Las tensiones entre Washington y Bogotá aumentaron bruscamente después de que el presidente colombiano, Gustavo Petro, dijera que "volvería a tomar las armas" si Estados Unidos lanza una intervención militar similar a su reciente operación en Venezuela.
Hablando a bordo del Air Force One, el presidente Donald Trump acusó a Colombia de estar "dirigida por un enfermo" implicado en la producción de cocaína y dijo que una operación militar de Estados Unidos "me suena bien". Las declaraciones marcaron un giro drástico en las relaciones con un país que ha sido durante mucho tiempo uno de los socios más estrechos de Washington en la lucha contra el narcotráfico.
Petro, ex guerrillero del M-19 que más tarde se convirtió en reformador constitucional y presidente, rechazó las acusaciones calificándolas de calumnias. "No soy ilegítimo y no soy un narco", escribió en X, advirtiendo de que cualquier atentado o intento de detener al líder electo de Colombia desencadenaría una resistencia masiva. "Por la patria, volveré a tomar las armas", afirmó.
Aunque Colombia sigue siendo el mayor productor de cocaína del mundo, el comercio está controlado por grupos armados ilegales y no por el Estado. Líderes políticos de todo el espectro ideológico de Colombia han condenado las amenazas de Trump, incluso mientras el gobierno reforzaba la seguridad de Petro.