Supremacy MMA
Bienvenido a la jaula. Prepárate para poner una mejilla, luego la otra, luego los riñones y finalmente la pierna, para que te la tronchen. A lo mejor después conectas un gancho.
No se puede negar que la idea de Supremacy MMA es atractiva. Y, como dijimos en su día y bien repite la promoción del juego: brutal. Aunque no contara con prestigiosas licencias, eso de poner en una misma jaula distintos estilos de lucha y no cortarse un pelo a la hora de representar la crueldad de estas peleas al límite guardaba algo de promesa, aunque con las primeras impresiones ya nos preguntábamos si realmente se podía conseguir mezclar disciplinas distintas y que quedara un juego coherente. Pues finalmente parece que no funciona.
En pos de conseguir limar esas diferencias entre, por ejemplo, un karateka y un boxeador, Kung Fu Factory había escogido el camino arcade, un sistema que se esperaba sencillo, directo y veloz, que relegara a un segundo plano las especialidades y otorgara el protagonismo a la acción y la accesibilidad, como los juegos de lucha de no-simulación (Street Fighter, Tekken, etc). Sin embargo, la torpísima respuesta de los luchadores tira a la lona todas las buenas intenciones, mientras que el incómodo sistema de combate le parte las costillas a la diversión.
Direcciones para cubrirse o botones para andar contradicen lógicas que cualquier jugador ha asimilado con un género tan longevo. Las patadas y los puñetazos salen pocas veces cuando uno quiere, como si antes de subir a la jaula ya te hubieran dado unos pescozones. Las rutinas de ataque del rival carecen de naturalidad, mientras que tus entradas, lentas, sin contundencia, suelen quedar ridículas. Aunque en más de una ocasión sorprenden las animaciones de los luchadores (sobre todo en gestos durante los agarres de pie o en el suelo), se trata de un efecto puramente visual que no está sincronizado con el control, siempre rebelde y retardado. Nunca parece que tengas total control sobre tu personaje, lo que pronto termina con tus huesos en la lona (a veces tronchados) una vez más.
Ni los golpes especiales, ni aprovechar la adrenalina, ni cambiar de personaje-estilo, ni la experiencia que sumas tras cada combate consiguen destacar por culpa del desarrollo en sí de cada ronda, porque sigues preguntándote qué tienes que hacer para entenderte mejor con tu luchador. El enorme impacto de las barbaridades que pasan en pantalla pierde la gracia cuando te ves incapaz de provocarlo con tu dominio del juego.
Sinceramente, es de los juegos de lucha que menos tiempo necesitan para sacar de quicio. En otros casos, puedes intentar comprender el sistema de combate, probar las técnicas de entrenamiento, pensar en qué fallas o qué manías de otros estilos debes evitar. Con Supremacy MMA, parece que realmente lo que está roto no es tu pierna, sino el sistema en sí. Se han quedado a medias y no sabemos si otros meses de retraso habrían servido para que funcionara porque, como augurábamos, intentar mezclar tantos movimientos distintos es una tarea muy compleja.
Cuando ya estás de mala leche, intentas que las modalidades de juego te inviten a probar un poco más, a ver si te picas por ejemplo con la historia y consigues superar el mal trago de cada pelea, descubriendo milagrosamente que pueden ser entretenidas. El problema es que la variedad escasea y la presentación es rácana.
Cada historia se conoce de oídas, pues en pantalla solo salen unas ilustraciones animadas que cansan al minuto. Como el juego mezcla luchadores reales e inventados, puede que solo te interesen algunas de las verídicas... si es que has venido a un juego de lucha por esto. Y si buscas las chicas, esa gran novedad de Supremacy MMA, te quedarás con ganas de mucho más porque, como en los tráilers, aquí sólo están Felice "Lil Bulldog" Herrig y Michele "Diablita" Gutierrez.
La presentación tan poco espectacular no mejora mucho durante las peleas. Salvo el puñado de movimientos destacables o la forma desagradable en que afectan los golpazos a los rostros y cuerpos de los combatientes, todo lo demás da una sensación plana y de un perfil de producción bajo, algo que tristemente se contagia al sonido.
Queríamos que Supremacy MMA funcionara, porque habría sido todo un pionero. Sin embargo, se queda corto en contenido y presentación y, sobre todo, su sistema de lucha no es para nada capaz de dar un golpe en la mesa del género.



