros de guión está siempre presente y a veces no sabes quién está realmente de tu parte y quién no. Además, el reparto, salvo contadas excepciones, hace un papel siempre creíble y capaz de mantener el hilo sin aburrir al que está a los mandos (una pena que el doblaje a español a veces falle). Incluso el personaje principal, con esa mezcla entre dureza y ternura paternal, logra mantenerse como un buen protagonista. Con todo esto, da la sensación de que estemos hablando de un filme, y no lo es, aunque cuando te encuentras observando sus secuencias cinematográficas lo parezca.

El único problema que tiene la historia es lo que cuesta seguirla cuando juegas. Pero no penséis que esto se deba a que es aburrido, la culpa la tiene lo fácil que es distraerse cuando hay tanto que hacer. Assassin's Creed Origins desarrolla su trama a través de misiones principales, pero no te obliga a seguirlas de forma lineal, te da total libertad para elegir dónde ir y cuándo hacerlo, aunque te marque el nivel de personaje recomendado como referencia.

Porque, exacto, nuestro Medjay/Asesino sube de nivel. Una de las principales mecánicas de este título, junto con otras tantas, le aporta un toque RPG imposible de negar y que le sienta como un guante. Se adquiere experiencia luchando, superando misiones o encargos que le haga cualquier transeúnte, lo que le otorga las consiguientes mejoras de salud y defensa, además de puntos de habilidad a invertir en un extenso pero bien definido árbol de habilidades. Todo esto suma, y se hace necesario. Un nivel por debajo de tu rival puede ser una gran desventaja en este mundo hostil.

El sistema de lucha y el equipamiento son dos puntos que han ganado muchísimos enteros con respecto a las entregas anteriores. Bayek sabe pelear mucho mejor que cualquier otro Assassin que hayamos visto: golpes rápidos, golpes fuertes, combinaciones y el vital uso de un escudo dan pie a todo un repertorio de movimientos que, mezclado con la unicidad de cada tipo de arma (lanzas, dagas y espadas tienen formas de combate distintas) plantea unos combates mucho más interesantes y, a veces, hasta caóticos. Los enemigos ya no son el culmen de la educación, si pueden atacarte en tropel lo harán, y si hay alguno que pueda entretenerte mientras otro te embiste por la espalda, también. Aunque también hay ocasiones en los que su inteligencia brilla por su ausencia.

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