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Console War: Batalla 2018

La guerra de las consolas parece haber vuelto a despertar con el resurgir de Nintendo y la última oportunidad de Xbox One.

  • Texto: Bengt Lemne y Sergio Figueroa

'Console Wars', la Guerra de las consolas, ese concepto acuñado durante la quinta generación que provocó una ola de expulsiones de foros y chats a causa de los debates enfurecidos entre aficionados de una y otra marca, y hasta llevó a los fabricantes a chocar en sus declaraciones. Las aguas se habían calmado, en los últimos años, desde que Sony impuso la 'Pax romana' blandiendo la fortaleza de PS4. Pero el cambio brusco de cartas de Nintendo y la evolución de Microsoft con Xbox One X son una declaración de intenciones.

El origen

La generación actual arrancó en 2012 con el lanzamiento de Wii U, y se completó un año más tarde con las llegadas de PS4 y Xbox One. Daba igual, parecía que Sony ya había ganado la guerra antes de llegar a las tiendas debido al desastre de comunicación de sus rivales: una Nintendo que no supo explicar qué era aquel 'tabletón' y una Microsoft que se ahogó en sus propios deseos de monetización con el siempre-online y la segunda mano.

Desde entonces, las que estaban llamadas a ser las grandes rivales quedaron descompensadas. No en catálogo, porque ambas tuvieron un arranque igual de flojo y con los mismos third parties y entonces las exclusivas tampoco eran demasiado potentes. Pero la mera imagen de PS4 y el "futuro esperanzador" que vendió Sony fue suficiente para comenzar a abrir diferencias en ventas con Xbox One.

En 2014, Phil Spencer tomó las riendas de la marca Xbox y comenzó una nueva era. Nada de mensajes amenazadores ni de confrontación. Todo eran buenas palabras entre unos y otros e incluso felicitaciones por los trabajos bien hechos. Eran tiempos de paz, momentos para lamerse las heridas, resistir y preparar una vuelta triunfal en forma de X. Y al final se estrenó en noviembre de 2017 con las fanfarrias de ser la consola más potente de la historia. Ha llegado con fuerza a Estados Unidos y Reino Unido, pero aún es pronto para conocer su impacto. Solo sabemos que está preparada para dar batalla, eso sí, sin Kinect.

Entra Nintendo Switch en la arena

No existe ningún dato que maquille que Wii U ha sido un desastre total, excepto para quienes la tuvieran y hayan disfrutado de un catálogo de exclusivas muy digno. Pero el fracaso comercial sacudió fuerte a Nintendo, que la acabó abandonando antes de que cumpliera cinco años para morir con la etiqueta de consola menos vendida de la historia de la casa (a excepción de alto tan experimental como Virtual Boy). Abandonada por las third parties, haciendo agua en sus cuentas y con el drama del fallecimiento inesperado de Satoru Iwata sacudiendo la dirección. Nada podía ir peor.

Los rumores sobre NX pintaban un producto extraño, de nuevo una máquina rara, fuera de la batalla por la potencia que pedía el aficionado más cerrado. La esperanza entre sus tropas se desmoronaba, hasta que llegó un héroe brillando, Link. Nintendo dedicó un E3 entero a este título que, de repente, también era para su nueva máquina. Gustó tanto que logró levantar el ánimo. ¡Acaso la nueva consola se iba a estrenar con uno de los mejores juegos! ¿Sería motivo suficiente para comprarla?

El 20 de octubre de 2016 llegó la gran revelación, con ese nombre y esa forma híbrida. El concepto gustó, el diseño también y hasta el nombre. Además, llevaba Skyrim y NBA2K, y aunque la presentación de enero demostró que no era tan potente como una PS4, convenció de que con ese tamaño y esas prestaciones era un hardware proporcionalmente muy interesante. ¿Pero a 330 euros, más cara que la competencia?

Llegó el 3 de marzo y se agotó. Y en abril, y en mayo, y en junio. Nintendo aumentaba la producción y no daba abasto, sobre todo en Japón, donde se convirtió en una fiebre. Cada máquina salía de la tienda con varios juegos, y aunque no había mucha variedad, la acogida de software era muy buena. Y los indies se lanzaron en masa y empezaron a hablar en las redes sociales de lo bien que les iba. Y llegaron Doom, L.A. Noire y Rocket League para acompañar. Era el regreso deseado.

Las cifras lo constatan. Récord de ventas histórico en Estados Unidos y dominio total de Japón, un territorio en el que en diez meses ha vendido casi la mitad de lo que ha logrado PS4 en cuatro años. A este ritmo cerrará su primer año con unos 15 millones de unidades, aún lejos de los 70 millones de PS4, pero demasiado cerca de los 35 millones que se le estiman a Xbox One (hace tiempo que se nublaron las cifras oficiales de esta).

La batalla de 2018

Sony se puede permitir perder su país, es un mercado venido a menos, pero no puede despistarse del dominio global porque sus márgenes empezarán a caer. Microsoft lo tiene peor. Ahora mismo ve su segunda plaza amenaza a una velocidad de vértigo y, lo que es peor, hay varias editoras japonesas que anuncian versiones Switch y no Xbox One de sus juegos. No parece que eso vaya a ocurrir en Occidente, es impensable mientras siga fuerte en Estados Unidos, pero al mismo tiempo significa depender de una sola carta. La batalla está servida.

Mientras los demás trataban de reorganizarse, Sony se adelantó en las carreras por las 4K y la Realidad Virtual con PS4 Pro y PSVR. Ninguno de los dos ha sido un pelotazo, pero ninguno va mal, es decir, ha quemado dos cartuchos sin demasiado rendimiento al mismo tiempo que ha ido bajando el precio de su modelo básico para llegar a más público. Mantiene su imagen intacta y, lo más importante, un listado de títulos espléndido para dar continuidad al de este año: God of War, Spider-Man, Detroit: Become Human y Days Gone, que después darán paso a The Last of Us: Part II y Death Stranding. Una defensa perfecta, casi inexpugnable.

Microsoft va a atacar con la potencia. Va a tratar de deslumbrar con títulos que consigan marcar la diferencia entre sus 4K reales y las 4K dinámicas de su rival. Puede que volvamos a ver la guerra dialéctica de la generación anterior para desacreditar a PS4 Pro, porque algún conato ya ha surgido. Y tiene además el mejor fichaje posible del mercado third party, PlayerUnknown's Battlegrounds, el fenómeno del año 2017 que, para su desgracia, está aún demasiado crudo.

El arma de Nintendo Switch es seguir siendo ella misma, tan indefinida, tan alegre, tan travesti. No se ha bajado de la ola a la que se subió hace 10 meses y avanza casi por inercia. Pero necesita juegos, muchos y variados. Exclusivas para invitar a comprar su máquina, multiplataformas para demostrar que "es igual" desde la diferencia, no un producto inferior. Hay muchos rumores, muy fuertes, y una declaración de Nintendo que promulga que las third parties han vuelto, pero aún no hay nombres. Y, en el horizonte, la gran amenaza de ese Pokémon Switch, el primero de la serie general para sobremesa de la historia.

Va a ser un año 2018 muy interesante para los aficionados porque las tres grandes del hardware van a tener que darlo todo para coger posiciones o incluso evitar una debacle. Va a ser un año divertido para los jugadores porque habrá multitud de juegos. Y va a ser un año de ahorro para los compradores porque tendrán que recurrir a promociones y rebajas para ser más competitivas. Que empiece el espectáculo.