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Assassin's Creed: Rogue

Assassin's Creed: Rogue

Ubisoft cierra el ciclo de la trilogía norteamericana con un título que no consigue igualar a su gran predecesor en ningún aspecto.

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Assassin's Creed: Rogue tiene varios fallos y flaquezas, pero pueden resumirse todos en un único aspecto: no consigue estar a la altura de la calidad de su predecesor, Assassin's Creed IV: Black Flag. Más que eso, no consigue igualarlo en ningún apartado del juego. Sobre el papel, sin embargo, Rogue es una buena continuación a la aventura pirata del año pasado, si bien incapaz alcanzar el listón que dejó Black Flag.

Os lo explicaremos con un ejemplo futbolístico, que está muy a la orden del día por estos lares: Rogue no ha conseguido marcar gol por muy poco. Ha tenido sus ocasiones, pero nada. En algunos campos, como algunas misiones, se ha quedado a centímetros de entrar por la escuadra, mientras que en otros temas, como la historia (uno de los elementos más importantes de la franquicia para muchos usuarios), el esférico ha terminado en la grada. Si lo sumamos todo, Rogue pierde por su falta de puntería.

Assassin's Creed: Rogue es, por tanto, una decepción que solo consigue que recordemos con añoranza lo bueno que era Black Flag.

Assassin's Creed: Rogue
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No obstante, el gran cambio de este título es que juegas con un ex-assassin que le ha dado la espalda a su hermandad y se ha unido a los Templarios. Este controvertido protagonista se llama Shay Patrick Cormac y no es difícil entender su punto de vista: él ve que su hermandad de asesinos ha cometido un montón de atrocidades y entiende que los Templarios le han salvado la vida. Después ampliaremos más este tema (e incluso puede que hagamos algún que otro 'spoiler', estáis avisados). Rogue se parece a Black Flag en que Shay también tiene su propio barco con el que tendréis que navegar por el Atlántico Norte entre islas nevadas e icebergs, e incluso seguir el río del valle de los Apalaches. Además, la aventura también nos transporta hasta Nueva York, que representa la ciudad principal de este título.

También se parece a Black Flag en que, al principio, el barco da bastante pena y apenas puede flotar, por lo que tendréis que saquear otros barcos (generalmente franceses) para encontrar materiales con los que mejorar el casco, los cañones, etc. Por otro lado, entre saqueo y saqueo, tendréis que acercaros a la costa para asesinar a unos cuantos objetivos.

El problema reside en que, si ya habéis jugado a Black Flag y a su expansión Grito de Libertad, será la tercera vez que empezáis la aventura en un barco moribundo y lo transformáis en el navío más temido de los siete mares. Es decir, el proceso es muy parecido en los tres casos, por lo que con Rogue se hace ya un poco repetitivo.

Además, no ayuda demasiado que las dos únicas zonas en las que puedes navegar parecen charcos diminutos en comparación con el ancho mar de Black Flag. El valle del río está compuesto por diferentes ríos y bahías y transmite un poco de claustrofobia por el ambiente cerrado. La zona del Atlántico Norte, en su caso, se hace pequeña por las grandes masas de tierra que ocupan toda la extensión; esto es, no llega a la altura de los zapatos del inmenso océano de su predecesor. Sencillamente no hay sensación de libertad. Puede que los desarrolladores se tomasen demasiado en serio los credos de Asesinos y Templarios, porque la libertad es algo exclusivo de los encapuchados.

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Os lo intentaré explicar mejor: con Rogue no hemos conseguido tener esa sensación de aventura y exploración con la que piensas "oh, eso parece interesante, vamos hacia allí", como sí nos pasó con Black Flag; y no es porque al título le falten coleccionables: podéis encontrar fragmentos de abstergo, tumbas vikingas y bonificaciones. Seguís pudiendo cazar, si queréis, pero el juego ya no te anima tanto a hacerlo. En el caso de algunas mecánicas del juego, como desmantelar fuertes, se han añadido otros elementos, como cargarse guaridas piratas. Es decir, mismo concepto, con métodos un pelín diferentes. Hay muchas cosas que hacer, pero no llega a cautivar y da la impresión de ser puro relleno.

En la costa también hay nuevos elementos. En Nueva York, por ejemplo, hay edificios medio en ruinas que puedes reconstruir e invertir en ellos para poder alquilarlos después. Otra de las grandes diferencias es que estáis persiguiendo y cazando asesinos, así que tendréis que buscar también en los carros con paja o tras las esquinas y os atacarán a menos que los descubráis con la vista de águila. Sin embargo, estos nuevos elementos no cambian el sistema de juego, especialmente los asesinatos, que a veces hasta resultan cansinos.

En pocas palabras, se ve que falta desarrollo en muchos de los nuevos aspectos de Rogue y está claro que podrían haber hecho mucho más. Podrían haber hecho algo que le diese más sustancia al juego. Y eso nos devuelve a la historia, porque, francamente, Rogue es una oportunidad desperdiciada en toda regla. Durante siete años han explotado la lucha entre Asesinos y Templarios y, verdaderamente, Rogue podría haber ofrecido una perspectiva única y muy interesante de las motivaciones del otro lado. Sin embargo, durante toda la aventura, lo único que aprendes de ellos es que a los Templarios les gusta el orden y que los Asesinos son tipos aburridos que pretenden destruirlo todo y que deben morir.

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Y lo mismo ocurre con la historia que se desarrolla en el presente, fuera del animus de Abstergo Entertainment. Los Templarios son buenos y los Asesinos son malos, eso es todo. Es cierto que proporcionan un poco de información acerca de algunos Templarios con los que nos hemos encontrado en la franquicia, pero nada de vital importancia.

Eso sí, a diferencia de Assassin's Creed IV: Black Flag, Rogue no presenta bien a los nuevos personajes y asume que el jugador ya ha jugado a los títulos anteriores. Ah, ¿que no sabes quién es Otso Berg? Vaya, qué pena, porque aparece en el juego.

No obstante, el mayor problema lo tiene el personaje principal, Shay. Nuestro protagonista tiene el carisma de una lámina de cartón y su personalidad no es mucho mejor. Empieza el título como un asesino, pero nunca dicen cuál es su papel en la hermandad; de hecho, Shay piensa que el resto son deprimentes y cuando su misión, por descuido, se convierte en la causa del terremoto gigante que golpeó Lisboa en 1755 y mató a 100.000 personas, decide colgar la capucha. Resulta que su misión era, como la del resto de la hermandad, buscar piezas del Edén y cuando las consiguen y las sacan de su lugar, se disparan los terremotos, por lo que Shay decide que no quiere tener nada que ver con eso. Así, roba a sus antiguos compañeros y se marcha, algo que casi le cuesta la vida. Y resulta que entonces le salva un Templario.

Muy bien, pero, ¿por qué Achilles y el resto de la hermandad están buscando las piezas del Edén? ¿Qué planes tienen? Por desgracia, no explican absolutamente nada y nos quedamos con que sencillamente quieren tenerlas a toda costa. Le falta información y todos los asesinos dan la impresión de falta de desarrollo. De hecho, a algunos solo nos los encontramos en los niveles del principio y cuando llega su hora de morir. Al parecer, Shay pretende dejarse llevar por la venganza, pero le falta el pathos o algún tipo de explicación. ¿Dónde está el drama? ¿Y los sentimientos?

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Por desgracia, las cosas tampoco mejoran con los Templarios. Haytham Kenway aparece para darle algo de credibilidad cronológica al juego y la mayor parte de las escenas de vídeo son del estilo de "Hey Shay, uno de nuestros enemigos está aquí", seguido de un "Vale, yo me encargo de matarle", o "Hey Shay, uno de nuestros amigos está en peligro", seguido rápidamente por un "Yo le salvaré", sin dar más contexto. Por lo general, da la impresión de que el protagonista se baja del barco para escuchar tres líneas de texto y volver al navío. Históricamente, el título se sitúa durante la Guerra de los Siete Años, pero Rogue ni siquiera explica qué está en peligro, aparte de mostrarnos cómo luchan los ingleses y los franceses.

Alerta de pequeño 'spoiler' o destripe: Conseguimos ver más chicha en la misión de la última parte del juego, pero no consigue remontar el vuelo. La historia es débil y las motivaciones de amigos y enemigos no se explican demasiado. ¿Por qué quiere Achilles las piezas? ¿Por qué no se replantearon la estrategia después de la tragedia de Lisboa? Nunca lo sabremos y, además, el final no mejora en absoluto y queda sin resolver. En general, el juego reside en cargarse a unos cuantos asesinos y poco más.

Assassin's Creed: Rogue

Black Flag consiguió entrelazar las lecciones de historia con un poco de filosofía de piratas y su ansia de libertad, y nos enfrentamos desde el principio con los enemigos y supimos qué querían para seguir luchando contra ellos con motivaciones e interés. Sabíamos de qué iba la historia, sabíamos qué estaba en peligro, pero Rogue no cumple ninguna de estas condiciones.

Por un lado, puede que os agrade saber que han quitado las frustrantes misiones de sigilo. Algo es algo, pensemos que menos da una piedra, pero si habéis jugado a Black Flag y esperáis encontraros con algo parecido, os llevaréis una gran decepción. Es cierto que ambos títulos tienen la misma base, pero está claro que ha sido el equipo B el que se ha encargado de desarrollar este título. Por otro lado, si aún no habéis jugado a Black Flag, Assassin's Creed Rogue podría servir como sucedáneo, pero os recomendamos encarecidamente que le deis una oportunidad a su predecesor (aquí su análisis).

Assassin's Creed: Rogue
06 Gamereactor España
6 / 10
+
Adiós a las frustrantes misiones de sigilo, un montón de contenido secundario para explorar.
-
Una historia floja, poco interesante y mal aprovechada. Personajes poco desarrollados. En ocasiones el sistema de juego resulta anticuado. Le falta sensación de exploración en la mar.
overall score
Media Gamereactor. ¿Qué nota le pones tú? La nota de la network es la media de las reviews de varios países

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