El primer ministro británico, Keir Starmer, ha afirmado que el conflicto de Irán debe servir de punto de inflexión decisivo para Gran Bretaña, instando a un cambio hacia una mayor resistencia económica y fortaleza militar.
Escribiendo en The Guardian, Starmer describe la crisis como una "línea en la arena" tras años de inestabilidad, señalando acontecimientos como el crack financiero de 2008, el Brexit, la pandemia del COVID-19 y la invasión rusa de Ucrania. Sostiene que el Reino Unido debe adaptarse ahora a un panorama mundial "más volátil y peligroso".
Los comentarios se producen después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciara un alto el fuego en el conflicto iraní, que dura ya seis semanas, aunque persiste la incertidumbre sobre la reapertura del estrecho de Ormuz, ruta clave para el suministro mundial de energía. El aumento de los precios del combustible y la presión inflacionista ya se dejan sentir en Gran Bretaña.
Starmer, que se ha enfrentado a desafíos políticos internos desde que asumió el cargo, también señaló una estrategia más amplia centrada en la resistencia nacional, la seguridad energética y la defensa. Su postura ha sido ampliamente respaldada en casa, en particular su decisión de no sumarse a la acción militar estadounidense contra Irán.