La erupción de un volcán submarino frente a Papúa Nueva Guinea pone en peligro el suministro de agua y alimentos en la zona "durante meses, o años"
La piedra pómez sigue emergiendo del lecho marino en erupción, imposibilitando el uso de embarcaciones a motor, transporte de mercancías y personas en asentamientos remotos.
El pasado 8 de mayo se declaró una erupción submarina a unos 125 kilómetros al sureste de Papúa Nueva Guinea, lanzando piedra pómez flotante y agua descolorida por el océano. Esas balsas de piedra, de hasta dos metros de profundidad, bloquean las embarcaciones y dañan seriamente los caladeros de pesca de la zona, principal fuente de alimento para su población.
Según informan desde Reuters, los arrecifes han quedado cubiertos y el transporte marítimo a la capital de la provincia, Lorengau, se ha visto interrumpido. Los residentes afirman que tienen dificultades para realizar tareas básicas diarias, como pescar para alimentarse y desplazarse a Lorengau para obtener suministros y servicios. "Primero se acabará la comida y luego el agua", temen los dirigentes en Timoenai, un asentamiento de 800 personas costero. "La gente tampoco puede permitirse comprar comida porque vende pescado para conseguir dinero."
Las balsas pueden tardar "meses o incluso años" en hundirse después de ser inundadas por las corrientes marinas y las mareas. La población, ante la falta de respuesta gubernamental, ha empezado a organizar batidas para retirar tanta piedra pómez como sea posible y así evitar daños a largo plazo en las zonas de pesca. Mientras, la erupción continúa.
