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Avances

Dishonored - impresiones

Después de varias demostraciones visuales, por fin probamos Dishonored con nuestras propias manos.
Lorenzo Mosna Actualizado 23 julio 2012

"¿Era la primera vez que jugabas a Dishonored?", me preguntan. "Sí", respondo. "Entonces enhorabuena, lo has hecho muy bien". De hecho, para tratarse de mi primera vez a los mandos del nuevo juego de Arkane, me sorprendí a mí mismo. Solo morí una vez, pero después de una lucha más que digna. Sin embargo, tengo la sensación de que mi valentía está enmascarada por la naturaleza de control de este juego.

Pero empecemos por el principio. Dishonored es uno de los FPS más originales y esperados del año: producido por Bethesda, el título ha captado una gran atención con su poco habitual ambientación. La historia, de hecho, tiene lugar en un presente alternativo, donde el aceite de ballena resulta un combustible primario, sometiendo al petróleo.

Este tipo de economía basada en la caza de los mamíferos marinos repercute hasta en la moda que visten los habitantes (una especie de piratas steampunk o dieselpunk), por el modo en el que ha evolucionado la tecnología. Todo el mundo, o casi, depende de la energía de aceite de ballena. Al parecer, el líquido milagroso esconde una energía increíble, capaz de nutrir campos de fuerza y deflagrar como una potente carga explosiva de gran alcance.

En realidad, la mañana que pasé con el juego no me permitió ahondar demasiado en la historia. Me dijeron que debía secuestrar a un personaje llamado Sokolov, encerrado en una fortaleza custodiada por guardias y sirvientes. Mi aventura comenzó en un callejón de una ciudad portuaria, donde algunos guardias vigilaban a otros prisioneros. Me aproximé, e inmediatamente me invitaron a abrir la rueda de habilidades y competencias para el inminente combate.

Así me encontré con lo que, al parecer, será la interfaz más utilizada en el juego. Una rueda de selección, accesible pulsando LB, presenta las diferentes armas, incluyendo pistolas y una ballesta con flechas normales, incendiarias y narcotizadas. Más abajo, seis poderes. Estos son mucho más interesantes e innovadores que las armas: con una pulsación desaté un pequeño tornado que derriba a los enemigos. Como un rayo me lancé, cuchillo en mano, pero sólo conseguí cargarme a uno. El otro atacó: un toque del botón RB sirvió para detener los golpes en el momento adecuado, así que el matón perdió el equilibrio. Ahora sí: daga en la garganta.

Me acerqué entonces a los rehenes, donde parece que la intensidad del campo de fuerza la mantenía un depósito de aceite de ballena. Fuera depósito, civiles liberados. Estos me indicaron la combinación de una caja fuerte colocada en la parte trasera del edificio. El problema era que el edificio estaba destruido, así que no quedaban escaleras para subir. Un rápido vistazo a las habilidades reveló el famoso poder denominado 'blink' (pestañeo), una especie de teletransporte (en un abrir y cerrar de ojos, claro está) que permite llegar a lugares inaccesibles. Arriba, caja abierta, pociones de maná y energía al saco.
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Ya cerca de Sokolov eliminé a los dos guardias de la entrada y recuperé un par de granadas, para luego entrar (en modo sigiloso) eludiendo a otra serie de enemigos. Apuñalé a uno de los guardias que hacían patrulla, pero sus gritos antes de morir atrajeron a más enemigos. Tocaba esconderse y esperar a que las cosas se calmaran un poco (demostrando una vez más el tipo de decisiones que puedes tomar). Luego cayó un nuevo campo de fuerza, la última barrera que me separaba del objetivo final. Aprovechando los dardos narcotizados pude lanzar a Sokolov a los brazos de Morfeo. Con el cuerpo dormido cargado a la espalda, tocó huir y alcanzar a los compañeros que esperaban a bordo de un barco.

Esto, en resumen, fue mi primera aventura con Dishonored. Y digo la mía porque Dishonored es un juego con infinitas posibilidades, donde se nota que el jugador contará con infinitas posibilidades para conseguir llegar a su objetivo de formas distintas. Por ejemplo, yo podía haber usado un poder para poseer a un ratón e infiltrarme en el edificio por los conductos de ventilación. O empleado el poder Shift para subirme a las vigas y cruzar toda la sala de enemigos sin tener que matar a nadie. O haberme colado por el sótano, por encima de una noria de agua.

Eso es lo que nos fascina de Dishonored. No hay una forma concreta de resolver cada problema. Simplemente, lo suyo es evaluar el entorno y dejarse llevar por la creatividad. Podrás enfrentarte a los enemigos o entrar y salir sin que te pillen. Todo depende de tu capacidad para encontrar el camino correcto, porque todo parece potencialmente posible.

Por supuesto, todo esto se hace más atractivo con el extraño universo de juego, con gráficos que (en ocasiones) se acercan al cel-shading y una banda sonora que a menudo nos deja en suspense, con el miedo a ser descubiertos.

No es normal encontrar tal grado de libertad en un título de corte FPS; está claro que Bethesda y Arkane pretenden que este juego tenga un gran valor de re-jugabilidad. Dishonored será uno de esos juegos con los que apetecerá hablar con los amigos, para averiguar cómo afrontaron cada situación particular. En mi opinión, es una razón contundente para esperar su lanzamiento en octubre con muchas ganas.

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