PEGI es un código informativo creado en la Unión Europea y adoptado por la mayoría de países del territorio para ofrecer a consumidores y, especialmente, a padres y tutores información clara, fiable y explícita acerca de los contenidos presentes en un videojuego. No es una normativa de obligado cumplimiento, por lo que su aplicación recae exclusivamente en el comprador del producto, no en el vendedor.
El problema es que no se está utilizando. Así lo denuncia la asociación Childcare en un informe realizado recientemente a partir de entrevistas a 2.000 padres y madres. Más del 50% ha reconocido permitir a sus hijos jugar a títulos PEGI +18 sin supervisión de un adulto, y hasta un 86% admite que ni siquiera tiene en cuenta esas restricciones. Un problema que no se limita a los videojuegos, ya que un 18% de participantes también permite a sus hijos de entre 10 y 14 años ver películas recomendadas para mayores de 8 años.
El estudio también refleja que el 43% de los padres que permite a sus hijos jugar a estos títulos admite haber encontrado cambios en su comportamiento; en la mayoría de los casos, los niños han comenzado a utilizar lenguaje insultante. Richard Conway, presidente de Childcare, ha declarado que es difícil hacer seguimiento porque a veces no se produce en casa, es en casa de otros niños, y prohibírselo puede llevar a la exclusión del juego entre amigos.
¿Prestáis atención a las etiquetas de PEGI al comprar juegos?
