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For Honor

Análisis de For Honor

Vikingos, caballeros y samuráis protagonizan un enfrentamiento sin precedentes.

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En la previa del E3 de 2015, Ubisoft nos pilló a todos por sorpresa con algo que no suele estilarse mucho en estos tiempos. La compañía madre de juegos como Rayman Origins o Rainbow Six Siege anunció For Honor, una IP que mezcla caballeros con vikingos y samuráis con el único objetivo de pelear por ser el mejor y defender tu honor y el de los tuyos. Desde luego, a priori no suena precisamente a la invención de la pólvora; pero, detrás del conflicto bélico que plantea, del desfile de sangre, del ruidoso tumulto de guerreros y de la adrenalina de la batalla, se esconde una buena fórmula, una apuesta que promete sentar las bases de algo grande alejándose del hack 'n slash al que se suele asociar esto de repartir mandoblazos. ¿Son estas bases sólidas o se desploman como un portón ante el golpe de un ariete? Después de sumergirnos en mil y una batallas, vamos a verlo.

Si algo ha quedado claro en la historia de la humanidad es que cualquier motivo, real o no, es suficiente para iniciar una guerra o un enfrentamiento. For Honor, aunque es un juego completamente enfocado en la experiencia multijugador, cuenta con una campaña individual que comienza con un cataclismo natural. Un brutal choque de placas tectónicas lleva a la gente de todo el mundo a combatir por sobrevivir, desencadenando un conflicto bélico que se prolonga hasta los mil años de duración. La humanidad cada vez es menos humana. Vive para pelear, hasta el punto de haber olvidado por qué lo hace. Sólo quiere defenderse, atacar y masacrar al rival.

Y en medio de esta milenaria batalla entras tú, manejando a diferentes personajes en lo que parece una búsqueda de la paz. A través de una estructura lineal, desarrollada a través de niveles que componen tres campañas distintas (protagonizadas por las facciones disponibles: Caballeros, Vikingos y Samuráis) que muestran todo tipo de entornos, pruebas los diferentes estilos de lucha y descubres todas las mecánicas de combate. Porque realmente este modo no hace más que enmascarar su función real: hacer de tutorial expandido. Su trama es simple, y la variedad de misiones a cumplir es escasa, lo que no impide que haya momentos impactantes y crudos, sobre todo en los combates contra jefes. Se echan en falta un mayor tinte épico, una trama que no sea sólo un justificante para matar y matar; aunque sabemos que todo esto no es más que una mera floritura de lo que de verdad interesa: sacar al lobo que llevas dentro y pelear hasta acabar con el último de tus enemigos.

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No sorprende para nada ver que Ubisoft muestre tanto mimo por el sistema de combate como para bautizarlo como un arte. El 'Art of Battle', lo que en la lengua de Cervantes se traduce como Arte de Batalla, es el verdadero motivo por el que todos estábamos interesados en saber de For Honor, y cumple con lo que prometía.
Los combates suelen desarrollarse en lugares plagados de luchadores, muchos de ellos meros soldados de papel a los que derribas con un impacto, pero la clave está en ese mágico momento en el que te encuentras a otro guerrero de tu calibre. Ese cruce de miradas con el que sabes que se avecina el instante de sacar a relucir tu luchador interior. Sólo puede quedar uno, y eso se nota desde que fijas la cámara a golpe de botón, comienzas a medir cada una de las pulsaciones y, sobre todo, a controlar hasta el último milímetro de espacio que hay entre tú y tu enemigo. Reflejos, paciencia y autocontrol.

Para este cruce de armas, tenemos a nuestra disposición toda una amalgama de movimientos concentrados en pocos comandos. Con nuestro objetivo fijado, debemos establecer nuestra guardia en cualquiera de las tres direcciones posibles tanto para golpear como para defendernos, algo a lo que ayuda la interfaz del juego indicando tanto nuestra postura como la de nuestro contrincante y que se puede quitar si buscas una experiencia mucho más realista. Por otra parte, atacar se puede hacer de forma rápida o lenta (R1 o R2). Con estos botones se pueden realizar una serie de pequeñas combinaciones de golpes a las que también hay que sumar la posibilidad de romper la defensa del rival e incluso agarrarlo o lanzarlo para ganar espacio, algo muy útil dado que las distancias cortas están a la orden del día aquí.

Esto supone el núcleo, el corazón de For Honor, y funciona francamente bien; pero necesita de algo más para que la experiencia de juego no se reduzca a una adrenalínico cóctel de gritos, improperios y espadazos/hachazos/mazazos. Ahí entran las Proezas, una serie de habilidades que ofrecen ventajas muy importantes (desbloqueables como racha de bajas en el multijugador), el modo Venganza, que mejora todas tus estadísticas durante unos instantes, e incluso el propio entorno, pues puedes arrojar a tus enemigos a acantilados u otros accidentes geográficos. Estos añadidos, que van desde mecánicas imposibles fuera de un videojuego hasta algo tan natural como es aprovechar la orografía a tu favor, sirven para darle el añadido necesario a las mecánicas de combate para que funcionen y posean una curva de aprendizaje más que notable. Aquí, como en la guerra, se nota quién lleva más muertos a sus espaldas.

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El otro gran engranaje que hace que este título funcione es su modo multijugador. En la denominada como Guerra de Facciones tu papel es defender al bando que elijas al principio (a recordar: Caballeros, Vikingos o Samuráis) en un conflicto mundial dividido en sesiones. Cada una de estas tres grandes razas, de las que forman parte jugadores de todo el globo, busca conquistar los diferentes territorios, y el transcurso de estas conquistas influirá en el futuro del juego. En manos de cada uno queda tomarse esto con mayor o menor seriedad; aunque, si eres de los que no quieren perder ni jugando a las canicas, vas a querer darlo todo para que tu bando controle todo lo que pueda.

Esta conquista se esconde tras los diferentes modos de juego en los que se divide la experiencia online: Dominio, Duelo y Pelea y Combate a Muerte. Cada uno de ellos tiene sus propias subdivisiones y mecánicas, basadas en la experiencia multijugador tradicional pasada por este toque medieval que habita en For Honor. Dominio, es el típico choque de equipos (de 4 jugadores) por controlar puntos de un mapeado; Combate a Muerte se divide en Eliminación, donde no hay posibilidad de renacer una vez caído (salvo que un aliado te reviva), y Escaramuza, si has jugado alguna vez a un Team Deathmatch sabes de sobra lo que te espera aquí. El último, Duelo y Pelea es el más disfrutable para el que busque medir sus fuerzas de la manera más justa. Es un uno contra uno en el que el dominio del arma y del personaje es fundamental y, sin ninguna duda, es el que mejor aprovecha ese Art of Battle del que Ubisoft puede estar orgullosa.

Por la parte del jugador se añade también la posibilidad de equipar, personalizar y elegir entre diferentes tipos de héroes desbloqueables pagando con Acero, la moneda del juego. Cada uno maneja armas diferentes, además de contar con estadísticas que requieren formas distintas de jugar, más o menos exigentes, y se puede personalizar tanto de manera estética como funcional. Ya sea consiguiendo diferentes Proezas, adquiribles previo pago o subiendo de nivel; como equipamiento para nuestro personaje, podemos elaborar un avatar a nuestra medida. Es bueno ver que, aquí, el equipo de desarrollo se ha preocupado por la balanza de ventajas y desventajas de cada héroe para que no haya desequilibrio; sin embargo, el hecho de poder pagar para conseguir experiencia y obtener mejoras de peso amenaza con romper este delicado equilibrio. Los micropagos, que los hay, pueden suponer una brecha demasiado grande entre jugadores.

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En cuanto a la conexión, al menos en nuestra experiencia, hemos notado algunos problemas. El 'matchmaking' a veces es demasiado lento, y el hecho de depender de un usuario para que haga de anfitrión, y sobre todo de su conexión, es algo capaz de cargarse la sesión de juego. Pero, por ahora no ha supuesto algo grave en nuestras sesiones online. Lo que sí podemos reprocharle a For Honor es que basa su multijugador en unos modos más que manidos en esto de la competición online. Teniendo a tu disposición, por ejemplo, a caballeros de la Edad Media, ¿por qué no implementar un asalto a un castillo con diferentes objetivos?

Lo que no se le puede reprochar a For Honor es todo lo relacionado con el plano técnico. Aquí, Ubisoft Montreal ha ejercido una labor excelsa recreando tropas, armamento y entornos de todo tipo. Gráficamente sobresaliente, con una tasa de cuadros en la que no hemos podido apreciar caídas (jugando en la versión de PS4), y también con un trabajo de animación que no podemos pasar por alto. Siendo el lenguaje no verbal tan importante en un juego en el que los combates en la distancia corta son fundamentales, fallar en este punto habría sido un error garrafal; pero podéis estar tranquilos, la resolución es casi perfecta. Aunque no se puede decir lo mismo desde el punto de vista musical; las melodías son acompañamientos suaves que no destacan, pero, a su favor tiene un buen trabajo de sonido que sirve para sumergir en la batalla, y un doblaje que, si bien no termina de encajar con la gesticulación de los personajes, está perfectamente llevado al castellano.

For Honor es un juego exigente, que sabe plasmar ese toque hasta coreográfico de los combates cuerpo a cuerpo y que requiere volcar casi todos tus sentidos en él. El Art of Battle ofrece una mecánica de juego a prueba de bombas, y es innegable que entra por los ojos. ¿Lo malo?, que si no te van los juegos online, esta sanguinaria confrontación entre caballeros, vikingos y samuráis no es para ti.

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08 Gamereactor España
8 / 10
+
El Art of Battle, un acabado gráfico envidiable, buen equilibrio entre los diferentes personajes.
-
Los micropagos pueden ser peligrosos, lentitud a la hora de encontrar partidas, echamos en falta una campaña algo más elaborada.
overall score
Media Gamereactor. ¿Qué nota le pones tú? La nota de la network es la media de las reviews de varios países

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