Echo Valley
Julianne Moore, Sydney Sweeney y Domhnall Gleeson protagonizan el emotivo y manipulador drama-thriller de Apple TV+.
He criticado mucho los largometrajes de Apple TV+, señalando que ni siquiera los altísimos valores de producción y el reparto y los cineastas que suelen estar detrás de cada proyecto bastan para elevarlos por encima de la mediocridad. Las películas del streamer nunca son francamente malas, pero comparadas con la calidad que esperamos y conocemos de sus series, suelen estar fuera de lugar. Por eso me parece tan refrescante hablar hoy de Echo Valley, una película que carece del atractivo y la atracción de Wolfs, El abismo secreto, La fuente de la eterna juventud y otras caras películas de acción.
Echo Valley es un drama, emocionante, por cierto. Gira en torno al personaje principal de Julianne Moore, Kate, madre y profesora de hípica, que tras una serie de penurias en la vida, se encuentra tocando fondo. Esto sería suficiente para una sola persona si no añadiera además una hija adicta llamada Claire, interpretada por Sydney Sweeney, que utiliza el afecto de su madre para abusar de su relación, metiéndola en sucesos horripilantes salidos de las pesadillas de cualquiera, sucesos que alcanzan su punto de ebullición cuando el vengativo delincuente Jackie, interpretado por Domhnall Gleeson, entra en la conversación.
Resumiendo, Jackie convence a Claire para que obligue a su madre a hacer algo y así poder explotar a Kate utilizando la riqueza de su granja en su propio beneficio. Como puedes imaginar, no hay mucho espacio para la felicidad en una historia como ésta, y francamente Echo Valley es una gran espiral hacia la miseria, la depresión y el dolor durante la mayor parte de su hora y 40 minutos de duración. Puede que esto no parezca muy convincente, pero el director Michael Pearce y el guionista Brad Ingelsby se embarcaron en este proyecto con una visión creativa muy clara, que carecía de la palabrería de muchas epopeyas de acción modernas, para ofrecer una narración ajustada, bien actuada, estructuralmente sólida y con un ritmo excelente.
A lo largo del metraje, te verás inmerso en una auténtica montaña rusa de emociones mientras conectas con Kate, sientes su dolor y te quedas sin palabras cada vez que se retuerce el cuchillo metafórico con cada revelación de la trama. Una vez más, esto se debe en parte a una premisa bien elaborada, con sólidos diálogos y desarrollo de personajes, pero también en parte al fantástico trabajo del reparto principal, que ofrece unas interpretaciones de primera.
Moore, como era de esperar, es el centro perfecto de esta película, con una interpretación que nunca deja de impresionar y que tampoco se adentra en el terreno de la sobreactuación. Es el ancla de esta película, la herramienta de equilibrio ideal cuando se la compara con Sweeney, que aquí ofrece quizá su mejor interpretación hasta la fecha, sobre todo en los momentos en que parece manipuladora, cruel y asfixiante. Gleeson también utiliza Echo Valley como un retorno a la forma, cambiando su esfuerzo francamente pobre en The Fountain of Youth por un papel de antagonista en el que le despreciarás, te parecerá frustrante y poderoso, todo al mismo tiempo. Este trío central es el alma de Echo Valley, pero el resto del reparto, principalmente Fiona Shaw, tampoco se queda atrás.
Es una película que hace honor a su idea con creces, ofreciendo un drama de calidad y tanto suspense y emoción que a veces puedes cortar la tensión con un cuchillo de mantequilla. Es incómoda de ver en algunos momentos, difícil de apartar la vista en otros, y todo ello con una duración que es un poco más larga que algunos episodios de televisión. Una vez más, puedo ser crítico con las películas de Apple TV+, pero Echo Valley es una victoria para el streamer, ya que demuestra que la acción tentpole quizás no sea siempre el camino a seguir.




