Los juegos exclusivos de una consola ‘next-gen' tienen que cumplir las altísimas expectativas de los futuros compradores, marcando la diferencia entre un sistema y otro. Ryse puede presumir de atender esta premisa al dedillo, pues muestra un apartado gráfico bastante impactante para ser un juego de la primera hornada, además haciendo uso de características propias de Xbox One como SmartGlass. Sin embargo, la experiencia de juego no está tan depurada y no tarda en convertirse en algo monótono, dejando al jugador con la duda de si está frente a un juego real o una demo técnica más larga de lo habitual. Otro caso más de mucho mirar y poco jugar y la mayor decepción de salida de la nueva consola, encima firmada por Crytek.
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