Hungría ha puesto un gasoducto bajo protección militar tras el hallazgo de explosivos cerca de la frontera con Serbia, intensificando las tensiones políticas días antes de unas elecciones muy reñidas.
El primer ministro, Viktor Orbán, anunció la medida tras visitar el lugar, calificando el gasoducto de "línea de vida" para el país y subrayando la necesidad de proteger las infraestructuras energéticas críticas. La ruta transporta gas natural ruso a Hungría y más allá, lo que la hace estratégicamente vital.
El incidente se ha politizado rápidamente. El opositor Péter Magyar acusó al gobierno de montar una posible operación de "falsa bandera" para influir en los votantes, una afirmación que Orbán no ha abordado directamente.
Funcionarios del gobierno han insinuado en cambio una posible implicación extranjera, incluida Ucrania, acusación firmemente negada por Ucrania, que sugirió que el incidente podría ser en sí mismo una provocación dirigida por Rusia.
La situación se suma a un clima preelectoral ya de por sí volátil, en el que las encuestas indican que Orbán se enfrenta a uno de sus retos más difíciles desde que llegó al poder en 2010. Los disturbios coinciden también con una visita de JD Vance, lo que subraya la atención internacional sobre la dirección política de Hungría.
Con narrativas contrapuestas y sin conclusiones claras, el incidente del oleoducto se ha convertido en un punto focal de una lucha más amplia sobre el futuro del liderazgo de Hungría.