Renunciar a la ciudadanía estadounidense es cada vez más habitual y más difícil de tramitar rápidamente
La gente que hace cola para hacer el trámite dice que "no quiere formar parte de una dictadura".
Renunciar a la ciudadanía estadounidense se está convirtiendo poco a poco en algo tan habitual como complicado, como informa The Guardian (vía ElDiario). Lo que antes significaba el Sueño Americano para algunos es ahora algo de lo que no quieren formar parte, aunque cada vez sea más difícil de tramitar.
Las listas de espera en algunos consulados de Europa, Canadá o Australia pueden durar ahora de seis meses a más de un año y, según el informe, las renuncias han pasado de cientos (a principios de la década de 2000) a miles (desde 2014).
Como motivaciones de tan impactante decisión, el artículo señala razones tanto políticas como prácticas. Muchos entrevistados citan a Trump, el temor al autoritarismo, la política exterior estadounidense y las dudas sobre la transferencia democrática del poder, mientras que otros señalan la fiscalidad, los problemas bancarios en el extranjero, la preocupación por el registro militar y la carga que suponen las normas fiscales basadas en la ciudadanía. Un entrevistado noruego dijo
"No quiero ser ciudadano de una dictadura. Creo que mucha gente cree que la verdadera prueba para el sistema estadounidense llegará en las próximas elecciones presidenciales, y creo que se equivocan".
En cualquier caso, renunciar a menudo puede ser emocionalmente pesado y económicamente arriesgado. Las personas encuestadas lo describen como una especie de divorcio de Estados Unidos, sintiendo desde alivio hasta arrepentimiento o dudas existenciales, aunque la mayoría no eche de menos después la ciudadanía propiamente dicha. Por último, el proceso puede ocasionar importantes costes legales, problemas de tareas, inclusión en la lista pública o ansiedad ante una posible reentrada en Estados Unidos.

