Cómo entrenar a tu dragón (2025)
Es uno de los remakes más "innecesarios", pero en realidad no nos importa.
Ya estamos otra vez: apenas tres semanas después de Lilo y Stitch, tenemos otro remake de acción real de una película de animación. Y la distancia que separa a los remakes de las películas base se sigue haciendo cada vez más corta: sólo pasaron 23 años entre la original y la nueva Stitch, y aquí el plazo es aún más corto: sólo quince años desde la primera película de Cómo entrenar a tu dragón, estrenada en 2010, y seis desde que terminó la trilogía original en 2019. En el caso de Lilo, convertir una película 2D de 90 minutos en una de acción real de 108 minutos significó que hubo que cambiar muchas cosas: a algunas personas les gustaron los cambios más que a otras, pero como mínimo es una interpretación diferente de la misma historia, incluso alterando el final por completo.
En el caso de Cómo entrenar a tu dragón, no se cambia nada: Es la misma historia, casi línea por línea, con el mismo desarrollo de personajes, puntos argumentales, la brutal banda sonora, incluso tiene el mismo director, Dean DeBlois (que, por cierto, codirigió la original Lilo & Stitch antes de pasar a DreamWorks).
Sería tentador desetimar esta película como un intento de sacar dinero y tacharla de innecesaria, o criticar a Universal por volver a las mismas viejas franquicias en lugar de intentar algo nuevo. Pero eso sería infravalorar lo importante que es How to Train You Dragon para mucha gente. No es exagerado decir que, para muchos niños de la década de 2010, Cómo entrenar a tu dragón es un clásico generacional, una serie que les acompañó mientras crecían. Desde el encuentro con ese torpe adolescente enamorado en la primera película hasta el epílogo en Cómo entrenar a tu dragón 3 (que no voy a spoilear si no la has visto, porque apuesto a que también tendrá su remake), la trilogía marcó la vida de una generación (incluido Mason Thames, el actor de 17 años que interpreta hoy a Hipo, que solía disfrazarse de él cuando era niño).
Personalmente, yo no soy uno de esos niños. Tenía 14 años cuando se estrenó la primera película, así que para entonces no estaba especialmente interesado en invertir mi tiempo en "otra película para niños". En su lugar, me centré en el catártico momento de "fin de la infancia" con Toy Story 3, estrenada el mismo año, cuyo final arrolló mi corazón como un tren de mercancías. Cuando vi la original Cómo entrenar a tu dragón, con la forzada mirada condescendiente de un adolescente que quería parecer cinéfilo, me pareció bastante agradable, bien hecha pero con un guión cansinamente previsible y una banda sonora de John Powell hermosa pero supermanipuladora. Mi primo pequeño, sin embargo, estaba obsesionado con la película.
Hoy en día... pienso más o menos lo mismo de la película: es buena, muy satisfactoria, pero también muy poco original. Pero ahora comprendo mejor que, si yo hubiera nacido unos años más tarde, probablemente tendría una visión muy diferente de los personajes y de este mundo. Me imagino que, para muchos jóvenes adultos hoy, ver a los personajes con los que crecieron en carne y hueso puede ser como uno de esos momentos de "cerrar el círculo" no muy distinto de lo que sentí cuando me reuní con Woody y Buzz para inmediatamente despedirme de ellos once años después de Toy Story 2 (aunque no tan fuerte, porque Pixar estaba a otro nivel por aquel entonces, pero seguro que tiene un significado mayor).
Teniendo esto en cuenta, me resulta difícil ser demasiado duro con esta nueva versión de la película, aunque no ignore el hecho de que se trata básicamente de la misma película. En realidad, no creo que hubiera sido muy apropiado cambiar mucho la historia, aunque sí me parece una pena que no aprovecharan esta oportunidad para mejorar el personaje de Astrid (interpretado ahora por Nico Parker), cuyo desarrollo es tan increíblemente precipitado que casi resulta irrespetuoso con su personalidad (el momento "eso es... por todo lo demás" es mono y eso, pero hombre...).
Pero más allá de todos esos aspectos emocionales (apuesto a que mi yo de 14 años pensaría que estoy siendo demasiado blando), la razón por la que esta nueva película funciona se reduce a aspectos más técnicos: Cómo entrenar a tu dragón es uno de los pocos casos en las que una película de estas característica tiene sentido porque se ve tan bien en la vida real (si no mejor) como lo hizo de forma animada. Aquí no hay verás animales parlantes fotorrealistas como en El Rey León o El Libro de la Selva, ni híbridos espantosos de actores maquillados digitalmente como las del Genio de Aladín o Ursula en La Sirenita, ni fallidos intentos de reinventar diseños de dibujo animado de forma realista como Lumière o Bestia en La Bella y la Bestia o los enanos de Blancanieves
La mayoría de las primeras películas de DreamWorks tienen premisas tan absurdas que nunca funcionarían en imagen real (¿te imaginas Madagascar o Kung Fu Panda con animales fotorrealistas? ¿O una versión real de Shrek?). Y las más recientes, como Robot Salvaje, Los Tipos Malos y El Gato con Botas: El Último Deseo enfatizan los puntos fuertes de la animación, alejándose del fotorrealismo, que es la tendencia hoy en día: ¿por qué intentar imitar la vida real cuando se puede ser mucho más expresivo con la animación?
No pensábamos así a principios de la década de 2000, o al menos los grandes estudios no lo hacían. Cómo entrenar a tu dragón en particular quería imitar expresamente las producciones en imagen real, hasta el punto de llamar al experto director de fotografía Roger Deakins (Fargo, Skyfall, Blade Runner 2049, 1917) como asesor visual. Esta trilogía se rodó como si hubiera cámaras reales en esos espacios tridimensionales, incluyendo las limitaciones de iluminación que experimentaría un equipo de rodaje para hacer que un poblado vikingo parezca creíble. También hay docenas de dragones, claro, pero se pueden crear de forma convincente con efectos especiales y, aunque algunos diseños eran más caricaturescos que otros, y Desdentado es imposiblemente mono, "HTTYD" siempre ha sido una de las sagas de animación más realistas, por lo que el salto a la acción real no sólo parece más natural, sino más fiel a la naturaleza de la trilogía.
Para el remake se nota el gran esfuerzo por utilizar localizaciones reales, paisajes impresionantes, atrezo y vestuario creíbles, y fuego y explosiones reales en la medida de lo posible. Es una paradoja: uno de los remakes más "innecesarios", que no intenta mejorar ni revisar el guión original en modo alguno; una película que seguramente se encargó para sacar dinero fácil y sinergias con sus parques temáticos, acaba siendo uno de los pocos remakes que no parece un simple capricho.
Por el contrario, es muy agraciada de ver, siempre que entiendas que ya has visto la historia antes. Por eso, tiene los mismos y abundantes puntos fuertes de la original y conserva los mismos puntos flojos, aunque en realidad no restan mucho a la experiencia (la historia es simple, ¿y qué? ¡Es muy satisfactoria!). Sabes que una película funciona de verdad cuando no te importa verla una y otra vez, y esa es una de ellas (la partitura de John Powell puede ser manipuladora, ¿y qué? ¡Es una obra maestra!). Agradecerás esta excusa para verla una vez más.







