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Atlas

Atlas - impresiones early access

El survival bucanero hace aguas desde el día de lanzamiento. Le hemos dado unas semanas antes de pasarle la lupa por primera vez.

  • Texto: Sam Bishop

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Atlas ha vivido un desembarco tormentos, podríamos decir para hacer un poco la gracia con su temática de piratas. El juego de palabras sin gracia no oculta la realidad, que no es un otra que el mal estado de la primera versión, de pago, puesta a disposición de los jugadores en Steam Early Access. Se ha llevado palos por todos lados, desde el precio de venta al excesivo parecido con Ark: Survival Evolved, que es de un estudio hermano. Por el escaso parecido visual con los tráilers y los muchos bugs y errores. Pero hasta un bucanero tiene derecho a un juicio justo, y en Gamereactor hemos afrontado esta prueba con la venda de la justicia sobre nuestros ojos.

La verdad es que tuvimos un mal encuentro. Tras la bienvenida que te dan unas cuantas canciones marineras y el menú principal, logramos acceder por fin a un servidor oficial, no a uno de los otros. La lentitud de los servidores y la interfaz regulera son aspectos que se pueden pasar por alto en este estado prematuro de producción, así que no nos preocupamos demasiado. Los problemas reales llegaron después. Los seis primeros intentos de empezar una partida fueron un desastre, porque nos colocaba en un sitio del que caer o en el fondo del mar, el equivalente a muerte automática o a vida cri'tica.

Tras unos cuantos intentos por fin logramos empezar bien, sin dramas, pero los parrafazos de información de la parte superior de la pantalla pasaron mientras intentábamos no morir ahogados y llegar a la cosa. Ahí están, no se puede decir que no, pero no es la mejor forma de informar y explicar una serie de mecánicas complejas que hacen falta para manejarse en este survival. Lo que sí aprendes rápido es que aparecer en mitad de la vida salvaje también es casi una muerte segura, porque cocodrilos, leones y lobos te despellejan mientras se te viene a la cabeza cómo empezar a vivir.

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Tras charlar un rato con nuestro compañero Dóri, con más horas de juego a sus espaldas, seguimos su consejo y nos decantamos por escoger aparecer en un puerto franco, que es lo más seguro. En vez de tanto texto, que hubieran dicho esto desde el principio y nos hubiéramos ahorrado una hora de experimentación. Son pequeños puertos con algunos vendedores y recursos con los que empezar a echar a andar. Tampoco es la panacea porque la escasez de indicaciones sigue afectando, como el pequeño detalle de que para comprar el barco hay que ir en busca de un comerciante que está lejos de todos los demás.

Decidimos aplicar lo que sabemos de Ark, así que empezamos a pegar puñetazos a los árboles para conseguir algo de madera, a construir un pico y un hacha de piedra, y después una lanza con la que matar alguna vaca. Solo este proceso nos costó varias muertes más, ya fuera por una cornada de un toro o por picotazos de gaviota (no es fácil atinar en sus cuerpos rápidos). Tampoco ayudaba nada el mareo de la cámara, que de vez en cuando se ponía a apuntar a un animal mientras cortabas un árbol porque se pensaba que ese era el objetivo prioritario. Así que, sin querer, puede que pegues un tajo a lo que no debes, se enfade y te mande a la tumba antes de tiempo. Este sistema de ayuda al apuntado se puede desactivar en las opciones, pero ni por esas. Por otra parte, si mueres en un puerto desaparece todo lo que llevas contigo, no como en las zonas salvajes. Todo muy frustrante.

No perdamos el hilo y sigamos adelante. Nos pusimos la etiqueta de pirata cuando por fin logramos reunir en una misma partida todo lo que hace falta para construir un bote. Hasta este punto estamos de acuerdo con las críticas que dicen ques es un DLC temático de Ark, pero a partir de este momento se convierte en otra cosa gracias a la navegación. La dirección y la velocidad del navío se controlan escogiendo la posición y la tensión de las velas, algo lógico. El problema es que estos menús funcionan a trompicones, con un diseño nada intuitivo. Si la comparación es con Sea of Thieves hay que decir que aquí se maneja mucho peor.

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Tampoco vamos a dar mucha caña a Atlas por la falta de refinamiento y detalle porque, de nuevo, apenas acaba de estrenarse en acceso anticipado, pero eso no justifica la enorme cantidad de bugs y errores que da. Hemos sufrido mucho la inestabilidad de los servidores, que hacen muy buena pareja con los cuelgues generales. También tienen una pinta horrible las animaciones y movimientos, y no es raro ver pájaros estampados contra muros o vacas atascadas en vallas, por poner un par de ejemplos.

La fantasía bucanera cobra sentido cuando estás navegando y encontrar tierra tras usar la brújula para orientarte, aunque debes saber que poner tu bandera en una zona y decir que es tuya tampoco es tarea fácil. Prácticamente a cada rincón que hemos llegado ya era de alguien, probablemente porque la proporción de jugadores por servidor es muy elevada. Así que la apuesta más segura es unirse a una compañía y hacer equipo con otros jugadores para evitar el conflicto directo entre humanos. Para esto lo más recomendable es escoger un servidor PvE en vez de uno PvP.

Hicimos al comienzo de las impresiones una mención a la interfaz de usuario y queremos volver sobre este tema para recalcar lo poco que ayuda también en el mar. Será aún más complejo dominarla para quienes no hayan jugado antes a Ark. Algo tan sencillo como ir aprovechando las subidas de nivel, que se hace en el menú de habilidades cuando hay puntos acumulados, no está nada claro. Es como si no se hubiera aprendido o aplicado ninguna mejora del survival de dinosaurios. Es tan lioso que hay ocasiones en las que te siembra dudas sobre cómo ejecutar algunas cosas básicas.

Cuando te metes en un acceso anticipado, sobre todo si es de pago, sabes que estás recibiendo un producto que está más o menos crudo y tienes voluntad de echar una mano con tus horas de práctica para que sus creadores lo mejoren. Aquí estamos hablando de pagar unos 25 euros (y eso que lo han rebajado) por una versión fallona, fea, repleta de bugs, difícil de entender y que te roba el tiempo por culpa de estupideces y falta de comunicación. Todo, para acabar pasando la mitad de la partida haciendo cosas que ya haces en Ark. No recomendamos participar en este despropósito hasta que Grapeshot Games arregle un buen puñado de cosas, y entonces ya veremos si el concepto merece la pena.

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