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Mad Max - primeras impresiones

Hemos viajado a Estocolmo para jugar un par de horas al próximo trabajo de los creadores de Just Cause.

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Lo primero que me sorprendió cuando vi Mad Max en movimiento fue el maravilloso mundo en el que se desarrolla el juego. Está claro que los de Avalanche Studios han dado en el clavo con la ambientación posapocalíptica a la hora diseñar los escenarios por los que se mueve el venerado antihéroe Max Rockatansky. Nos encontramos en una tierra con vastos desiertos y un océano seco, llenos de ruinas y cadáveres de una época pasada. Los violentos días se convierten en peligrosas noches, el tiempo cambia y las tormentas vienen y van mientras vagamos por un páramo que parece extenderse hasta el infinito.

El mundo es considerablemente grande, y durante las dos horas y media que pasé jugando pude recorrer casi la mitad del mapa. Este es, junto con Just Cause 3 (clic para impresiones), el segundo título de mundo abierto que lanza Avalanche Studios este año. Sin embargo, las localizaciones de Mad Max poco tienen que ver con los coloridos escenarios de la tercera entrega de Just Cause. En esta ocasión, el estudio ha optado por ambientes mucho más polvorientos y terrosos, con una belleza más 'sucia' que, por supuesto, encaja a la perfección con el argumento.

Al comenzar el juego, un grupo de saqueadores le roban a Max su famoso vehículo, el V8 Interceptor, y lo dejan en pleno desierto, condenado a una muerte segura. Afortunadamente, el destino tiene otros planes para nuestro antihéroe, que se alía con Chumbucket, un mecánico deforme e ingenioso que pretende fabricar el coche más increíble que jamás haya existido: el Magnum Opus. Sin embargo, antes de crearlo deberán derrotar al malvado caudillo Scrotum (sic.), que gobierna el desierto con mano de hierro desde su base maligna, situada en una enorme refinería.

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Los de Avalanche nos han explicado que esta vez querían alejarse un poco del enfoque de la serie Just Cause y centrarse más en la historia, pero también han puntualizado que Mad Max no deja ser un título de Avalanche, por lo que el argumento nunca será el elemento central del juego. Todos los lugares están integrados con el estilo 'sandbox' y todas las posibilidades que derivan de su mundo abierto. Por supuesto, lo que abre el mapa son las misiones, cuyo diseño me recuerda al de muchos otros títulos del género, como Sombras de Mordor. En ocasiones, nuestro objetivo será, por ejemplo, reducir la amenaza sobre una zona destruyendo bases, matando a personajes concretos o derribando los espantapájaros colocados por Scrotum, pero también tendremos que realizar tareas aburridas del estilo 've allí y coge esto'. Desgraciadamente, la mayoría de las misiones en las que pude conducir eran de este último tipo, y más de una vez me sorprendí a mí mismo bostezado. Sinceramente, espero que el juego ofrezca algo un poquito más emocionante a medida que avanza la historia. ¿Y alguien se acuerda de Rage?

De todos modos, en Mad Max hay mucho más que hacer aparte de completar misiones principales y secundarias. Por lo que he podido ver hasta ahora, también podremos perseguir y destruir los largos y peligrosos convoyes, participar en carreras mortales o asaltar bases en las que tendremos que hacer frente a los matones y subjefes. El sistema de combate se parece bastante al de los últimos juegos de Batman, con la diferencia de que resulta mucho más violento y escoger el momento justo para atacar es fundamental si queremos derrotar a los malos de la cadena de montaje. Por otra parte, la munición para la escopeta recortada es un artículo de lujo, así que muchas veces tendremos que confiar en los puños para defendernos de los enemigos. También hay que mencionar que Max camina de una forma un poco extraña, sus animaciones son algo raras y las peleas presentan una rigidez que no encontramos en los juegos de Batman creados por Rocksteady. Esperemos que estos aspectos, al igual que la variedad de las misiones, estén un poco más pulidos en la versión final.

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En cualquier caso, la estrella principal del juego es el coche. Cuando comenzamos, nuestro vehículo no es más que un montón de chatarra oxidada, pero, poco a poco, lo iremos transformando en nuestra máquina de matar personal. Para ello, contamos con una serie de opciones de configuración que nos permiten controlar aspectos como la velocidad, la aceleración, la defensa y el manejo del coche con el objetivo de crear nuestro transporte ideal. Vale, es cierto que no contamos con tantas posibilidades como en un Gran Turismo, pero son suficientes como para que personalizar nuestra máquina resulte gratificante y entretenido. Los de Avalanche han decidido trabajar mucho con la física de los coches en Mad Max, así que tendremos que pensar muy bien lo que hacemos si queremos mantener un equilibrio.

Por ejemplo, si elegimos el chasis más pesado que haya y lo colocamos en la parte frontal, el peso será excesivo y hará que sea difícil controlar el coche. Yo mismo experimenté este problema de primera mano cuando estaba copiando y pegando para crear mi vehículo definitivo. Os puedo asegurar que no es fácil escapar de los enemigos cuando el morro del coche se hunde y no gira lo suficiente. De todas maneras, el Magnum Opus es entretenido y fácil de conducir. Da igual que nos dediquemos a matar enemigos o destruir sus coches utilizando el arpón o la escopeta, a embestir a objetos o personas con mala suerte o simplemente a ponerlo a mil: la experiencia de conducirlo siempre es dinámica y divertida.

Se podría decir que pasar el día en los estudios de Avalanche me provocó una avalancha (perdón) de sentimientos encontrados. Por una parte, han conseguido crear un mundo hermoso y extenso, un mundo que capta la esencia del material original, repleto de personajes y lugares interesantes, con una historia emocionante y opciones para personalizar nuestro vehículo que hacen que se me acelere el corazón; por la otra, los escenarios parecen vacíos e inhóspitos, y hay ciertas misiones y actividades secundarias que, además de resultar repetitivas, ya las hemos visto mil veces en otros títulos. Todavía queda hasta septiembre.

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