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PlayerUnknown's Battlegrounds

PlayerUnknown's Battlegrounds para Xbox One - impresiones

El juego más popular del año llega a la consola que más lo necesita.

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Si todavía no te has dejado atrapar por todo el estruendo que ha montado en este 2017 PlayerUnknown's Battlegrounds, o si ni siquiera sabes qué se siente al planear sobre Erangel antes de dejarte caer, puede que este nuevo "estreno" haya despertado tu curiosidad. Tras casi un año en Acceso Anticipado de Steam, el juego diseñado por Brendan Greene y Bluehole para redefinir las normas del 'battle royale' llega por fin a una consola. Es a Xbox One y lo hace en el programa Preview, lo que significa que también está en fase beta. Y sí, también vuelven esas texturas que te explotan en la cara, esos tirones de imagen y esos controles a los que les da por fallar de vez en cuando. Es todo un deja vu.

Sinceramente, ha sido muy complicado escapar de PUBG en los últimos meses. Son los más de 25 millones de copias vendidas en PC, el ruido por haberse colado en ese estado "lamentable" en los premios The Video Game Awards, por su sobrerrepresentación en streams y gameplays. Así que vamos a centrarnos en la transición entre plataformas y si merece la pena pagar por él tal y como está.

Si te tienta entrar a la acción con tu mando o si estás pensando pedir un pasaje a Erangel como regalo de navidades, lo primero que debes saber es que esta versión también tiene ese no-sé-qué que te atrapa y te hace querer más y más. A pesar de que vuelve al mal estado en el que se estrenó en PC y que sus valores de producción no son nada fascinantes, sigue siendo muy entretenido. Tras las primeras horas, cuando por fin empiezas a cogerle el truco, empieza a irradiar esa tensión controlable que impacta directamente sobre tu sistema nervioso para que puedas estar siempre alerta y vivo, pero con la calma de saber que hay mucho mapa y mucho tiempo por delante.

PlayerUnknown's Battlegrounds

Con la experiencia de haber jugado antes, nos comportamos como sabemos que hay que hacerlo, revisando edificios y casetas lo más rápido posible en busca de cualquier cosa útil y de un poco de protección. A veces sale bien y te consigues equipar y otra no y caes a las primeras de cambio. Esos primeros minutos de cada partida, junto con el final para quien haya logrado llegar hasta él, son los más gloriosos de este juego, cuando hay que tomar las decisiones más rápidas y duras.

La primera, ¿dónde me tiro? Se puede dejar al azar o se puede tener una zona en mente en la que esperas encontrar algo. ¿Y cuánto tiempo me voy a quedar por esa área? ¿Si la gente se mueve en la dirección contraria a la que yo voy les sigo para darles caza por detrás o me alejo para evitar el peligro? Una de las que más nos gustas es, ¿dejo las puertas abiertas o las voy cerrando?

En realidad, PUBG es un juego que tiene tanto de acción como de decisión, con una capacidad de evolución tan amplia entre ronda y ronda que incluso ni siquiera se puede decir que tenga un meta fijo. La forma en la que te mueve con la zona azul y otros trucos que aquí se emplean ya los hemos visto antes y después de este estreno, pero en ninguno de esos títulos han logrado encajar tan bien con el propósito general.

Sin embargo, a pesar de la atracción de enfrentarse cara a cara y desde cero a otras 99 personas (o 49 parejas, o a equipos de cuatro), y de lo bien construida y equipada que está esta isla a la que volvemos una y otra vez, no juegas una partida en la que no se te pase por la cabeza lo que mejoraría si estuviera un poco más pulido, más acabado. El audio es inestable, los servidores provocan lag, la tasa de imágenes por segundo se ralentiza y a veces severamente y hasta hay ocasiones en la que cuesta ver a los enemigos a lo lejos. Bluehole y Anticto, el estudio español que ha sido subcontratado para esta versión, tienen todavía mucha tarea por delante. Hemos jugado en Xbox One X y ni así se consigue que vaya más suave, algo que cabía esperar.

Tampoco ayuda demasiado bien el paso de ratón y teclado a mando de consola. Nos costó bastante acostumbrarnos a la forma de apuntar con el joystick, sobre todo porque no hay ningún tipo de asistencia. Recomendamos a todo el mundo que vaya a jugar que primero preste atención a la configuración, porque el mapeo de los botones es un tanto extraño, y por ejemplo dejar X sostenido no es muy natural para ciertas acciones. Al cabo de un rato te vas acostumbrando y unas muertes más tarde comienzas a encontrarle el punto. Por suerte, hay varias de la mejoras de PC de los últimos meses que sí están aplicadas desde el principio, así que tampoco se puede que estemos tan mal como en las primeras semanas reales.

El gran problema que tiene en estos momentos la versión Xbox One de PUBG es precisamente su pareja, porque por fin la versión de PC, ahora que está tan cerca de su estreno final, convence. Ninguna está en un estado decente, las dos tienen mucho camino por delante, pero ese año de ventaja se nota demasiado. Incluso la pantalla inicial y la zona de preparación o el viaje en el avión piden a gritos un poco más de estilo. Se puede decir que esta forma de abrir las partidas simboliza lo que es PlayerUnknown's Battlegrounds, un trabajo inacabado y tosco que te da tal confianza que acabas por lanzarte al vacío a pesar de que sabes que, casi seguro, vas a morir.

PUBG nos ofrece un campo de batalla repetido y a la vez siempre cambiante y un reto en evolución constante que, juntos, aportan una rejugabilidad casi infinita. Si no te importa ser la cobaya que ayude a ir superando sus numerosas deficiencias técnicas y prefieres en consola antes que en PC, entonces ya puedes dar el salto.

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