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Reseña de Gadget

Nintendo Switch - análisis de salida

Innovación, tacto, versatilidad, flexibilidad y un hardware de gran calidad e irresistible atractivo. Bienvenido a la nueva generación híbrida de Nintendo.

  • Texto: Redacción

La aventura de Nintendo por la industria del videojuego, uno de los viajes más largos del sector, siempre ha sido una interesante serie de subidas y bajadas, de cimas y cuestas abajo. Siguiendo un camino propio y buscando ideas diferentes, el riesgo ha estado en muchas de sus propuestas, con el fracaso nunca demasiado lejos del mayor de los éxitos. Tras definir la escena consolera después de la era Atari en los Estados Unidos, la compañía de Kioto ha permanecido siempre en la primera línea, si bien no siempre como líder, y con algún que otro tropiezo sonado. Además, desde mediados de la década pasada, la compañía decidió aumentar esa apuesta por la innovación en juego y hardware, abandonando la carrera de la potencia gráfica dominada por los gigantes multimedia. En este vaivén de aciertos y experimentos, su última máquina de sobremesa dejó a Nintendo en una posición algo precaria. La nueva Switch debe funcionar donde Wii U fracasó en los sistemas de sobremesa (y de paso, parece, continuar el éxito portátil de Nintendo 3DS), de modo que la compañía se juega el doble o nada.

Con todo esto en mente, Nintendo pone esta semana en las tiendas la que es quizá la consola más innovadora de su historia (lo que, viendo sus inventos constantes, ya es decir muchísimo). Nintendo Switch ofrece una atractiva combinación de funciones y características ingeniosas y un satisfactorio diseño, todo en un diseño tan fácil de usar como repleto de potencial y posibilidades. La unidad principal, formada por la mini-consola con pantalla y los dos mandos Joy-Con acoplados, muestra una impresionante calidad de construcción y acabado. Parece mucho más un valioso gadget, un preciado dispositivo de 'gear' que una consola para jugar, más si lo comparas con las anteriores máquinas de Nintendo. Es fina, atractiva, resistente, te dan ganas de cogerla, tocarla y jugar. De llevarla contigo o de ponerla delante de la tele. De enseñarla a tus amigos. A su manera, es un verdadero salto evolutivo en cuanto a diseño y 'appeal', como una Game Boy mejorada para el siglo XXI, algo que no consiguieron ni Wii y Wii U (pese al estilo Apple de la primera), ni DS y 3DS.

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Un jugador puede interactuar con Nintendo Switch de dos formas principalmente, pero luego cada una presenta ciertas variantes que se pueden personalizar para cada situación concreta. Cuando está reposando en su base de carga llamada Dock, mandando la imagen a la TV mediante el cable HDMI incluido y poniendo la potencia al máximo, una Switch es una consola de sobremesa tradicional al uso. Sin embargo, en cuanto la levantas de su cómodo pero innegablemente plástico stand, te puedes llevar el dispositivo donde quieras, y ahí también te ofrece distintas formas de juego.

Jugar en una tablet no es nada nuevo, ni hacerlo en una consola portátil, subsector que, eso sí, Nintendo ha dominado con cada una de sus máquinas. Pero el caso es que esa experiencia viene aquí fusionada con el que es verdaderamente el mayor avance generacional de Nintendo, los excelentes mandos Joy-Con. Podían parecer secundarios o 'tapados' frente al concepto central de hacer 'switch', dar un chasquido y cambiar de jugar en la tele a hacerlo en el parque, pero en realidad son estos minúsculos mandos, que caben en la palma de tu mano y se pueden acoplar a cada lado de la unidad central del hardware, los que transforman esa experiencia. Con ellos tienes una portátil puntera, de última generación, con todas las funciones deseables y más. Y luego los puedes quitar de la pantalla y acoplarlos al soporte Grip incluido para montar un mando más tradicional. Finalmente también puedes sacar la patita trasera que lleva la pantalla y jugar como lo harías en la TV, usando los Joy-Con como un solo mando para experiencias en solitario como Zelda -ya sea unidos o separando cada uno en una mano, una opción que resulta cómoda a algunos usuarios- o pasarle un Joy-Con a un amigo para disfrutar fácilmente del multijugador local, pues resulta que cada mandito también funciona como un mando completo si lo pones en horizontal. Y no hay que olvidar que la unidad viene con una pantalla táctil capacitiva de una gran respuesta. Dicho así, son una barbaridad de opciones ya de serie, incluidas en la caja, y también puedes comprar un mando Pro Controller por separado para añadir precisión y ergonomía a las sesiones de juego más largas en el salón.

Por tanto, si Nintendo Switch va a triunfar -y así lo esperamos, como con cada lanzamiento- será por su flexibilidad sin parangón, algo a sumar ahora a la baza habitual de Nintendo con sus juegos exclusivos y sus franquicias propias, que siempre son la envidia de la competencia. Durante los varios días y muchas horas que llevamos con ella, no hemos dejado de sorprendernos e impresionarnos con el hardware, disfrutando de The Legend of Zelda: Breath of the Wild (que probablemente se recordará entre los mejores juegos de lanzamiento de todos los tiempos) en la TV del salón y de igual modo en formato portátil por la casa, o incluso en el tren y en nuestra cafetería favorita. Dondequiera que estés, el hardware y su concepto, simplemente, funcionan genial.

Dicho esto, tampoco es la consola perfecta, y la flexibilidad siempre tiene un precio: un rendimiento (o una potencia) limitado. Nintendo Switch simplemente no puede alcanzar la capacidad de proceso y cálculo que ofrecen máquinas diez veces más grandes como PS4 y Xbox One, y hablando de sus versiones básicas y no de las hormonadas PS4 Pro o la próxima Project Scorpio. Era impensable que Switch fuera a alcanzar la misma potencia, pero siempre cabía esperar algo más cercano (aunque todavía habrá que esperar para ver cuánto da de sí en juegos multiplataforma bien adaptados). En otras palabras, no deberías comprar una Switch si quieres jugar a las últimas súper-producciones a todo detalle en 4K en tu tele; hazlo si buscas la gran novedad de su juego híbrido y de sus mandos, y si te va conquistando la máquina y su catálogo. De hecho, pese a salir con más resolución y detalle que en modo portátil, Zelda ya se ve algo borroso y basto en una 4KTV, dadas las circunstancias. Si lo que más te importa de todo es la potencia no te vamos a decir eso de "pues cómprate un PC de gaming", pero hablando de consolas ten claro que el hardware más fuerte no puede caber entre tus manos, y menos al precio que se vende Switch. Si la consideras en otros términos, si ves su versatilidad y sus diversos ganchos como consola portátil y de sobremesa, te será difícil no sentir esa atracción. A fin de cuentas, es una cuestión de perspectiva, costumbres e intereses.

La flexibilidad de la premisa híbrida se ve facilitada con los Joy-Con. Los puedes deslizar para acoplarlos y sacarlos de ambos lados de la unidad central con la pantalla, mediante un gesto muy sencillo y un 'clic' sorprendentemente gratificante que se ha convertido en una de las señas de identidad de Switch. Con el gesto de sacar la pantalla y/o encajarle los manditos, la unidad se convierte en una potente consola portátil con una brillante pantalla LCD multitáctil capacitiva de 6,2 pulgadas, con una resolución de 720p (720 píxeles de alto, imagen progresiva). Quizá la pantalla resulta demasiado reflectante y al aire libre hay que buscar el mejor ángulo, pero el diseño brillo en lugar de mate convencen más en otros términos. Y gracias a las muchísimas características y funciones de cada mando, Nintendo ha otorgado a los desarrolladores una amalgama de fórmulas de juego para experimentar y potenciar la experiencia, algo que esperamos exploten en los próximos años con un catálogo único y variado.

No podemos olvidar, de todas estas características de los mandos, la que más alucina cuando la pruebas, que casi no se puede explicar con palabras. Hablamos del Rumble HD o Vibración HD, la magia de Nintendo Switch. Esta nueva y minúscula tecnología de vibración tiene tanta definición y matices, y ofrece tantas sensaciones tridimensionales en las manos, que Nintendo decidió hacer los casi 30 minijuegos de 1-2-Switch para presumir de sensibilidad. El Joy-Con R, el derecho, también añade una cámara de infrarrojos para medir distancias y gestos, y un sensor NFC para conectar muñecos Amiibo. Ambos Joy-Con, L y R, cuentan con unos sensores giroscópicos de nueva generación, permitiendo un control por movimiento más preciso que el de Wii, Wii U o 3DS, según nuestras pruebas. Cuando los separas y los pones en horizontal en lo que llamamos "modo NES" para echar una partida a dobles, su diseño simétrico permite contar con todos los controles básicos, pero también requiere cierta adaptación. Aun así, dados los tamaños, son soluciones muy ingeniosas para estas partidillas en cualquier lugar.

Si encajas ambos Joy-Con en el soporte que viene en la caja, te montas un mando bastante tradicional y que funciona bastante bien, siempre teniendo en cuenta que la opción Pro Controller (no incluido) es la mejor para largas sesiones. Con este montaje en el soporte Grip hemos tenido algún problema de sincronización con el Joy-Con izquierdo, y también notamos que el agarre es algo más endeble debido al material del soporte, pero es una solución práctica, ligera y, de nuevo, que funciona.

Las diversas opciones de control contrastan con la sencillez del diseño, lo que invita constantemente a meter y sacar la consola del stand, hacer lo mismo con los mandos, y probar qué forma de juego te apetece en cada momento y situación. Es un truco divertido en sí mismo, y cuyo atractivo no se pasa con los días. Cuando estás jugando por ahí, fuera de casa, puedes notar el ahorro en energía y rendimiento, pues ya no estás conectado a la corriente, sino que dependes de la batería interna. Es generosa, pero no te dará mucho más de 3 horas de juego a tope con un título como Zelda (todo esto depende de la carga de CPU y GPU, del brillo de la pantalla, etc). Pero lo bueno, buenísimo, es que jugar en modo portátil en cualquier lugar no se traduce en una experiencia de inferior calidad, ni merma prácticamente las opciones de control, ahora que por fin cuentas con sticks analógicos completos y todas las demás posibilidades. Por ejemplo, Breath of the Wild no sufre una caída notable en cuestiones de rendimiento (si bien la imagen es de menor detalle) cuando te lo llevas por ahí, y se ve precioso en la pantalla pequeña (hay quien dice que se ve mejor que en la TV, por aquello de que la densidad y el tamaño enmascaran las imperfecciones, mientras que en la tele se ve con mayor resolución y detalle, pero también delatando las debilidades). Todo esto vuelve a arrojar dudas sobre la potencia real de la máquina y cuánto jugo se le puede sacar en el futuro (recordemos que hablamos de un juego que viene de Wii U y de un hardware de arquitectura muy distinta), pero que en modo portátil pueda mostrar estos gráficos ya habla de una máquina portable muy fuerte y por encima de la última sobremesa de Nintendo.