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Dirt Rally 2.0

Dirt Rally 2.0 - impresión final

El rey de los simuladores calienta motores para su esperado retorno en 20 días...

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Una vieja regla dice que, en los simuladores, a mayor realismo, menos diversión o capacidad de disfrute. Pero si bien hay disciplinas a las que todavía se puede aplicar por la elevada curva de aprendizaje -asimilable a la formación de un especialista, por ejemplo en simuladores de vuelo- en los últimos años han aparecido varios ejemplos, sobre todo el el simracing, que sugieren todo lo contrario. Son difíciles, por supuesto, pues nadie nace piloto de carreras, pero hay un factor esencial que viene dado con el realismo: la naturalidad. Cuando un conductor percibe sensaciones cada vez más cercanas a las que vive al volante en el día a día, es mucho más fácil que también lo pase en grande con los videojuegos de carreras, y con un poquito de interés podrá convertirse en un apasionado del género con ganas de aprender.

Esta introducción es necesaria porque explica de dónde viene y hacia dónde va Dirt Rally 2.0. Curiosamente, parece que el simulador de rally de Codemasters sigue un camino (de tierra) paralelo al que viene siguiendo el Assetto Corsa de Kunos Competizione en circuitos de asfalto. Escuchar a la comunidad de entusiastas, éxito en Acceso Anticipado hasta lanzar la primera entrega en PC, conversión a consolas... Y luego, perfeccionamiento, amabilidad y ampliación de contenido para una segunda entrega que, coincidentemente, en ambos casos se lanza este año. Los amantes del motor no podían estar más de enhorabuena.

Hemos estado pilotando durante hora y media con una versión casi final de Dirt Rally 2.0 en las oficinas de Koch Media en Madrid y, si bien es un tiempo ínfimo para un título de este género, sí nos ha servido para tomar buena nota y advertir que mejora en casi todos los aspectos a un Dirt Rally al que sí echamos decenas de horas.

Lo primero que llama la atención es la respuesta. Parece que la sensación de tanque del original se ha suavizado, pero no porque lo quieran hacer más indulgente (de hecho, es igual de implacable, o más), sino porque se ha mejorado la inercia de los pesos y la capacidad de reacción al contravolantear.

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También, aunque es lo que menos importa a los más puristas, se notan grandes avances en los gráficos, y eso que la versión probada es la de consola, en concreto la de PS4 Pro. Aunque sigue sin alcanzar el lujo en detalles, iluminación y efectos que consiguen otros juegos más relajados en la simulación, sin duda está un nivel por encima del siempre tosco Dirt Rally original. Hay fallos en esta pre-release build, todo sea dicho (en los vídeos 1080p60 entre estas líneas verás algún tirón y varios elementos que cargan tarde), pero ya se ve muy decente, y nos ha sorprendido con la nueva iluminación nocturna o los rayos del sol filtrándose entre los árboles.

Además, que Codemasters esté enseñando la versión de consola nos alegra por otros motivos. En primer lugar, porque parece cierto que todas las versiones han recibido el mismo tratamiento para llegar igual de bien (esperamos) al lanzamiento dentro de 20 días, algo que no se puede decir de casi ningún simulador del mercado. Es, por tanto, un gesto de buena voluntad hacia una comunidad que pocas veces encuentra consuelo fuera del PC, pues las consolas siempre se quedan atrás en el calendario o en la calidad de la simulación.

El segundo motivo es ese: no apreciamos diferencia en las señales ni en la respuesta del hardware, cuando en consola siempre queda esa sensación de "simulación capada". El tacto de este Dirt Rally 2.0 en PS4 Pro es el que recordamos de PC, y cruzamos los dedos para que ocurra lo mismo en Xbox One X y en las versiones básicas de ambas consolas.

Entre otras cosas por la inversión, porque para jugar a Dirt Rally 2.0 directamente no tiene ningún sentido usar un mando. Se puede jugar, sí, pero ni es divertido ni está pensado para ello. Si quieres divertirte con un juego de rallies con mando, siempre podrás encontrar Dirt 4 más barato, que se acerca más al estilo arcade y tiene un montón de contenido. Dirt Rally 2.0 es un simulador que se debe jugar como mínimo con un volante decente con force feedback y pedales. Sin estos dos elementos, es imposible notar las mejoras de manejo que mencionábamos, ni las novedades en cuanto al tratamiento del terreno. No sentirás la transferencia de masas, ni los derrapes, ni sabrás cuándo hay que pisar más o menos para agarrar, ni cómo afrontar cada salto.

En nuestras pruebas contamos con un conjunto de Thrustmaster de volante Sparco, pedales y palanca de cambios, todo montado sobre un asiento Playseat. No encontramos la opción para configurar la palanca de cambios como secuencial o como freno de mano (que sabemos que os encanta a muchos y esperamos en la versión final) pero, conforme demuestran los vídeos adjuntos, sí probamos tanto las manetas de cambio como la palanca tradicional en H, pero con embrague automático.

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En esos vídeos también se pueden apreciar las notas de los copilotos, ya con voces en español. Codemasters asegura haber trabajado en este aspecto tan esencial, y lo cierto es que, salvo en contadas excepciones, parecen ser menos robóticas y llevar mejor el ritmo de carrera, pues antes perdían el hilo con facilidad o amontonaban demasiadas instrucciones de forma confusa.

Otro aspecto que nos ha gustado especialmente es el comportamiento de los coches clásicos (Codemastes los llama "vehículos históricos"). No nos hemos ido muy atrás para que fueran coetáneos del que escribe, pero tras estas pruebas todo indica que han sabido clavar el comportamiento de leyendas como el Subaru Impreza de 1995 o el mítico Volkswagen Golf GTI 16V de diez años antes.

Pero, lo más importante de todo, es que la simulación parece realmente haber sido enriquecida con multitud de matices adicionales en el modelo de física y neumáticos, incluyendo pequeñas señales a tener en cuenta en aspectos como la suspensión o el agarre para domar esas bestias de los caminos. Volviendo al concepto del realismo y la naturalidad, aunque seguirá siendo una experiencia muy difícil para conseguir buenos tiempos, el placer al volante puede multiplicarse con los avances conseguidos en la simulación, y solo eso nos hace desear ponernos al volante de Dirt Rally 2.0 para dejar atrás el original de una vez por todas. Porque no ha habido mejor simulador de rallies.

Así las cosas, para el análisis de Dirt Rally 2.0 seguiremos mirando las sensaciones y ya ampliaremos la vista a un contenido que parece más ambicioso y a unos tutoriales que consideramos indispensables para un producto de esta categoría. También queremos ver exactamente cómo va desplegando Codemasters el contenido adicional en forma de expansiones por temporadas, por aquello de cuánto viene de serie y cuanto se crea/desarrolla post-lanzamiento (y su relación con el precio).

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