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Phantom Fury

Análisis de Phantom Fury

Marcus ha vuelto a sumergirse en el pozo de la nostalgia y ha jugado la continuación de Slipgate Ironworks del aclamado Ion Fury.

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Adiós a lo nuevo, hola a lo clásico. Los juegos de disparos de la vieja escuela han venido para quedarse, a estas alturas está claro. Esa sensación nostálgica de los viejos tiempos, las experiencias del pasado cuando la vida quizás se sentía un poco más despreocupada y alegre. Hay poco que pueda competir con ese sentimiento de nostalgia, el cual aprovecharon muy bien algunos desarrolladores, incluyendo a la empresa danesa Slipgate Ironworks, cuyo catálogo está lleno de homenajes retromodernistas.

Ghostrunner, Rise of the Triad, Ion Fury, Graven y Kingpin Reloaded son solo algunos ejemplos de esta fusión entre tecnología moderna y nostalgia. Una receta que vuelven a utilizar con Phantom Fury, donde la insolente Bombshell se enfrenta una vez más a una corriente aparentemente interminable de escombros con aroma a los años 90. Sin embargo, mencionar únicamente el lado nostálgico de Phantom Fury sería una falta de respeto al título.

Al principio, es fácil tachar la secuela espiritual de Ion Fury de Slipgate Ironworks como otro de los muchos juegos de disparos de la vieja escuela, como un déjà vu. Pero si vas más allá y le dedicas tiempo, queda claro que tiene aspiraciones mucho mayores, ya que Phantom Fury no se conforma con simplemente replicar lo que se ha vuelto normal para el género.

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En lo que ahora es el tercer rodeo de Shelly Bombshell, hay partes de la experiencia que han sido modernizadas con mecánicas de juego que no necesariamente coinciden con los aspectos visuales de Phantom Fury. No me malinterpretes, esto no es algo negativo, solo un poco inesperado. Porque sin hacer demasiado espóiler, te das cuenta rápidamente de que los desarrolladores se han inspirado en juegos como por ejemplo Half-Life 2.

Esto es especialmente notable en los entornos, que se han vuelto más expansivos y complejos, con un enfoque claramente mayor en la interactividad. Los objetos se pueden recoger, estudiar y mover mucho más que antes, lo cual se aprovecha bien en los muchos rompecabezas que hay en el juego que te permiten descansar de tanto tiroteo, algo que se agradece. En cuanto a su presentación, Phantom Fury también es mucho más cinematográfico que los títulos anteriores del estudio, puesto que presenta secuencias tomadas o inspiradas en Hollywood.

El resultado es una experiencia visualmente espectacular, aunque ocasionalmente frustrante. A día de hoy, tiene mucho que pulir para alcanzar los niveles de su predecesor, porque a pesar de que estoy muy agradecido por lo que hicieron los juegos anteriores de Slipgate Ironworks, así como impresionado por su disposición a evolucionar en lugar de depender ciegamente de los aspectos nostálgicos, Phantom Fury deja mucho que desear.

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Aparte de su deslumbrante presentación (que vale la pena mencionar un par de veces, ya que es una referencia a la generación vudú), también encontramos un arsenal de armas sorprendentemente poco interesante y aburrido, que no tiene mucho que ofrecer en cuanto a satisfacción. Esto, junto con la capacidad de los enemigos para absorber balas como si fueran esponjas, supone un problema.

Shelly no llega a sentirse como esa "bomba" que debería ser, no hay nada que destaque y esa euforia cruda que tan a menudo se asocia con el género, carece de ella. Phantom Fury es simplemente una experiencia sin pulir con muchísimo potencial, pero que debería haber pasado un par de meses más en el horno.

La interactividad, la amplitud de la aventura y su presentación visual son absolutamente sobresalientes, y hay momentos específicos del juego donde Phantom Fury alcanza un nivel impresionante, de lo mejor que se puede encontrar en el género hoy en día. Una pieza de artesanía magnífica y una carta de amor a los días de gloria de principios de los años 2000, salpicada con una buena dosis de sensibilidades modernas; si puedes soportar los defectos mencionados y no tienes problemas con un (gran) desafío, adelante.

Personalmente, dejaré a Phantom Fury en la estantería durante unos meses para volver a probarlo en verano, donde espero que Slipgate Ironworks por fin haya tenido tiempo para equilibrar la experiencia y para mejorar la sensación del arsenal de armas relativamente sustancial del juego. Innegablemente, hay muchas características que impresionan, asombran y entretienen, incluso en el estado en el que está actualmente, casi sin pulir.

07 Gamereactor España
7 / 10
+
Mundo de juego increíble, interactividad impresionante y una estética asombrosa sin parangón.
-
Enemigos demasiado duros, sensación monótona en las armas, dificultad frustrante y niveles a veces confusos.
overall score
Media Gamereactor. ¿Qué nota le pones tú? La nota de la network es la media de las reviews de varios países

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ANÁLISIS. Autor: Marcus Persson

Marcus ha vuelto a sumergirse en el pozo de la nostalgia y ha jugado la continuación de Slipgate Ironworks del aclamado Ion Fury.



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