Jazzpunk es gracioso y curioso. En ocasiones, provoca carcajadas. Tiene más guiños que un intento de seducción y más homenajes que una película de los Monty Python. Aparentemente es una parodia sobre el espionaje en la Guerra Fría, pero en realidad su margen de actuación abarca los videojuegos en general. Puede que no sea demasiado consistente, aunque suele dar en el blanco cada vez que dispara.
Si bien a Jazzpunk le queda bien la etiqueta de "juego", fundamentalmente se trata de una comedia que en el mejor de los casos quedaría clasificada junto a películas como Aterriza Como Puedas o Agárralo Como Puedas. Gran parte del juego lo percibes en lugar de formar parte activa de su desarrollo, y muchas de las actividades son meras miguitas de pan que hay que seguir mientras vas de cabeza a la culminación del siguiente chiste. La razón por la que Jazzpunk funciona y triunfa es simple; todo esto no evita que sea divertido. Es un placer consistente durante las pocas horas que dura la historia.
Esa historia se despliega desde una perspectiva en primera persona, y en dos niveles. Un nivel se burla del espionaje, tocando el hueso de la risa de los fans de las películas de James Bond 007 y otras por el estilo, mientras que la otra va a por el mundo de la tecnología y los videojuegos. Los chistes sobre espías están bastante machacados y se hacen evidentes inmediatamente, mientras que una letanía de 'gags' de 'geeks' y 'coñas' breves burbujea bajo la superficie, haciendo de una sub-trama de comedia bajo el relato principal del juego.
El jugador se pone en el papel de Polyblank, un agente que recibe órdenes de un personaje al más puro estilo M llamado The Director. Nos envían a cumplir un puñado de misiones espía con una buena inyección de paranoia de la Guerra Fría. Para completarlas a veces hace falta rascarse un poco la mollera, pero los puzles que te separan del éxito son más bien facilones. El verdadero disfrute viene de la exploración y la investigación.
Es mediante el escrutinio de cada rincón del juego que la calidad de Jazzpunk se revela en todo su esplendor. Minijuegos acechan en los lugares más insospechados. Los personajes flotan, esperando pronunciar chistes, bromas y juegos de palabras ante aquellos que salen en su busca. La distancia entre el principio y el final de la aventura es corta, pero el contenido es sorprendentemente profundo, tanto que para absorber la experiencia al completo y como es debido, probablemente quieras echar una segunda vuelta cuando lo termines (aunque lo recomendable puede ser esperar un tiempo para repetir, lo suficiente como para que los chistes vuelvan a un estado cercano a la frescura).
Quitando la multitud de frases echas y 'coñas', como mencionamos existen diversos minijuegos que también mantienen las risas y sonrisas mientras te los pasas. Un ejemplo notable es Wedding Qake, un FPS que (literalmente) casa el clásico de Id con un mundo de celebraciones y tartas nupciales. Si descorchas una botella de cava cuerpo a cuerpo te cargas a un rival de un tiro, mientras que el deseado pastel rosáceo esparce una ráfaga de proyectiles letales. Es un pasatiempo divertido, y que de hecho se puede volver a jugar una vez han pasado los créditos, desde el menú principal.


Hay más, pero no queremos destriparlo aquí, porque lo mejor es descubrirlo todo de primeras y personalmente, al igual que la mayoría de personajes que conocerás por el camino. Preferimos quedarnos cortos por precavidos y contarte lo mínimo posible, porque la principal diversión de Jazzpunk surge de encontrar estas pequeñas extravagancias por uno mismo.
El estilo visual del juego refuerza los elementos narrativos descritos más arriba. Desmañados personajes con gruesos trazos negros de reborde flotan por los distintos escenarios; espacios digitales cada uno inspirado estéticamente en los temas fijados como parte de los fundamentos conceptuales del juego. La tecnología reside bajo la superficie de cada broma y personaje; el juego va sucediendo en una especie de mundo alternativo de hace 50 años repleto de robots. Desde los créditos del principio hasta los del final, se trata de un estilo cohesivo que sujeta el conjunto.
Como es de esperar dado su título, el audio cimienta aún más los credenciales de Jazzpunk. Un extraño efecto de distorsión se aplica a casi toda la actuación vocal otorgando un estilo grave y distintivo, y el diálogo entre los personajes es tan cómico como bien interpretado. La banda sonora recuerda a la época que está siendo parodiada; encaja como un guante y acentúa el ambiente apropiadamente.
Sin embargo, no es una joya sin defectos, sino más bien un diamante en bruto. Si bien hay mucho que admirar en el guión y en la forma de ejecutar los muchos remates de los chistes, algunos siguen pareciendo tan planos como una tabla. Por supuesto esta es una valoración completamente subjetiva, y como empezábamos, la mayoría de los 'gags' dan en el clavo, por lo que es más una observación que una crítica. Si te gustó la sutileza del genial The Stanley Parable, o incluso el relato más atrevido pero también repleto de parodias de Far Cry 3: Blood Dragon, es fácil que este juego también te guste.
Porque Jazzpunk tiene su buena ración de diversión y extravagancia. Pero mientras que un point-and-click suele poner el humor sobre la mesa como un estándar, y aunque el juego de Necrophone comparte muchas de las señas de identidad de un juego típico de aventura, los puzles no tienen la chicha suficiente como para caer en el mismo saco. En lugar de eso se queda solo, como una aventura de comedia en primera persona que dispara 'coñas' en lugar de balas, que recompensa al jugador por una exploración concienzuda en vez de por su habilidad y destreza. En realidad, es una serie de frases hechas, tontadas y chistes bien contados. Homenaje y parodia en partes iguales para dar con un producto final redondo. Si bien puede que no gane ningún premio por su innovación, conceptualmente es un juego muy bueno; intencionado, afilado y que merece que lo espíes entre risas.

