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Pig Eat Ball

Análisis de Pig Eat Ball

Engullir y vomitar bolas. esa es la dinámica de juego de Pig Eat Ball, y no es lo más extravagante de este indie.

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Este juego de puzles y acción desarrollado por Mommy's Best Games no se hace el interesante con un nombre épico o con segundas intenciones. Haces aquello que reza, jugar como un cerdo que ha de engullir bolas. Este título, que salió en PC en septiembre del año pasado, ahora se encuentra disponible en consolas y hemos podido probar la versión de Nintendo Switch.

Como decíamos, haremos el papel de una joven cerda con ganas de aventura llamada Princesa Arco. Su padre, el Rey Tarta -si, su cabeza es una tarta- quiere que ella de el sí quiero cuanto antes, por lo que crea los llamados Juegos Reales, consistentes en una serie de retos para encontrarle un pretendiente digno. Pero Arco no se quedará quieta y entrará a la competición creada por su padre disfrazándose de manera un poco chapucera. La trama es maravillosamente absurda, con unos diálogos que siguen esa tónica, dándonos algunos momentos desternillantes por los absurdos chistes y ocurrencias de los PNJ.

En el modo aventura hay que completar los ya mencionados Juegos Reales superando los retos que obtendremos en las conchas que se encuentran dispersas por el mapa. Y seguir el propio título del juego, engullendo todas las bolas disponibles en cada escenario, existiendo algunas variaciones de esta fórmula, como contar con límites de tiempo o salud.

Además del modo aventura, el juego nos ofrece un modo fiesta donde podremos jugar a pequeños minijuegos competitivos contra la inteligencia artificial o con hasta tres jugadores más. Esto te permite también jugar en los distintos niveles disponibles en los cinco mundos del modo aventura, pudiendo escoger el que prefieras.

Pig Eat BallPig Eat Ball

No obstante, hay algo más que podremos hacer en este extravagante juego: vomitar. Es una de las mecánicas centrales del título, que podrá darse en distintas ocasiones. Si intentas cruzar por un lugar en el que no cabes, Arco echará la papilla, llenando la arena de bolas llenas de una sustancia verde viscosa que rebotarán por todos lados. También acabarás echándolo todo si engulles de seguido más de una bola cubierta de vómito, algo que se debe tener muy en cuenta en los desafíos que dependan del tiempo, donde no podrás permitirte ir a tu bola. E incluso podrás inducirte el vómito para usar las arcadas de forma táctica en alguno de los niveles, lo que te permitirá cruzar por pasillos estrechos, ya que Arco crece en tamaño con cada bola que consume.

El modo aventura contiene alrededor de 200 niveles distintos, lo que implica que tendremos mucho por jugar a lo largo de los cinco mundos disponibles, cada uno con su temática propia. La acción no será simplemente como en un Pac-Man vitaminado durante todo el juego, si no que cada uno de los mundos introducirá novedades. Por ejemplo, en el tercero tendremos que lanzar bichos como si fueran dardos, o lanzar bolas de bolos para derribar pues eso, bolos.

Tras recolectar todas las bolas en un área determinada te las tendrás que ver en batalla con un jefe final, cada uno de ellos es un desafío algo memorable. Uno de los jefes contra el que nos batimos fue un pegote de nachos con queso que se movía mientras nos escupía nachos y salsa picante ardiendo. Creemos que eso os servirá para ver lo variado y extravagante que es el título.

Pig Eat Ball

En cada uno de los mundos -que serán estaciones espaciales- podremos encontrar series de puzles que nos recompensarán con objetos que podremos equiparnos para personalizar a Arco. Y no serán modificaciones visuales, puesto que los objetos -como cascos militares o labios de cera- afectarán a la dinámica de juego además de darnos un aspecto rematadamente estúpido. Los labios de cera, por poner un ejemplo, nos otorgan un alcance de succión mayor, pero nos harán vomitar más de lo habitual. También podremos obtener mejoras temporales, y dispondremos de un modo fácil que podremos alternar durante el juego para no frustrarnos demasiado si no podemos superar una fase.

Aquello de lo que peca Pig Eat Ball es lo repetitivo que se vuelve según jugamos. Hay que admitir que el desarrollador ofrece mecánicas nuevas constantemente para mantener al jugador enganchado, pero al fin y al cabo te verás haciendo lo mismo, succionando bolas allí y allá y tratando de no vomitarlas. La simplicidad puede ser un arma de doble filo, pues te mete en el juego sin que lo esperes y te saca de él en cuando has estado un buen rato jugando. Quizás habría sido mejor reducir ligeramente el número de niveles -recordamos que rondan los 200- para hacer que el ritmo de juego fuese un poco más razonable.

Nosotros realizamos el análisis en la versión de Switch, y encontramos que las rápidas fases son perfectas para jugar allá donde estemos en el modo portátil. Y si bien Pig Eat Ball ya lleva más de un año disponible en PC, ahora ha llegado a consolas sin el modo creación, algo que nos permitía jugar en las fases diseñadas por el resto de jugadores. Como Super Mario Maker, pero más... pintoresco. Quizás las limitaciones técnicas sean la causa.

Debido a los mandatarios con tartas por cabeza, las almejas que hablan, y los puercos que lanzan vómito, Pig Eat Ball es un juego verdaderamente estrafalario, pero es su seña de identidad. Las cosas pueden volverse repetitivas cuando juegas durante mucho tiempo seguido, y la ausencia del modo creativo en consolas nos ha decepcionado. Pero si eres capaz de tragar con todo ello, seguro que consigues sacarle hasta la última gota de ¿vómito? a este juego indie retro tan extravagante.

Pig Eat BallPig Eat Ball
07 Gamereactor España
7 / 10
+
200 pantallas es mucho para jugar. Su humor absurdo. Ideal para partidas sueltas y pasar el rato.
-
A la versión de consolas le falta el modo creativo. Se puede volver repetitivo.
overall score
Media Gamereactor. ¿Qué nota le pones tú? La nota de la network es la media de las reviews de varios países

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ANÁLISIS. Autor: Kieran Harris

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