Reseña de Black Mirror: Temporada 7 completa (Netflix)
La extravagante serie antológica de Netflix centrada en la ciencia ficción vuelve para una nueva tanda de inquietantes posibles futuros.
Me encanta Black Mirror, si me permites empezar por ahí. Considero que los episodios cortos de antología 'White Christmas', 'Metalhead', 'San Junipero', 'Striking Vipers' y 'The Entire History of You' son algunos de los mejores programas de televisión jamás realizados. Pura magia. Tan sencillo como eso. Claro que también hay algunos horribles entre las filas de Black Mirror, pero la serie antológica de Charlie Brooker financiada por Netflix es, en su mayor parte, excelente a mis ojos.
La 7ª temporada se estrenó hace poco y he visto todos los episodios y la considero una mejor colección de cortos que invitan a la reflexión que lo que se ofrecía en las temporadas 6ª y 5ª. En particular, me gustó mucho 'Common People', en el que Rashida Jones y Chris O'Dowd interpretan a Mike y Amanda, un matrimonio de un futuro cercano que se ve obligado a pedir dinero prestado para comprar un procesador hecho a medida que se implanta en el cerebro y ayuda a Amanda, afectada por un derrame cerebral, a volver a vivir una vida normal, al menos tan normal como puede llegar a ser cuando el fabricante del procesador utiliza 'Greedflation' para provocar escandalosas subidas de precios, lo que hace que sus finanzas personales se desplomen junto con su relación y sus vidas... La codicia que vemos en muchas de las grandes empresas actuales es la base de esta aguda sátira social en un episodio que se siente reducido y personal.
También me gustó mucho 'Hotel Reverie', en la que Issa Rae interpreta a la estrella de Hollywood Brandy, que consigue un papel en un fastuoso remake de una vieja película de los años 40, en el que la meten en un mundo de realidad virtual dirigido por la IA y queda atrapada dentro de la película que pretende reinterpretar. La productora cambia tanto el sexo como el color de la piel de su protagonista y se pone así en una situación que culmina como un estudio bien hecho sobre la alternancia de emociones y espontaneidad. La sensación de Casablanca está siempre presente y Emma Corin, en particular, hace un trabajo absolutamente brillante como Dorothy, la estrella de los años 40 a lo Ingrid Bergman, en un cortometraje que, según mi experiencia, se me quedó grabado.
El papel de Paul Giamatti en el episodio 'Eulogy' también fue bueno. Trataba de un viejo profesor cuyo descubrimiento le permite entrar en fotografías antiguas, lo que suscita muchas emociones. Como lo fue el episodio 'Bête Noire', que trata básicamente de la historia de venganza más mezquina que el mundo haya visto jamás.
Lo único que no me gustó realmente de la séptima temporada de Black Mirror fue la continuación del favorito de los fans 'USS Callister', en el que, a diferencia del episodio original, la sátira nunca funcionó realmente y el guion parecía en su mayor parte improvisado y carente de carisma. Dejando esto a un lado, se trata de una temporada realmente agradable, aunque nada de ella alcance los niveles de 'White Christmas' o 'Metalhead'.




