Madura, temperamental y pensativa, la creación de ciencia ficción de Eric Cahahi (From Dust) contrastaba en gran medida respecto a la era de las plataformas llenas de color que acababa de comenzar. Los severos picos de gran dificultad, secciones de prueba y error constantes, y los colores apagados le daban al juego una rebelde irritabilidad. Su narración cinematográfica, un escenario que atrapa y una sorprendente sociedad afectiva con un bruto y corpulento alienígena le condujo a una merecida aclamación de la crítica.
Ahora estamos en 2011 y el mercado está dominado por los juegos de tiros modernos, las matanzas a gran escala, subidones de adrenalina y pocas oportunidades para pensar, para asimilar. Existe una interesante simetría con el hecho de que Another World todavía va en contra de los principios de las normas de la era, veinte años después.
Esta edición en iOS te garantiza una copia que funciona (y se instala) tanto en tu iPad como en tu iPhone, y además celebra el segundo aniversario del lanzamiento del título. En una generación en la que las repeticiones de los clásicos de los 90 se extienden en todos los formatos como una prostituta desesperada por pagar la factura del gas, los relanzamientos no tienen ningún valor. Sin embargo, la distancia entre el original y el del 15 aniversario, y luego este, del 20 aniversario, recalca la idea de que es especial y merece la pena saborearlo.
Another World es una mezcolanza genética entre Prince of Persia de Jordan Mecher en 1989, con la sincronización necesaria en los mandos para navegar por plataformas y peligros, y las aventuras point & click, donde la interacción con el ambiente y la exploración necesitan la mayoría del tiempo para progresar. Tienes que concentrarte, pues aparte de una guía de ayuda de 5 pasos explicando los controles (con mando virtual en pantalla o en modo táctil), no hay un tutorial, ninguna explicación sobre cómo interactuar con el mundo (y tu único compañero no sabe una palabra de español).
Combina esto con el entorno, y Chahi consigue evocar un sentimiento de aislamiento que aun no ha sido muy visto en juegos. Una breve escena intermedia (un profesor pelirrojo vestido de manera informal que es transportado a un planeta alienígena a través de un experimento científico que sale mal) es el único antecedente que te llega. Apareces en medio de un lago y terminas vagando por un terreno montañoso, te dejan noqueado y te secuestran, escapas en una jaula, haces un amigo, e intentas escapar de una ciudad alienígena juntos; aprendiendo qué te matará por el camino.
Morirás muchas veces en Another World. Es posible morir en la primera pantalla si te entretienes más de unos pocos segundos. Las partes de prueba-error están instaladas en casi todas las pantallas por las que pasas, pero incluso cuando estás enfadado eres compresivo; aprendiendo sobre este peligroso ambiente en cada mordedura venenosa, desmembración, hueso machacado, cuando se ahoga o se abrasa. Aprenderás cuándo agacharte, rodar, apartarte y saltar (y luego morirás otra vez intentando coordinar todo esto, o encontrándote el siguiente paso mortal en el juego).
No estás indefenso; al principio recogerás un láser de alienígena, una pequeña pistola negra con tres velocidades distintas de disparo. Con un solo toque lanzarás rayos rojos que freirán a tus enemigos, o cortarás las cadenas por la mitad. Espera durante unos segundos y proyectarás frente a ti un escudo rojo de poca duración, espera durante más tiempo y lanzarás una abrasadora bala blanca que destruirá los escudos y muros enemigos.

El juego ofrece una llamativa dicotomía. Normalmente los misterios necesitan resolverse con un grado de violencia y rapidez (como inundar una caverna disparando la estructura que soporta un lago que hay por encima, y correr para escapar de la consiguiente ola) que aparentemente contrarresta el cauto ritmo del juego. Estás envuelto en abrumadores tiroteos en los que la carga más rápida gana, con el tiempo y la velocidad siendo la solución para situaciones de vida o muerte. A pesar de todo esto, Another World no parece un título de acción. Es cine interactivo con un ritmo lento, confrontaciones enemigas apiladas en medio de múltiples pantallas de verdadera tensión. El equivalente más cercano de ahora sería el Portal de Valve: estás atascado en un ambiente hostil y es tu ingenio el que salvará los muebles.
Te irritará, aunque esta edición 20 aniversario añade un problema extra debido a los controles. En el pad virtual, pulsar dos veces una dirección hará que corras, otro toque hará que te pares, pinchar arriba hará que saltes. La opción pad parece la elección correcta entre las dos que se ofrecen, y que se sitúen los botones en la parte superior izquierda y derecha de la pantalla merece un aplauso (en el iPad es más cómodo, ya que te deja inclinar la tableta en una superficie y no se oscurece la imagen). Sin embargo, todavía no te da la respuesta táctil que te da una cruceta digital con relieve, y te encontrarás calculando mal el momento para pulsar u olvidando los botones por completo. Si te pones furioso en un juego que requiere precisión, con suerte las reanudaciones te dejarán a una o dos pantallas de donde te mataron.
En un formato en el que reina la creación independiente, los gráficos básicos de Another World se mantienen intemporales y distintivos. Un doble toque con el dedo cambiará rápidamente las imágenes entre la obra original y el remake a mayor resolución, realzando este último los colores crudos en la pantalla táctil. También sirve para destacar el entorno, tanto sus peligros como sus utilidades.
Todo tiene un uso en Another World. El enfoque minimalista de los gráficos (debido a las limitaciones en tecnología de aquel tiempo, pero de gran provecho hoy) implica que raramente haya un objeto en pantalla por puro placer estético. ¿Una enredadera cubriendo el borde de un cañón? Podría ser útil. ¿Un reptil volador revoloteando hacia fuera de la pantalla debido a un terremoto? Lo mejor es seguirlo. Hay un gran aporte respecto al original: cuando debes sincronizar la ruta de un guardia de servicio con su reflejo en una bola de cristal verde que cuelga del techo.

Hay molestias: el progresivo incremento del número de muertes acabará con tu paciencia. Plantarte ante una situación imposible durante demasiado tiempo, sabiendo que la solución está delante de tus narices, destruirá tu autoestima. Pero incluso en estos momentos es increíblemente divertido, y a diferencia de algunos RPG o aventuras en los que terminas aporreando el botón de acción sobre cada objeto con la esperanza de hacer estallar algo, Another World siempre deja que descifres la respuesta en la pantalla. Y para ello, con su banda sonora de bajo nivel incrementando el ambiente, resucitando el miedo de sobrevivir enfrentándote a un único oponente, y elaborando un discreto aunque emotivo argumento de escolta, que resultó ser el caldo de cultivo para el posterior compañerismo.
En un mercado en el que los títulos más adictivos y aclamados por la crítica pueden comprarse por el precio de una chocolatina, la partida solitaria y el precio más elevado de Another World lo hacen diferente con respecto a sus hermanos digitales. Sin embargo, merece la pena por su precio para aquellos que quieren que sus juegos sean profundos, como otros lo son breves. Lo vale para los jugadores que quieren una experiencia iOS que les tendrá recordando y debatiendo la historia mucho después de acabarla. Y para aquellos que se sienten intrigados por los creativos callejones sin salida del juego, este zeitgeist de la ciencia ficción (tan bien separado de los de su tiempo, sus antepasados, y sucesores) merece una nueva visita por su cumpleaños.

Notas adicionales
- Gráficos
- 7 / 10
- Sonido
- 8 / 10
- Jugabilidad
- 7 / 10
- Duración
- 6 / 10