Crítica - Super Mario Galaxy: La Película parece un DLC
[Análisis sin spoilers] La secuela sideral de Super Mario Bros. La Película despega los pies de la tierra y hace peor justo lo que hacía mal el primer film.
Cuando firmé la reseña de Super Mario Bros. La Película hace justo tres años valoré lo que me pareció una gran adaptación a la gran pantalla de esa fantasía tan peculiar que es el Reino Champiñón de Shigeru Miyamoto, Takashi Tezuka y Koji Kondo. Pero criticaba algo sobre todo: que no se daba un respiro y quedaba algo vacía. Que, en cuanto salía de Brooklyn, te bombardeaba con una secuencia de acción detrás de otra, perdiendo el sentido por el camino y apostándolo todo a las referencias nostálgicas. Pero, oye, era tan bonita y algunos de los personajes le aportaban tanto cuerpo que se hacía recomendable incluso para los que no conocieran los videojuegos, si es que queda alguien ahí fuera.
Super Mario Galaxy: La Película hace caso omiso de aquella crítica tan insistente y, efectivamente, repite la fórmula del bombardeo dopamínico para la generación TDA con aún más frenesí si cabe. Lo malo es que esta vez lo hace casi sin sentar unas bases.
Sería hipócrita esperar de esta cinta de animación la credibilidad y profundidad de personajes de El Padrino, pero para identificarlos o siquiera distinguirlos y que su enésimo chiste caiga con más tino, el elenco necesitaba un poco más de cariño y diálogo en pantalla. O algo como la elegancia y la pausa de la escena con el perro en el baño de los Castellano. Porque Estela queda completamente relegada tras una introducción prometedora. Porque Yoshi pasa de descubrimiento ilusionante a comparsa en segundo plano. Porque, aunque el personaje y sus secuencias han quedado muy molonas, resulta raro que Fox McCloud se coma el protagonismo durante un tramo. Si a la secuela le quitas la personalidad de Donkey Kong y su familia, si los Destellos resultan otra versión más infantil de los Toads, y si los puntazos más originales de la primera peli desaparecen, esto se convierte en una sucesión de gags apoyados en escenas visualmente espectaculares.
Y luego, hay otro factor identitario que esperaba que explotaran: el juego con la gravedad de los títulos de Super Mario Galaxy. Hay uno o dos guiños a esto, sobre todo en la parte del Casino, pero ¿dónde está la sensación de ingravidez de los videojuegos? El mundo bocabajo, el problema de los tres cuerpos o la gravedad cambiante que te hacía cosquillas en la tripa... En Wii y hasta quien haya jugado recientemente en Switch/2 eran y siguen siendo sensaciones fantásticas que la película es incapaz de aprovechar. Sí, se ven planetoides y planetas más grandes inspirados o directamente calcados, y por supuesto hay mucho viaje y salto espacial, pero la misma esencia, el gran ingenio de aquellos juegos, queda diluida.
En su lugar, claro, verás mucho más de Super Mario Odyssey, pero también como cortes rápidos (Reinos de las Cataratas y Arenas) o incluso fuera de lugar (cierta canción cuando no tocaba). El popurrí tira también de Mario Sunshine o Wonder, pero muchas veces sin consolidar la referencia. Por esto, a nivel visual los mejores recursos siguen viniendo de los juegos más antiguos, y lo cierto es que en las escenas finales hace un uso muy bueno del pixel art de Super Mario Bros. y Super Mario World. Por fin algo sorprendente, casi al final.
Y eso es quizá lo que más le falta a Super Mario Galaxy: La Película. Sorpresa y misterio, ya sea a nivel narrativo o artístico. Es tremendamente plana para el fabuloso material original, y es capaz de desdibujar a varios personajes, incluido el propio Mario, supuesto protagonista. Vale que hay un par de pinceladas tímidas de amor, que se descubre como se esperaba el origen de la Princesa Peach, y que Bowser y su arco, una vez más, vuelven a 'robarse el show': aunque no estén a la altura de la primera vez, evolucionan con gracia y en la línea de los juegos.
Dicho todo esto, es por supuesto una película indispensable para los fans. Si queréis ver las mejores realizaciones de los mundos de Mario, es una delicia para la vista. Y aunque da demasiado por sentado, siempre tendréis detalles a los que agarraros cuando roce el aburrimiento (aunque los huevos de pascua no sean ni tantos ni tan buenos esta vez). Y Brian Tyler vuelve a rendir el mejor homenaje posible a Koji Kondo y Mahito Yokota, y solo por su banda sonora merecería la pena ver la película de Mario Galaxy, incluso con los ojos cerrados. Pero me da que esta fórmula machacona para compensar el sinsentido no va a cundir tanto como la primera vez, y que triste e irónicamente esta película es menos "para todos los públicos". Deberán aprender para el ahora previsible retorno de DK a la gran pantalla.















