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Generación X: La evolución de Xbox One

Cómo ha cambiado Microsoft entre Xbox 360 y Xbox One X en cuatro años.

  • Texto: Sam Bishop

Por fin tenemos delante de nuestras narices Xbox One X, la versión final de ese hardware conocido como Project Scorpio que se promociona como la consola más potente jamás creada. La hemos probado en los eventos, y aunque hay varios juegos en los que ese incremento de capacidad no es tan evidente, el salto a las 4K en la pantalla causa impresión por sí solo, como cuando enchufaste por primera vez tu Xbox 360 a una tele HD. La imagen se ve más nítida, la iluminación destaca y el panorama general se embellece.

Ya es capaz de sorprender ella sola, la caja, cuando la tienes delante. Sabíamos que iba a ser más pequeña, pero hasta que la tienes delante no empiezas a valorar el mérito de haber metido tanto en tan poco espacio, algo semejante a lo que se nos pasa por la cabeza con Switch, pero en una escala opuesta. Es muy elegante, con un diseño mate que parece que evita las huellas, pero que también refuerza el concepto minimalista que transmite la escasez de puertos y botones de su parte visible. Ha superado al segundo modelo de 360 como la consola más atractiva de Microsoft. Llega en un momento en el que las cosas no van del todo bien para la marca, ¿cómo ha sido este camino?

Empecemos por Xbox 360, una consola potente, con clásicos como Halo 3, Crackdown, Gears of War, Forza o Fable II que lograron que la segunda consola de Microsoft alcanzara una ventas formidables y rivalizara directamente con PlayStation 3. Era la época de la Guerra de las Consolas y se miraban las cifras con lupa, parecía que hasta los jugadores se posicionaban y deseaban ver cómo su elegida estaba por encima. Una guerra que, curiosamente, ganó Nintendo con Wii.

Han pasado 12 años desde entonces y Microsoft va a por el tercer modelo de Xbox One, dejando claro que en esta generación la cosa va de iteraciones con algún añadido extra respecto al modelo anterior. El problema es que X viene con el viento en contra, tras perder la racha que dejó 360 hace cinco años, aunque trae un empuje que hacer recordar a aquel modelo.

Primera Xbox One

Quien siguiera los acontecimientos sabe que Xbox One no tuvo el mejor estreno. Desde el mismo momento de su presentación y hasta su lanzamiento los mensajes negativos y las polémicas se cruzaron en su camino. Aquel gran error de proponer que un disco estuviera ligado a una única consola (para evitar la segunda mano, muy criticado por los jugadores), los rumores sobre que no iba a ser capaz de igualar el rendimiento de PS4, sobre todo por todo lo que exigía en sus primeros días un Kinect que ya casi nadie quería para casi nada.

Un temporal en redes sociales y foros que los jefes de comunicación y marketing no supieron capear. Se nos viene a la mente aquel patinazo del antiguo jefe de Xbox, Don Mattrick, cuando arreciaban las críticas por la obligación de tener la consola siempre conectada a la red para poder jugar (otra de las grandes quejas) y tuvo la ocurrencia de responder con soberbia: "tenemos un producto para la gente que no puede conseguir alguna forma de conectividad, se llama Xbox 360". Adam Orth también tuvo que dejar la compañía al tuitear "#dealwithit", algo así como "apechuga" hablando del mismo tema.

Al final, el gigante de Redmond tuvo que dar su brazo a torcer y Xbox One puede funcionar offline, aunque pierda algunas de sus capacidades, pero el daño ya estaba hecho. La reputación de Xbox estaba por los suelos, comparada con una PS4 a la que parecía que todo le iba bien y encima se decía más potente. Y a Nintendo le iba mucho peor con su Wii U, esa que Reggie Fils-Aime sentenció el mismo día de su nacimiento al confundir hasta a los expertos con su nombre y su formato. Sony sólo tenía que esperar sin cometer errores.

Kinect, el futuro que nunca fue.