El mercado de componentes electrónicos sigue convulso, y no parece que las disputan vayan a terminar. Si el coste de las tarjetas gráficas y de las memorias NAND flash lleva un tiempo disparado por el exceso de demanda, provocado en un caso por la fiebre del Bitcoin y en el otro por el cambio de soporte generalizado y su foco en los móviles, ahora podríamos estar una batalla en el terreno de los semiconductores. El origen, las políticas de proteccionismo económico anunciadas por Donald Trump, presidente de Estados Unidos.
El plan de reindustrialización puesto en marcha incluye medidas de encarecimiento de las importaciones, como un arancel del 25% a este tipo de productos de origen chino para fomentar la fabricación interna (que no salga más barato comprar que producirlo en el país). Una decisión que ve muy negativamente Semiconductor Industry Association (SIA), como recoge The Wall Street Journal, debido a la globalización de la cadena de producción. El diseño de muchos chips es estadounidense, pero el ensamblaje se hace mayoritariamente en China.
El golpe será especialmente duro para AMD, ya que no dispone de ninguna fábrica en territorio local y delega toda su producción en GlobalFoundries. Intel, en cambio, sí posee algunas instalaciones en terreno nacional, aunque la mayor parte de su producto también es de fabricación externa y no podría satisfacer por completo la demanda mundial. De momento y con una pirueta legal que bien podría parecer una demostración de fuerza, la guerra comercial ya ha dejado una víctima de entidad, el fabricante ZTE, al que se ha prohibido la importación de procesadores Qualcomm bajo la acusación de colaborar con el gobierno chino, dejando a sus teléfonos huérfanos.
El cambio en la política de liberalización económica y de globalización en la producción por parte de la primera economía mundial tendrá consecuencias. La administración Trump espera que las compañías abran fábricas nacionales para mantener el proceso completo en el país, aunque suponga un aumento del coste, y suministrar a partir de ahí. La reacción del resto del mundo está por verse, ya que China no dejará de ser un motor de producción a la busca de un timón, unos diseñadores capaces de aprovechar esas instalaciones.
De hecho, la primera respuesta del gobierno chino fue el anuncio de una rebaja de tasas interna. Este plan liberaría a las compañías del pago del impuesto de sociedades entre dos y cinco años. Su intención es fomentar así la transición a la independencia en este sector, pues el plan nacional era convertirse en líder mundial en la próxima década. Suministrar al mundo entero sin tener que pasar por Estados Unidos ni dejar allí beneficios repatriados.
La repercusión para los videojuegos es directa. AMD es el suministrador principal de chips para Sony y Microsoft, y se especula que ya está trabajando en PlayStation 5. El precio de venta del hardware podría depender, y mucho, de si Trump firma finalmente esta legislación de aranceles.