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Europa Universalis IV

Análisis de Europa Universalis IV

Alto y claro: Paradox ha conseguido hacer su juego de estrategia más grande hasta la fecha.

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Bajo la suave fachada y la presentación con clase, Europa Universalis IV es un juego brutal y furioso. Si bien mover tus piezas por el mapa de mundo del juego puede ser tan simple como coger un alfil o un peón en un tablero de ajedrez, lo cierto es que las acciones del jugador en la obra estratega de Paradox Interactive acarrean peso y consecuencia. Una pieza en el tablero puede representar a 50.000 hombres, y una decisión tomada en un segundo puede significar su muerte. Otra elección, calculada o no, podría derivar en la brutal subyugación de un pueblo, la destrucción de sus creencias religiosas o incluso la aniquilación total de una cultura. Puede que Call of Duty te permita matar gente; Europa Universalis te deja destruir países. Casi todo el rato es violencia pura y sin adulterar. Y también es enormemente divertido.

Existe una considerable barrera de entrada, todo sea dicho. El juego está planteado con una complejidad y profundidad sin parangón. Los principiantes que quieran descubrir sus encantos, primero tendrán que hacer los deberes. Completar los tutoriales. Leer los manuales. Incluso las dos primeras partidas serán una experiencia de aprendizaje, en la que se cometerán errores y se aprenderán lecciones inestimables.

Europa Universalis IV encarga a los jugadores la simple tarea de conquistar el mundo, o como poco quedarse con una buena porción del mapa. Los luchadores pueden pintar el mapa de su color, expandiéndose como un virus, mientras que los más románticos pueden intentar comerciar y crecer, maniobrar y casarse. Un elegante retrato del mundo conocido da la bienvenida a los jugadores al principio de cada partida. Según se van conquistando y explorando nuevas tierras, va creciendo el terreno de juego. La pantalla se llena de menús e iconos, cada uno con una función específica; ya sea mostrar información clave o facilitar las muchas decisiones que hay que tomar. Al principio, sinceramente, es abrumador.

Los intentos iniciales terminaron en fracaso absoluto. Alentado por experiencias previas con el genial Crusader Kings II, me puse a jugar tras un somero vistazo al manual, listo para conquistar el mundo. Terminó mucho más rápido de lo que quería, con una guerra civil haciendo jirones mi reinado y los enemigos picoteando lo que fui incapaz de defender. De vuelta a la mesa de dibujo, y otra pasada al tutorial.

La segunda prueba fue mucho más metódica. Se fue forjando un imperio lentamente. Aparecieron aliados y enemigos, se rompieron lealtades, se exploraron nuevas tierras. Comencé el proceso de conquistar las Américas, inundando sus tierras con conquistadores y colonizando a la gente indígena que conocía por el camino. Luché por Córcega, arrasé el norte de África. Sin prisa pero sin pausa, ganando confianza todo el rato. Me llevó muchas horas aclimatarme, pero una vez los menús desplegables, los mapas, los datos y las cifras comenzaron a tener sentido, fui capaz de tomar decisiones con conocimiento de causa, pero más importante, comencé de verdad a pasármelo muy bien.

Mi tercer intento fue jugando en el modo Ironman, en el que las partidas guardadas se envían a la nube, las decisiones son definitivas e irreversibles. Todo iba como la seda hasta que escogí una batalla en la que no debería haber metido las narices, y al rato me encontraba invadido y superado por una fuerza que creí tener controlada. Usando una combinación de poder terrestre y naval probé a separar a mi enemigo de Manhattan, sumándola a mi colección de colonias americanas. No lo conseguí. Al final tuve que pedir un acuerdo de paz, y los términos no eran nada agradables.

Europa Universalis IV

Se pueden explorar tantas direcciones distintas, existen tantas formas de recorrer caminos similares, que pese a las horas que he pasado jugando hasta el momento, me da la sensación de que casi ni he arañado la superficie. La longevidad de este juego es casi incalculable. Los jugadores pueden escoger de entre una amplia selección de países, sacadas de un mapa que evoluciona con el tiempo. El paisaje político va cambiando con las eras, lo que significa que adelantar una fecha de comienzo 100 años puede cambiar mucho, incluso si juegas con la misma nación.

Cada uno de los intentos mencionados representan varias horas de juego, y cada uno fue considerablemente distinto al anterior. Antes de cada partida hay que tomar algunas decisiones, una fecha de comienzo y un país. El juego ofrece sugerencias; naciones que hicieron de pivote durante momentos particulares de la historia. Puedes controlar las naciones más grandes o los principados más pequeños, aunque las opciones más familiares serán probablemente las de mayor interés para el jugador medio. Una vez escogidos lugar y año, da comienzo el juego, y los jugadores deben por fin estudiar su situación. ¿Quiénes son los vecinos? ¿Son amigos? ¿Está el pueblo contento? ¿Qué pinta tiene el tema mercantil? ¿Hay oportunidades inmediatas para expandir las fronteras del país? Toda esta información está disponible y se puede extraer de los diversos mapas y menús con un par de clics acertados.

El paso del tiempo se puede acelerar o ralentizar hasta paso de tortuga mediante el reloj en la esquina de la pantalla. Cuando pasan muchas cosas de forma concurrente -por ejemplo en tiempos en guerra- el juego se puede pausar y asignar órdenes a todos los rincones de tu imperio. Si vas demasiado rápido, corres el riesgo de pasar por alto algo importante, detalles sutiles. Si vas demasiado lento, te arriesgas a pasar toda la noche cubriendo un pequeño pedazo de historia. Cuanto más confiado me sentía con los sistemas del juego, con más frecuencia subía la velocidad para acelerar mi progreso hacia un objetivo. Por otro lado, la mayoría de errores que cometí fueron porque me movía muy rápido, ya fuera a través del tiempo o tomando decisiones a la ligera, sin considerar las opciones presentadas con suficiente cuidado.

Las situaciones del mundo real -por ejemplo la Guerra Civil Inglesa o la Inquisición Española- se presentan al jugador en momentos apropiados durante una partida. Ciertas variables se deben cumplir para que estos eventos tengan lugar, de modo que nunca parecen sacados de contexto, pero funcionan muy bien como bisagra entre el juego y la historia real.

El destino de tu nación está, en muchos sentidos, ligado a las habilidades de su mandatario. Y con eso no me refiero necesariamente al jugador. Diferentes reyes y reinas se verán bendecidos con habilidades distintas; uno será un adepto diplomático, el otro será más indicado para el arte de la guerrea, mientras que el heredero de un célebre monarca podría resultar tan útil como una tetera de chocolate. Los consejeros se pueden contratar para complementar a tus dirigentes en áreas en las que se queden cortitos, pero incluso con estos añadidos, el talento variable de los distintos líderes llevará a los jugadores por diferentes caminos. Una década podrías estar expandiéndote hacia fuera en términos de territorio, y la siguiente construyendo rutas comerciales y forjando alianzas diplomáticas, o incluso rezando por tu vida mientras la guerra civil asola tu nación.

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Según progresas por el juego se van desbloqueando varias ideas que se pueden comprar invirtiendo los puntos ganados durante tus partidas (diplomáticos, administrativos y militares). Aquí es donde el jugador puede realmente dar forma a su país con el tiempo. El sistema tiene un toque RPG. Diferentes ideas derivan en distintas mejoras y ventajas. Una idea podría ser perfecta si quieres explorar y conquistar tierras distantes, otra iría mejor con los jugadores que quieran tramar y conspirar contra los rivales vecinos. Ciertos jugadores podrían incluso verse tentados a ignorar la guerra todo lo posible, y entretenerse con la religión y el comercio.

Para los que hayan jugado a Europa Universalis III, gran parte de lo descrito hasta el momento sonará familiar. Aunque no se separa demasiado de su predecesor, muchos de los sistemas de EUIV se han visto refinados, y otros se han vuelto a escribir desde cero. El éxito de Crusader Kings II también se percibe, sobre todo en el nuevo sistema de poder del monarca, que pone aún más énfasis en los atributos de los líderes individuales, y la diplomacia también se ha visto influida por el juego de las dinastías. Como el nuevo sistema de comercio es ahora más central en la experiencia, los jugadores deberán prestar mucha más atención a los negocios de la construcción del imperio si quieren triunfar. Los eventos dinámicos añaden aún más sabor a la receta, y cuando se combinan con las ideas únicas de las naciones, es más fácil percibir una sensación fuerte de identidad nacional.

Por supuesto está luego el multijugador, si prefieres luchar contra otro en lugar de la IA. Otra función muy buena es el convertidor de partidas guardadas de Crusader Kings II, lo que permite a jugadores con una partida de CKII traspasar su dinastía al comienzo de la línea temporal de EUIV (en 1444). Debo confesar que mis intentos de pasar corriendo por una partida guardada para convertirla no salieron según los planes (de hecho terminaron en desastre), pero tener la posibilidad de fusionar los dos juegos efectivamente es algo bienvenido. Puede llevar un tiempo, pero pienso llegar a ver una partida desde el comienzo más temprano de Crusader Kings II, todo el camino hasta el final de Europa Universalis IV. Cuando lo miras desde esa perspectiva, la escala que ofrecen los juegos de Paradox da vértigo.

También lo da un poco el pico de dificultad inicial, cuando se presentan los sistemas del juego por vez primera. Es una nuez que cuesta abrir, y pocos lo harán hasta que pasen dos o tres horas. Sin embargo, los que le pongan empeño, o lleguen con cierto conocimiento de cómo hace Paradox sus juegos de estrategia, encontrarán aquí una experiencia maravillosa y envolvente. Es uno de esos juegos que pueden tragarse una noche entera sin que te enteres, regalando al jugador una vista borrosa y una cabeza llena de historias propias cuando sale el sol. Es profundo y complejo, pero no deja de ser intuitivo, y el rango de opciones abiertas al jugador deja variedad y duración. En general podría faltarle parte de la personalidad de Crusader Kings II, pero tiene tantas cosas que los fans de la estrategia tienen juego para horas, años, eras. Recomendado tanto para veteranos de EU como para valientes principiantes.

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09 Gamereactor España
9 / 10
+
Complejo y a la vez intuitivo. Un enorme rango de opciones. Eventos dinámicos. Mayor énfasis en las habilidades del dirigente y en la identidad de las naciones. El conversor de partidas guardadas de Crusader Kings II sirve para cubrir aún más historia.
-
Muy complejo e inicialmente confuso para los principiantes.
overall score
Media Gamereactor. ¿Qué nota le pones tú? La nota de la network es la media de las reviews de varios países

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ANÁLISIS. Autor: Mike Holmes

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