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Metro Exodus

Metro Exodus - impresiones de verano

Por fin se ve la luz al final del túnel para el trabajo de 4A Games y aquí recogemos nuestras sensaciones tras probarlo en el E3 y en la Gamescom.

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Metro, la franquicia de juegos basados en la serie de novelas del mismo nombre firmadas por el autor Dmitry Glukhovsky, está por fin a punto de volver a primera línea, con un nuevo trabajo del reputado estudio ucranio 4A Games, que ya se encargara de los dos aclamados títulos originales. Y decimos por fin porque ha pasado mucho tiempo: Exodus será en 2019 el primer juego del estudio desde 2013, y para compartir una visión mejor conjuntada sobre lo que os espera a los fans seis años después, combinamos aquí las impresiones recogidas con las builds mostradas por Deep Silver tanto en el E3 de Los Ángeles como en la reciente Gamescom de Colonia.

Lo primero que nos chocó en ambas sesiones, un aspecto que será protagonista en el juego final, es el páramo posapocalíptico que deberán explorar los jugadores. Una vez más en la piel del protagonista Artyom, y tras una breve pantalla de carga que no hizo más que aumentar nuestras ganas por jugar, muy pronto estábamos paseando por ese tren que cruza a toda velocidad una Rusia cubierta por la nieve. El objetivo de Artyom en primera instancia es muy simple: encontrar un hogar e instalarse con sus colegas del mundo subterráneo... en algún lugar sobre la superficie.

Ya sabéis lo que pasa con ese tren: se estrella contra una barricada descomunal organizada por hombres armados enemigos, así que como Artyom te toca derribarlos uno por uno y salir a explorar la zona desconocida en medio de la nada, todo junto a una compañera. Volviendo al páramo, el mundo de juego expandido que el nuevo Metro pone en pantalla es absolutamente alucinante, sobre todo si lo comparas con los dos primeros juegos. Metro Exodus es enorme. Abierto, pero repleto de monstruos radioactivos nucleares asesinos, cómo no.

Cuando nos familiarizamos con el nuevo mapa del juego y su disposición, y también con los controles modificados, salimos hacia la línea de costa cubierta de hielo, y por el camino conocimos el nuevo sistema de crafteo del juego. Todo indica que la fabricación tiene una gran relevancia en esta entrega, y este sistema, al igual que el mundo, también parece muy grande. Todo lo que recoges es necesario para sobrevivir, pues lo empleas para crear munición, botiquines, filtros de aire y otras necesidades. Esto puede que corte el punto un poco a los usuarios que no se piquen demasiado con la recolección de objetos aleatorios, pero a la vez tiene su punto adictivo. Y, de nuevo, la experiencia de mundo abierto no es en realidad tan libre como en otros juegos, de modo que los que agradezcáis un factor de survival más intenso, lo encontraréis aquí.

Metro Exodus

Dejado atrás el tren estrellado alcanzamos un lago helado parcialmente y decidimos cruzarlo a bordo de un bote de remos, todo mientras unas horripilantes criaturas marinas mutantes hacían 'toc-toc' en el suelo de la barca desde abajo, quizá pidiendo permiso para salir del agua helada y subirse con nosotros. Poco después surgió de la nada una grandiosa base construida sobre un conjunto de islas, por donde pasamos a través de un portón hasta algo que parecía una iglesia, momento en el que el dicho portón se cerró a nuestras espaldas sospechosamente. Una especie de sermón se escuchaba por doquier, y así empezamos a conocer al pastor que lo pronunciaba. Son una secta que aparentemente menosprecian (o más bien les aterroriza) la tecnología, de modo que tienen el objetivo vital de eliminarla del mundo, así como acabar con los que la aceptan y emplean. Dos de estos "aceptadores" son una mujer y su hija, que han sido capturadas por la secta y recluidas en la torre del campanario de la iglesia.

Aquí toca de nuevo abrirse camino a balazos, pero en el interior algunos de los supervivientes se rinden ante la amenaza -una interesante característica de Exodus- de modo que pudimos salir de la iglesia con las rehenes sin que se derramara más sangre. Además, no es una de esas aburridas misiones de escolta porque ambas terminan enviadas por delante hasta un lugar seguro. Mejor, pues de vuelta nos esperaba el ataque de uno de aquellos monstruos marinos.

Con esta "batalla contra jefe" terminaba la demo angelina, pero luego echamos otra partida en la Gamescom de Colonia.

Ya desde el principio, era una ambientación completamente distinta. Una zona árida, pantanosa, donde moran los lobos y osos mutantes. Despertamos junto a una chica perteneciente a una tribu tras recibir una paliza de una criatura, enviados a escapar de las garras de lo salvaje. En esta demo no había una historia clara para evitar spoilers, pero movernos por el nuevo paisaje nos dejó una mejor idea de cómo han conformado este mundo.

Vuelve esa idea: en lugar de ser un mundo totalmente abierto, en la segunda demo vimos más de lo que podríamos definir como mundos semiabiertos. Montones de troncos y ramas colocados convenientemente impedían el paso por aquí y por allá, recordándonos al formato del reboot de Tomb Raider con su sistema de mapas. Y también como Lara Croft, no hay que olvidar la supervivencia y recoger todos los recursos posibles para usar el sistema de fabricación. El cambio vuelve a ser que puedes obligar a las tropas a rendirse cuando te has cargado unos cuantos.

También pudimos conocer a otro miembro de la tribu, que se encontraba pescando en uno de los muelles. Cuando nos acercamos sacó su arma y nos amenazó diciendo que no éramos más que salvajes que veníamos a matar a su gente, pero cuando bajamos la nuestra cambió su actitud e hicimos un nuevo amigo. Estas decisiones aparecen de vez en cuando, indicando que las elecciones morales tienen más importancia esta ocasión. Mantener las apariencias puede jugar a tu favor...

Metro Exodus se ve y se juega genial, y los cambios y novedades que hemos visto por ahora parecen naturales y lógicos. El juego sale en febrero, así que calculamos que lo jugaremos otra vez en otra parte de la partida para ofreceros más detalles antes del lanzamiento y el consecuente análisis

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